Crédito: ViviCM

 

1. El almuerzo NO existe, y la cena es la comida principal de mis amigos gringos.

En Estados Unidos y Canadá tienen “lunch” y consiste en un sánduche, un jugo y café… eso es todo. Adiós a todos los deliciosos almuerzos con platos típicos que con mucho cariño la nana, o nuestra mamá nos deja preparados. Qué daría por un arroz con menestra, una güatita o un seco de chivo…

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2. Aprendí a manejar sin gritar ‘Muévete ch*ch*’ o sin pitarle como loca a medio mundo por andar camaroneando en la calle.

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En Canadá se respetan las leyes de tránsito, se cede el paso al peatón y uno no acelera cuando la luz del semáforo está amarilla. Al principio, esto me fastidiaba y sentía que tenía que contener mi furia al volante, con el tiempo aprendí a salir con más tiempo y no a la carrera como lo hacemos en mi país. Se me hizo raro también dejar la manía de pitar por cada cosa.

Paseo por las calles de #montreal #canadianstreets #canada #kanada

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3. Reemplacé el acento y los modismos ‘costeños’… por una mezcla híbrida con Inglés y con Francés.

“Oh… la vie es un carnaval, and it’s worth it”.

 

4. Aprendí a decir ‘GRACIAS’ y ‘DISCULPE’ por -literalmente- todo…

Cuando visito Ecuador, al muchacho que se me bota al parabrisas para limpiarme el auto le digo con mi dedito “No, gracias” y aún así él insiste. Mi hermana constantemente me recuerda que solo diga NO con coraje, porque si no me van a ver la cara. Lo chistoso es que ahora a mi familia se le ha pegado decir “gracias” y lo siento más seguido.

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5. Olvidé cómo bailar pega’o y hasta abajo… Y empecé a tomarle gusto al EDM, Hip Hop y R&B.

Además, ahora soy fan #1 de Drake, Chance The Rapper & Childish Gambino. Mis rodillas y caderas no entienden cómo hacerle al perreo, o el darle duro… Seamos sinceros, ahora my hips DO lie… y está bien. Ahora me toca bailar más música latina para recuperar los movimientos perdidos.

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6. Aprendí lo que es el “espacio personal” y ahora se me hace extraño saludar con un beso en la mejilla a personas que recién conozco.

Soy experta en el baile de “no se si abrazarte, darte la mano, besarte en la mejilla o evadirte la mirada”. Lo más chistoso (e incómodo para mí) es hacer todo lo que dije en 3 segundos. Se ve algo parecido a esto…

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7. Mi tono de voz es ahora considerado bajo, así que lidio con mi mamá diciéndome ¡HABLA BIEN!

Cuando alguien me habla “normal” en Ecuador, es como si estuvieran gritando en mi nueva escala y pienso que están molestos.

 

8. Aprendí que todos son libres de hacer lo que gusten sin marcar colores de rosado o azul.

Los estereotipos y roles de género son MUCHO más flexibles en Canadá. Y respecto a Ecuador, esta es una de las cosas que más feliz me hace de haber dejado en el pasado. Me gusta saber apreciar al ser humano sin prejuicios y con respeto… de la misma manera sin importar el género con el que nacieron. Esto incluye respetar sus derechos y preferencias sexuales. #LoveisLove

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9. Aprendí a comer poutine con tocino y queso derretido en reemplazo del famoso ceviche o encebollado ‘levantamuertos’.

Algunas bromas lo llaman la “ensalada canadiense”, pero lo cierto es que el poutine no es para cualquier dieta…

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10. Reemplacé los Domingos de fútbol por “Hockey Nights” en Canadá.

Me convertí en fan de los “HABS” de Montreal, aunque los “Maple Leafs” también son muy buenos. Eso si, debo reconocer que aún a la distancia, el Fútbol SIEMPRE será mi #1, ¡junto con la Tri y mi Barcelona!