Serie: El amor en los tiempos de viajes

La maleta, regalo de bodas de los amigos para esta pareja viajera.

Esta era la primera advertencia de la página web de esta comunidad de viajeros y una de las razones más fuertes por la cual muchos nos unimos a ella: Conocer nuevas personas que compartan la pasión por viajar y que no esperen nada a cambio.

En couchsurfing hay viajeros que recorren el mundo y hay viajeros de corazón que, en vez de moverse, esperan en su lugar a los trotamundos, con sus aventuras, cada uno portador de un pedacito simbólico del planeta.

Para quienes no conocen, Couchsurfing es una comunidad de viajeros que hospedan y reciben hospedaje de manera gratuita, por el simple placer compartido de viajar por viajar, de ver el mundo, no como turistas sino desde adentro de una casa, de una familia, de un hogar o de una comunidad.

Yo llegué a Couchsurfing hace muchos años, cuando planeaba dejarlo todo, mi trabajo, mi casa, mis objetos materiales (a excepción de los 10 kilos de posesiones que cabían en un moral), comprarme un tiquete de bus de Colombia en dirección a Ecuador y dejar que el camino me llevara, haciendo del viaje mi destino.

La gran parte limitante de semejante viaje, una vez uno ha perdido el miedo a dejarlo todo y siente por fin que no tiene nada más que perder y sí mucho que ganar, es el dinero. Así que buscando y buscando cómo ahorrar cada centavo encontré muchas sugerencias, que incluían, además de viajar a dedo (autostop), unirme a Couchsurfing.

Y esa decision cambió mi viaje y cambió mi vida.

Desde Colombia hasta la Patagonia, pasando por Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina y Chile, decenas de couchsurfers me acogieron en sus cuartos, apartamentos, casas, cabañas, carpas… pero sobretodo en sus vidas. Compartieron conmigo sus experiencias, sus opiniones, su comida y partes de su historia y cambiaron mis opiniones y mi experiencia de viaje completamente, luego de que mataron todos mis prejuicios.

Que couchsurfing no sea una comunidad pensada o utilizada para encontrar romance (temporal o duradero) es parte fundamental de esta experiencia. Los couchsurfers se relacionan desde otro nivel: de compañerismo, de generosidad, sin intereses personales más allá de lo que la experiencia y el intercambio de viaje en sí representan. La comunidad ofrece seguridades adicionales por el sistema de referencias que pueden darse unos a otros, de forma que siempre me sentí cómoda y segura con todos mis anfitriones y más adelante, cuando mi viaje terminó, con todos los huéspedes que tocaron a mi puerta.

Cuando mi viaje por Sudamérica terminó me lancé a la conquista del viejo continente, empezando por Alemania y estando allí, un couchsurfer belga que
iba camino a Amsterdam, se ofreció a llevarme en su auto.

No era nada nuevo: si tienes un medio de transporte siempre puedes llevar a alguien. Es parte de la experiencia de couchsurfing. Él era un couchsurfer con mucha experiencia viajando y hospedando personas de todo el mundo y sus referencias eran impecables. Así que el riesgo era mínimo, como casi siempre con Couchsurfing, y mi intuición me decía que no habría problemas.

Y no los hubo… más bien al contrario. Como a veces pasa en la vida, de repente encuentras a alguien que está en la misma onda, alguien con quien no te cansas de hablar y pasas horas enteras escuchando y contando historias y de pronto te das cuenta de que sus caminos no son tan diferentes y por unos instantes o días o años, no quieres seguir andando sola sino con esa persona que no te corta las ala,s sino que te empuja cada vez más alto y cada vez más lejos.

Y si además esa persona es un couchsurfer, sabes que comparte la pasión por viajar, que tiene la mente abierta y es tolerante hacia otras personas y hacia otras culturas. Un couchsurfer en general no tiene prejuicios, es generoso con su espacio y con su tiempo y está abierto al mundo. Saber de entrada todo esto es mucho más de lo que se puede pedir cuando encuentras a alguien en un bar o en un tren. Es un mejor comienzo.

Couchsurfing no es una página de citas, pero para un corazón nómada, para aquellos a quienes los caminos los atraen como un imán, el mundo les parece pequeño y la idea de pasar el resto de su vida en un solo lugar es inimaginable, Couchsurfing puede ser un excelente punto de encuentro.

¿Y mi couchsurfer? Luego de Amsterdam se fue a Sudamérica y de allí a Asia. Seguíamos en contacto y sentíamos que éramos más felices cuando nuestros caminos se cruzaban, así que los cruzamos de nuevo en Hong Kong y en las Filipinas. Al regresar a Europa habíamos decidido seguir el camino juntos y ese camino nos llevó luego a la India dónde una tercer alma nómada se nos unió y nos convirtió así en familia.

Nuestra hija tiene ahora 3 años y, aunque no tiene ni idea de quien es la Barbie o Hello Kitty, reconoce los continentes en el mapa y tiene recuerdos vívidos de los lugares en los que ha estado. Su colección de más de 15 banderitas de los países que ha visitado son su gran orgullo. Eso y su hermana, que viene en camino, para completar este cuarteto de caminantes.

El amor está en cualquier parte: unos se encuentran en el barrio, en un bar, en la escuela, otros quizá en una página de citas y otros más en su pasión.