1. No hablamos español, hablamos chileno.

Quizás sea un cliché esa frase… en todos los países latinoamericanos afirman que tienen un vocabulario peculiar, lleno de modismos. Pero… el chileno podría decirte algo como:
“Na poh weon, me metí en un taco a la salida de la pega, yo creo que estoy frito, con cueva llegó al carrete y tengo que pasar a buscar a mi polola”, ¿cachai?
Todo dicho extremadamente rápido, cortando palabras, terminando otras con “i”, y llenando las oraciones de diminutivos (“mejor me tomo un tecito con un pancito y descanso un poquito”). Tranquilo, aunque al principio te sentirás completamente desconcertado, con el paso de los días entenderás (algo).

2. Y las frases con animales dominan el lenguaje.

No lo pasamos bien, lo pasamos chancho. No estoy pobre, ando pato. No te regaña, te echa la foca. No te seduce, te jotea. No anda de malas, anda con los monos. No está loco, se le arrancan las cabras pal cerro. No se apura, chicotea los caracoles….

3. Cualquier motivo es bueno para sacarse un asado.

¿Juega Chile? Asado. ¿Despedida de alguien? Asado. ¿Inauguración de la casa? Asado. ¿Terminó el semestre? Asado. ¿Vuelta a clases? Asado… Y nada de un asado chico: no pueden faltar los choripanes con pebre, los anticuchos y la carne a destajo.

4. ¿Puedes ver la hora del reloj a través de tu vaso de piscola? Prepárate para amanecer con caña.

El hachazo se hará notar tan pronto abras los ojos, la palabra “resaca” cobrará un nuevo sentido en tu vida. Estarás mucho más que desconcertado…

5. Los carretes son “brígidos”, empiezan con previa y seguramente terminan con un after clandestino.

Desde las 9 o 10 de la noche y hasta que salga el sol pasando por casas de amigos, bares, pubs y terminando en algún after clandestino. Muy distinto de las costumbres nocturnas de otros países que terminan relativamente temprano.

6. Vino, ¡con todo y en todas las estaciones!

En Chile encontrarás muy buen vino y a muy buen precio. Pero para nosotros, no se trata solamente de descorchar y servir.
Si hace frío se toma “navegado”, que es vino tinto caliente con naranjas y canela. Si hace calor, el vino va con frutillas o chirimoyas, bien helado. ¡Y cómo olvidar el tradicional melón con vino, ícono de las tardes de verano! Para terminar, tenemos el “terremoto”, que entre otras cosas lleva vino “pipeño” -muy dulce-, helado de piña, granadina y un toque de algún licor.

7. Aquí, el buen comportamiento de los niños NO está directamente relacionado con las palabras “Santa Claus”, “Papá Noel”, o “Reyes Magos”.

Los niños son amenazados con no recibir regalos del ¡Viejito Pascuero!
El pobre Viejito Pascuero muere de calor en su traje rojo con chiporro, mientras afuera ¡caen los patos asados! Navidad cae en pleno verano. Eso sí que desconcierta a los visitantes del hemisferio Norte.

Crédito: @cmilanes

8. Como extranjero, deberás tener cuidado con que te echen la talla o te suban al columpio.

El chileno es de chistes rápidos y a todo le saca doble sentido. Cuando comprendas el particular sentido del humor, seguro vas a terminar riéndote de cosas que ni habías pensado en primera instancia.

9. Parece que te estamos insultando todo el tiempo, weon, pero no.

El “weon” lo usamos mucho y generalmente significa amigo en frases como “hola weon” o “¿cómo estay, weon?” Pero ojo al contexto. Ejemplo: “ohh el weon (tipo) weon, (tonto) weon (tú, amigo)”.

“Pendejo” tampoco es un insulto. Lo usamos de forma coloquial, para referirnos a un niño o a alguien que actúa de manera infantil. ¿Cachai, weon?

10. Ni desayuno, ni almuerzo, ni cena. La comida más importante es la Once.

Te vas a dar cuenta de que entre las 6 y 8 de la tarde (horario de la cena en algunos países), el chileno se sienta a la mesa a tomar té y a comer pan con palta, jamón, queso, mermelada, y tal vez algo dulce. El pan más amado de todos es la marraqueta, que -te juro- la vas a extrañar al volver tu país de origen.
Lo cierto es que la Once a veces sustituye a la cena y es una instancia para conversar relajadamente y ponerse al día. Así que si te invitan a tomar Once, no lo dejes pasar y no te extrañes de que luego no se sienten a cenar.

A post shared by Paula Avilés (@paulitaaviles) on

11. No nos inmutamos ante los temblores.

Al ser uno de los países más sísmicos del mundo hemos desarrollado una calma ante estos eventos que desespera a los extranjeros. Un chileno no se mueve de sus escritorio, ni deja lo que está haciendo a menos que REALMENTE sea un temblor fuerte, 6.5 escala de Richter o superior.
Además, terminado el movimiento, con nuestro sismógrafo incorporado en el ADN, te diremos de inmediato de cuánta intensidad fue. Así que ya sabes, aunque tu instinto sea salir corriendo, no te preocupes a menos que en un temblor veas levantarse a un chileno.