Foto: Gabriel Flores Romero

 

1. Ir cualquier día a cualquier hora al Oxxo.

Qué falta me hacen esos benditos oxxos y tienditas de la esquina abiertos 24/7 que nos sacan de cualquier apuro. Para los franceses la hora de la comida es sagrada. La mayoría de los comercios cierran a las 12pm y vuelven a abrir a las 2pm. Y en la noche, la mayoría de las tiendas cierran a las 6:30pm y 7pm, no más!
Así que si se te olvidó comprar algo, ¡ni modo! Tendrás que regresar al día siguiente y ni se diga de los fines de semana. Los sábados los comercios cierran al mediodía y el domingo casi nada está abierto salvo las panaderías y las iglesias (ni siquiera las farmacias).

 

2. ¿Hacer cita tres días antes para cortarme el cabello?

En Francia necesitas hacer citas para muchas cosas: ir al doctor, al dentista, al oculista, cortarte el cabello, llevar a tu perro al veterinario. Y más vale pedirlas (y con anticipación si es posible) porque es probable que no te atiendan si llegas sin cita. Todo funciona con citas. ¡Paciencia! Si tienes suerte, puede que durante la misma semana te programen tu cita. Pero a veces para que te la programen (dependiendo del servicio), pueden tardarse mucho MUCHO tiempo. No es broma que pedí mi cita para ver al oculista en julio y tuve mi consulta el 1ro de septiembre…

 

3. ¿Dónde está el viene-viene?

Muchos trabajos que tenemos en México, en Francia ni siquiera existen. Tal es el caso de los viene-viene que nos “echan aguas” para estacionarnos o de los que empacan nuestras compras en el súper. Los limpia-parabrisas en cada semáforo tampoco los hay e incluso en las gasolineras tú mismo te sirves la cantidad que necesitas, pagas ahí mismo y te vas.

 

4. “Mijita, ábrele al señor del agua y dile que te traiga dos”

Algo que no extraño de México son los garrafones de agua. Una vez que se acaba uno, es todo un show para poner el otro porque no son nada ligeros y tienes que hacer mil maniobras para que quede bien colocado encima del dispensador. En Francia, basta con abrirle a la llave para beber agua potable sin lastimarte la espalda ni enfermarte del estómago.

 

5. Puntualidad y anticipación

Siempre he tratado de ser puntual en cualquier parte a la que vaya. Sin embargo, en Francia es básico e indispensable. En México, si necesitas tomar un camión te vas a la esquina, le haces la señal con la mano (no me malinterpreten) y listo. En Francia, la cosa es diferente porque los camiones tienen paradas específicas (no en cada esquina) y horarios determinados. Así que más vale llegar minutos antes a la parada porque si lo pierdes, para tomar el siguiente, debes esperar 15 minutos y si tienes prisa no es la mejor opción.

 

6. Ropa para cada temporada

Las estaciones del año en Francia son muy marcadas. Tanto que hay ropa que utilizas sólo en verano -como los trajes de baño, shorts, sandalias- porque hay lugares en donde la temperatura puede llegar a los 38 grados. Pero también hay ropa que utilizas sólo en invierno -como las chamarras, botas, bufandas- porque hace demasiado frío… ¡qué sería de nosotros sin la bendita calefacción! En cambio, en México no necesitas cambiar drásticamente tu guardarropa cada temporada puesto que la mayor parte del tiempo hay sol y el clima es templado. Básicamente puedes conservar el mismo “estilo” todo el año porque el clima te lo permite.

 

7. “¿Ustedes los mexicanos comen fajitas y burritos, no?”

No, no y mil veces no. Tristemente, la comida verdaderamente mexicana aún no ha logrado cruzar el atlántico. No obstante, he recorrido todos los supermercados espulgando minuciosamente los estantes de productos internacionales sin éxito. Lo único que encuentro son productos TexMex o intentos de comida mexicana (no sabe mal, pero no es mexicano).
Nada se compara con una riquísima orden de tacos al pastor, unos chilaquiles, unas chalupitas, unos tamalitos, unas memelas, unas quesadillas, unas enfrijoladas, unas enchiladas, un mole poblano… ufff, ¡ya se me hizo agua la boca!

 

8. La pachanga

Los mexicanos tenemos un espíritu fiestero inigualable. La fiesta se arma en cualquier lado, a cualquier hora, con muchos o pocos, con o sin motivo de celebración. Desconocidos se convierten en amigos en cuestión de canciones, chistes y tragos. Y ni hablar del ambiente, ¡es simplemente lo mejor!
Bien dicen que como México no hay dos. ¡Y es totalmente cierto!