1. Se ampliaron los usos que le doy al aguacate.

Empecemos por lo importante: hablemos de comida. Más específicamente, de un fruto milagroso: ¡¡el aguacate!! En Brasil, toda la gente come aguacates como postre dulce. Se puede comer en pedazos con azúcar, o batido con leche y más azúcar. Fue en Ecuador donde descubrí las infinitas posibilidades de uso del aguacate en platos salados, como en el maravilloso Locro de Papas y en las ensaladas. Debo admitir que este es uno de los mejores descubrimientos… ¡de mi vida! Así que con certeza puedo afirmar que el aguacate es el alimento más versátil de todo el mundo (al menos para mí).

 

2. Ahora tomo sopa TODOS los días, ¡incluso cuando hace calor!

Siguiendo con el asunto alimenticio, hablar de Ecuador es hablar de sopa. En Brasil, el 99% de las sopas son calientes y sirven para calentarnos en los días fríos de invierno. Es decir, hay una funcionalidad térmica tras tomar una sopa… No es así en Ecuador.

En Ecuador, la sopa es la reina de la mesa, sea cuando sea, sin importar la temperatura, ni la ocasión o formalidad de la comida. ¿Noche friía? ¡Sopa! ¿Almuerzo en un día caliente? ¡Sopa! ¿Tiene prisa para comer? ¡Sopa! ¿Tiene todo el día libre? ¡Sopa! Y con tantos momentos (todos) para comer sopa… la variedad de tipos y sabores es infinita, obviamente.

 

3. Dejé de asociar el clima cálido con toda la línea del Ecuador…

Lo primero que perdí en Ecuador fue una idea. Antes pensaba que, por su latitud 0º, Ecuador era un país caliente. Si, ya lo sé: debería haber sabido que el país tiene una región andina (montañosa), y que Quito, por ejemplo, teniendo una altitud de 2.800 metros, es más bien frío que caliente. Pues bien, ahora ya lo sé y me encargo de explicárselo a otros brasileros que vienen de visita….

 

4. Usar protector solar ya no es optativo.

Mientras que el calor no es una certeza en toda la línea del Ecuador, ¡la intensidad de quemar del sol sí lo es! Es muy diferente a São Paulo, donde a pesar de tener mucho sol, uno se pude quedar unos días sin protector solar. En Ecuador, en cambio, es totalmente indispensable utilizar el protector solar con un mínimo de FPS60. De hecho, el único lugar en el que vi FPS100 -en toda mi vida- es Quito. En otras palabras, el protector solar pasó de ser una opción y a ser una cuestión de supervivencia.

 

5. Me acostumbré a que el bus para donde sea…

En São Paulo, la ciudad de donde vengo, los buses paran solamente en los paradas destinadas a tal fin. La única excepción que se realiza es en el caso de una persona con movilidad reducida (o discapacidad). En Quito, en cambio, descubrí que puedo subir y bajar de los buses en (casi) cualquier lugar. Basta levantar la mano en la calle para subir, o gritar bien fuerte “Aquí me quedo. ¡Graciaaas!” para bajar. A pesar de que algunas veces el chofer ignora el llamado, en otras él para donde sea, para cualquier pasajero. Cada vez que voy de visita a Brasil tengo que esforzarme por recordar que las cosas no funcionan así en mí país, para evitar la vergüenza…

 

6. Se modificó mi noción de “espacio personal”.

Esta es otra gran diferencia entre Brasil y Ecuador, y tiene que ver con la forma y la intensidad de socialización. En las palabras de mi novio ecuatoriano: “en Ecuador no hablamos demasiado cerca de las personas, tenemos una distancia grande al conversar… en cambio, en Brasil todo mundo me abrazó y me contó historias a 3cm de mi cara desde el primer día que visité el país”. El espacio persona en Brasil es reducido, mientras que en Ecuador no tanto… Aquí en Ecuador, si se puede ser cariñoso, pero después de conocernos mejor: ¡toca respetar el espacio o “burbuja” personal de cada uno!

 

7. Ahora tengo un poquito de cuidadito al pedir las cositas.

En São Paulo, la gente parece tener mucha prisa o poco tiempo que perder. Entonces, al hablar por teléfono o al escribir emails, se dice directamente lo que necesitas sin mucho “maquillaje”: se va directo al asunto importante. Viviendo en Ecuador, me tuve que acostumbrar a que eso es una grosería. Aquí es necesario preparar lenta y suavemente a la otra persona para lo que uno va a decir o a pedir. Todavía hay ocasiones en las que yo paso por mal educada cuando me olvido de estas fórmulas de amabilidad… ¡Perdón, mis panas! 🙂

 

8. ¡Y tengo que controlar mi tono de voz!

Los brasileños somos ruidosos y expansivos mientras que los ecuatorianos suelen ser más silenciosos e introvertidos (especialmente los serranos). El volumen de charla normal de un brasileño suena como pelea a los gritos para los quiteños, por ejemplo. Para una brasileña, yo soy bastante tranquila, y de todas maneras tengo que controlarme para no parecer una loca enojada a los oídos quiteños, mientras que en mi mente brasileña pienso que estoy hablando tranquilamente. Cuando ya me doy cuenta de que mis interlocutores se han asustado, aprovecho su silencio para pedirles perdón por hablar demasiado “brasileñamente”.

 

9. El número de estaciones se redujo a la mitad.

Aunque en Brasil las estaciones del año no sean tan claras y características como en Europa, por ejemplo, ¡por lo menos si existen! El verano, la primavera, el otoño y el invierno tienen sus propias características. En Ecuador, de nada me sirvió todo mi conocimiento sobre las señales del cambio de estaciones (como hojas que se caen o plantas que florecen). Aquí sólo se habla de estación lluviosa y de estación seca. Y claro, ¡la culpa de todo la tiene la latitud!

 

10. Ahora celebro tanto el Año Viejo como el Año Nuevo.

Finalmente, ¡mi cambio de costumbre preferida!
En Brasil, el día 31 de diciembre es exclusivamente utilizado para celebrar el nuevo año que llega, hacer promesas y vestir ropas blancas. Poco se habla del año que pasó: cada uno hace su agradecimiento internamente, mientras que el enfoque está en el año que empieza.

En Ecuador, por su parte, se celebra con igual intensidad al año que pasó, o en términos ecuatorianos, ¡al Año Viejo! En vez de mirar exclusivamente al futuro, esta costumbre permite también mirar al pasado y reconocerlo como parte de la evolución personal de cada uno. Además, ya no sólo salto siete olas como en Brasil (para tener buena suerte en el año nuevo). En Ecuador se queman muñecos que representan el año viejo y después se salta al fuego como si estuvieran saltando al próximo año. Así que en este caso, no perdí mis costumbres, sino que las re-adapté y le agregué más tradiciones a la celebración de cambio de año 😉