1. Aprendí a comer sushi sin filadelfia.

Es increíble lo que hemos hecho con el sushi en América… En México los tenemos con doritos, con platanito, con chilitos , de ceviche… ¡pero que rico sabe el original y sin agregarle nada!

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2. Me acostumbré a que no todos los héroes usan máscaras.

Qué hermosa es la lucha libre y qué bonitas las máscaras de nuestros luchadores… Pero en Japón se toman un poco las cosas más en serio y en una arena mucho maor tienen torneos de Sumo que pueden durar hasta cuatro horas o más. Me era difícil distinguirlos sin máscaras, pero siempre hay uno menos gordito que el otro.

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3. A que el mundo de los juegos electrónicos es mucho más vasto que la play station.

¡Madre mía! El juego de maquinitas en Japón toca otra dimensión, es una verdadera locura. Primero, porque hay mucha gente vestida de cosplay, y segundo porque siempre, de día, de tarde y de noche, los centros de entretenimiento de la ciudad están plagados de maquinitas y de gente.

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4. Dejé el mezcal por el sake.

Uf, pienso y me raspa la garganta… Los japoneses hacen buena cerveza y un buen whisky, aunque no lo crean , pero si en algo son buenos es en hacer sake. ¡Diooooos qué rico!

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5. Ya no me quejo por el tiempo que paso viajando.

Te encuentras en la ciudad más grande del mundo… No, no es la Ciudad de México, es Tokio, y por primera vez puedes contar con que el transporte público sale y llega a tiempo. Igual que en casa, ¿no? :O

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6. Aprendí un par de lecciones sobre la consideración por el prójimo…

Triste, pero es así. En Japón, en muchos lugares al aire libre se prohíbe fumar. Si uno anda enfermo, tapabocas. Y no se puede usar el celular en lugares cerrados como el metro o el tren. Ah, ¡y a los peatones se los respeta!

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7. Ya no dejo propinas.

En México dejamos propina para todo. Somos un país que acostumbró a sus empresarios a que parte del sueldo de sus empleados le corresponde a los segundos ganárselo de cara a los clientes. En Japón no está bien visto dejar propina, tips o lo que sea. Te agradecerán y te dirán que les compres mejor un pastelito que ellos venden si quieres agradecerle por su servicio. Su trabajo está bien remunerado y dar un buen servicio es lo mínimo que le puedes ofrecer a un cliente.

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8. Conocí los verdaderos centros comerciales.

Los mexicanos alucinamos con las tiendas de Santa Fe y de Polanco… Pero no señores, eso es pa principiantes. Una verdadera joya de la arquitectura es Ginza , una pasarela de edificios donde uno es más chulo que el otro. Pareciera que las marcas compiten por ver quien tiene el edificio más guapo.

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9. El fin de semana voy al karaoke.

En Japón se inventó el karaoke y los japoneses son verdaderos fanáticos. Es algo así como su deporte nacional de fin de semana. Las calles se llenan de los borrachos más amistosos que hayas visto en tu vida. Su embriaguez se debe a que no procesan tan bien como los latinos el alcohol y en menos tiempo que nosotros quedan como José José, bien príncipes…

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10. Cambié el temazcal por el onsen.

Aquí el agua viene directamente del volcán, es agua que va bajando y pasa por el volcán para calentarse, y con la cual puedes darte un buen baño que te limpie hasta el alma. Se encuentran en todas por las partes, hasta por la calle.

11. Aprendí que lo que como chilango creía imposible, aquí sí se puede hacer.

En Tokio, casi tan grande como la CDMX y con un país muy pequeño comparado al nuestro, los japoneses han logrado convivir en orden y armonía. Miles de personas cruzan las avenidas en cada semáforo, al mismo tiempo que otros millones usan taxis, trenes, el metro, los autobuses… Y miles de turistas paseamos por las calles japonesas asombrándonos del orden y sorprendiéndonos de cómo no chocan unos con otros…

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