1. Ya no llamo a la policía cuando veo gente tomando sol desnuda en el parque.

En Alemania el nudismo es la regla y tomar sol con bikini es la excepción. Lleva tiempo, pero uno se acostumbra a ver familias enteras (niños, padres y abuelos) tomando sol y bañándose en el lago tal como llegaron al mundo. Algo completamente inesperado para los argentinos, a quienes al día de hoy nos cuesta ir a una plaza o parque público a tomar sol y a disfrutar del verano.

 

2. Ya no salgo con mucha anticipación de mi casa para tomar algún tipo de transporte público.

En Alemania los trenes, buses y subtes pasan a un horario preestablecido y en muy remotas ocasiones se atrasan un par de segundos. Cuando vivía en Argentina, nunca sabía a qué hora pasaban así que por precaución siempre había que contar el tiempo de imprevistos y espera. Además, la calidad del transporte público es cien mil veces mejor…

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3. Ya no compro cigarrillos

El simple hecho de pasar por el quiosco y pedir un Marlboro 10 casi que no existe en Alemania. Aquí compramos papel, tabaco y filtros y cada uno se arma su propio cigarrillo. Económicamente es más amigable, sin embargo al momento de salir, chequeas por llaves, celular, billetera, tabaco, filtros y papel.

 

4. Ya no pido pizza y cerveza para compartir

Típico de Argentina: Estás con tus amigos en un bar y encargás una pizza de 8 y una cerveza de litro ¡y listo! Aquí en Alemania los pedidos son individuales y, al momento de pagar la cuenta, no existe el “dividimos entre todos“. Las pizzas vienen de un tamaño considerable para una sola persona, al igual que las cervezas. Al final de la noche, la cantidad de botellas arriba de la mesa resulta ser más que abundante…

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5. Ya no visito espontáneamente a amigos

Eso del “pasaba por acá y quería ver si estabas“, y de paso te tomás unos mates y charlás un rato de la vida, desafortunadamente mucho no se da. La mayoría de las juntadas con amigos se realizan a través de un proceso anticipado de tiempo, que suelen incluir llamados telefónicos, anotación en las agendas personales, y la seguridad de saber qué tal día y a qué tal hora puedo visitar a tal persona. Me he hecho buenos amigos alemanes, pero…¡la espontaneidad se fue al tacho!

 

6. Ya no abrazo ni beso a desconocidos

Un apretón de manos al momento de conocer a alguien es más que suficiente en Alemania. Esa costumbre bien latina de saludar con beso y abrazo a cualquier persona fue una de las cuestiones que más me costó perder. El espacio personal y la distancia es algo que va más allá del decoro en la sociedad alemana.

 

7. Ya no considero al domingo como un día más para hacer compras

Si vivís en una ciudad grande como Berlín corrés con más suerte, pero en mi experiencia de vivir en pueblos más pequeños, el domingo está todo, absolutamente todo cerrado. Muy pocos cafés abren al público en horas de la tarde, pero no es posible hacer compras en el supermercado o ir al mall a buscar alguna prenda de vestir. Eso implica que si trabajás durante la semana, solo tenés el sábado para hacer compras y pensar en que antojos te pueden surgir el domingo para estar cubierta por cualquier eventualidad.

 

8. Ya no tiendo la cama con sábana y cubrecama

En Alemania la sábana no existe. Uno sólo coloca la sábana elástica que cubre el colchón y luego el cubrecama. En el medio de ellos, nada.

 

9. Ya no cuelgo la ropa en la soga y al sol

Esta costumbre varía por temporadas, pero al ser el verano en Alemania tan corto, y el sol tan escaso en las demás estaciones, la costumbre alemana de pasar la ropa de la lavadora a la secadora ya es una tradición propia.

 

10. Ya no juego con perros de extraños

Si bien no es específicamente una costumbre argentina, personalmente soy de aquellas personas que cuando ve un perro automáticamente quiere jugar con él. En Alemania los perros están tan entrenados que, cuando un extraño los llama, les hace fiesta e intenta jugar con ellos, los perros ignoran completamente la situación. Lo más probable es que el mismo dueño les diga “No, no molestes a la señorita“, sin saber que una se muere por ser molestado por el perro.

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