Llegué al Uruguay hace algunos meses. En este país me han recibido con los brazos abiertos y me han tratado como a uno más de los suyos. He aprendido sobre su cultura, su gente y sus costumbres, y me ha quedado muy claro que este rinconcito del sur tiene mucho que ofrecer a todos los países hermanados de América Latina.

 

1. A guardar tiempo para la previa con el mate.

En Venezuela, acostumbraba a tomar un café por las tardes, sentado en algún pub o sencillamente en la sala de mi casa. Esto cambió al llegar a Montevideo, pues el mate es más que una bebida: acá es sinónimo de amistad y de unión. Antes de salir a algún lugar, muchos de mis amigos uruguayos me piden llegar antes para “tomarnos un matecito” en alguna plaza cercana o sentados en la Rambla.

Tan importante es esta costumbre, que llego media hora antes a mi trabajo para tomar un mate con mis compañeros. Nunca lo hubiera imaginado, pero al compartir ese momento, nos relajamos antes de comenzar con nuestra jornada. No sé si pueda explicarlo bien a quienes no son de Uruguay o de Argentina: el sentimiento de unión que representa estar sentados en círculo compartiendo un momento agradable cada día mientras se observa algún hermoso paisaje… es una sensación que hay que vivir para poder entenderla.

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2. Sobre la tolerancia…

La mayoría de los uruguayos son receptivos y abiertos a las diversidades culturales, religiosas y sexuales, entre otras. Acá se convive en armonía, con respeto para cada una de las diferencias que una persona o grupo pueda tener. Se permite el matrimonio igualitario, la marihuana es legal y cualquier persona de cualquier país, raza o religión puede transitar libremente por las calles con los mismos derechos que cualquier otro y sin ser juzgado por la sociedad.

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3. A ser ordenados y respetar las normas.

Uruguay tiene una población pequeña en comparación a otros grandes países de América del Sur. No sé si el orden y la organización que tiene el país se debe al número… en cambio, me atrevo a decir que la causa principal es el compromiso que tiene cada uruguayo con respetar las normas. No deja de sorprenderme, por ejemplo, que la prioridad en las calles las tengan los peatones: es algo que no había visto en mi país ni en otras ciudades latinoamericanas que tuve la oportunidad de visitar.

Aquí, el orden no sólo se ve en las calles, sino también en las instituciones. Te atienden a la hora programada y te ayudan a resolver cualquier problema o inquietud antes de lo que esperas. ¡Una maravilla!

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4. A darle prioridad a las bicicletas.

Una de las cosas que amo de Montevideo desde el día que llegué es la prioridad que le dan al uso de las bicicletas. Es más, existen organizaciones dentro de la ciudad donde puedes armar tu propia bicicleta y llevarla gratuitamente, con la condición de que cuando puedas comprar alguna la regreses para colaborar con otra persona que la necesite.

Tuve la oportunidad de asistir a “libera tu bicicleta”, donde además de recibir orientación y nociones básicas de mecánica de bicicletas, también me ayudaron a hacer mantenimiento sin costo alguno. Esta organización sin fines de lucro se reúne cada semana en el velódromo de Montevideo. A este lugar asisten muchos ciclistas de la ciudad como voluntarios para ayudar a todo aquel que quiera andar en bici.

Las leyes de tránsito Uruguayas también dan prioridad a los ciclistas sobre el pavimento, pero al igual que los vehículos, como ciclista debes respetar las señales de tránsito y a los peatones en la vía. Además, tienes que utilizar tu equipo de protección, como casco y chaleco reflector, para disminuir la probabilidad de cualquier accidente. Como un consejo personal puedo decirles que se aseguren de tener una bicicleta con cambios de velocidades… pues las subidas de Montevideo no son cosa fácil para “subirlas a pecho”.

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5. A ser puntuales.

La puntualidad es un Don maravilloso con el que se cuenta acá en el Uruguay. Y no estoy hablando únicamente de los uruguayos como individuos, sino también de su sistema de transporte. En ninguna otra ciudad de las que he visitado el transporte público había estado tan a tiempo en cada una de las paradas.

Las aplicaciones móviles juegan un gran papel en este sistema de transporte, pues le dicen a cada usuario con mucha exactitud a qué hora pasa su transporte, cuál debe tomar y cuánto tiempo dura el viaje hasta su destino. Estas app le permiten a uno tener una mayor administración en cuanto al tiempo.

 

6. A que “menos sal, más vida”.

Esta frase pertenece a una campaña del Ministerio de Salud Pública del Uruguay, realizada con la finalidad de disminuir el riesgo de sufrir hipertensión arterial y otras enfermedades similares ocasionadas por el consumo de sodio en las personas. Esta campaña ha sido adoptada en restaurantes, panaderías y entre la población en general. Lo cierto es que las delicias que se pueden comer en este país no necesitan de mucha sal para tener un sabor extraordinario.

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7. A mantener los espacios públicos y los sitios históricos.

En los lugares que he tenido la oportunidad de visitar dentro del Uruguay, me ha parecido muy interesante el cuidado que tienen con los espacios, especialmente dentro de los cascos históricos de los pueblos y ciudades. Además de mantener las calles limpias, la infraestructura se mantiene tan conservada que por un momento te parecerá que estás en los tiempos de la colonia.

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Estos lugares antiguos son perfectamente habitables y cuentan con los servicios de cualquier casa moderna, incluso cuando muchos de ellos tienen más de 100 años en pie.

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8. A vivir sin apuro y sin lío.

Este país tiene algo mágico en sus calles, que hace que las personas disfruten tranquilamente de sus días. A pesar de la gran actividad que uno puede encontrar en la capital, Montevideo, no existe el estrés de las horas pico que se vive en ciudades como Buenos Aires o Caracas, ni el agite ni la ansiedad típica de las grandes urbes. Más bien es un lugar donde las personas caminan con su termo debajo del brazo sin que el sonido del reloj los perturbe, las bocinas de los autos no atormentan ni hay pretexto para volver temprano a casa. Realmente valoro lo pacífico y tranquilo que es este país.

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9. A contar con la pintoresca y apacible música de fondo.

Cuando hablo de “música de fondo”, no me refiero a autos con reggaetón y música electrónica a todo volumen, ni parlantes ensordecedores en las tiendas. Lo que he encontrado por las calles uruguayas es el sonido de algunas guitarras o unos tamboriles, e inclusive ukeleles. En este país, aún se conserva ese espíritu de vivir la bohemia, de salir con tu instrumento y sentarte a tocar en una plaza o en un parque, o de ir caminando por la calle contagiando a las personas de tu buena vibra y hasta sacarles alguna sonrisa.

Ritmos como la plena, el tango, los boleros y el rock se escuchan mientras transitas las calles de sus ciudades. Estas músicas transportan emociones, y contagian de entusiasmo a todos aquellos que pasen por el lugar.  

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Crédito imagen de portada: ana_raquel