Crédito: Martin Garrido

El albur es un juego verbal que los mexicanos hemos refinado por generaciones. Algunos lo tachan de sexista, otros lo tachan de naco, pero independientemente de sus connotaciones sociales y sexuales, la neta es que ser un alburero profesional requiere de una destreza mental y un conocimiento del lenguaje que dejarían de a seis a muchos de sus críticos más acérrimos. Con esta guía no pretendo desentrañar las bases del albur (ya hay muchos libros al respecto escritos por gente mucho más alburera que yo), pero sí darle herramientas al neófito del doble sentido para que no lo agarren de bajada tan gacho.

 

1. Estén atentos de los lugares a donde los invitan.

México tiene un sinnúmero de lugares con nombres jocosos, y basta con alterarlos un poquito para pasar de la plática casual a la ofensiva frontal. Piénsenlo bien antes de aceptar una invitación a Tejeringo el Chico, aunque suene como el perfecto plan de domingo, con paseo en lancha incluído (cabe aclarar que sus famosos lagos Antarás y Sarías son todo un espectáculo en esta época del año). Y recuerden que si van a Querétaro, la mejor opción no es por Culiacán… aunque ya depende de cada quién si quieren agarrar la panorámica.

 

2. Cuidado con las pláticas muy cargadas de textiles.

Si no están en el negocio del corte y confección, sospechen de todo entusiasta de las telas, sobre todo de los que promueven negocios desconocidos como el de Poncho o el de Pico. Pese a lo interesante que puedan resultar estas pláticas, abandonen la conversación cuando salgan a relucir textiles exóticos como la tela de Joir o las famosísimas telas de Java, cuyos colores tradicionales van del rosado intenso al morado. Y recuerda que Comex es una marca especializada en pinturas… no en telas.

 

3. Aléjense de los lácteos.

Ni la leche de Zacatecas, ni la de Zacazonapan, ni la de burra tienen propiedades milagrosas. Aunque por ahí se rumore que estos productos curan cualquier afección de las anginas, todos sabemos que el ramo blanco preparado como té es mucho mejor para esos males, además de que es fácil conseguirlo en cajas. También desconfíen de esos quesos con denominaciones de origen extravagantes como el Babas, el Badón y el Plaste. Lo único que van a conseguir es una indigestión que ni varias dosis de Tentramitilín les podrán quitar. ¡Aguas!

 

4. No sean demasiado sociables.

Aunque se lleven de piquete de ombligo con la familia Canón-Moreno, no les conviene conocer a la prima Elma… en su momento sabrán por qué (aunque asumo que algunos ya lo saben). Tampoco les conviene entablar amistad con la familia Silva, aunque Alma Marcela se muestre de lo más alegre e insistente. Y si alguien les quiere presentar a Agapito, a Rosa, a Próculo o a Benito, es mejor estar atento de los apellidos, para saber que son de buena familia. No les vaya a suceder como a la hija mayor de los Varela-Vara, la virtuosa Tecla, que se sumió en una depresión fuertísima por andar en malas compañías.

 

5. Duden del conocimiento ornitológico de su interlocutor.

Si insisten en llevárselos a un tour de avistamiento de aves, sepan que las palomas costarricenses (ticas para los cuates), no son muy comunes en México y que el zenzontle es pájaro de cuatrocientas voces, no de setecientas. Otras aves de ornato que pueden tener intenciones ocultas son el famosísimo pájaro nalgón, el patas de bola y el más endémico, y menos conocido, mea-garras. Está bien ser amante de la naturaleza, pero no hay que desarrollar fijaciones extrañas.

 

6. Pongan especial cuidado al hacer sus compras.

Típico, vas al mercado y no falta quien te quiera rematar la papaya o te ofrezca en promoción los frijoles de Apizaco o de Zacoalco. Presten atención a las ofertas de camote, plátano y chile… sobre todo con el chile ancho que, como el chocolate, también es carbohidrato de calidad. Sospechen de todo aquel que quiera resumirles las propiedades curativas del camote, que no son pocas. Y si van a llevar longaniza, no le hagan la plática al marchante, ya saben que entre risa y risa… puede pasar cosas muy feas.

 

7. Cuidado con las acciones comprometedoras.

Cuidadito con todo lo que tenga que ver con sacar, meter, picar, agarrar, prestar, dar, comer y chupar, sobre todo cuando estén hablando de: anillos, pelones, langostas, trompetas, sustos, rayas, nylons, mástiles, petacas, verduras, ojales, changos, chiles, chiquitos, calabazas, tortas, verdolagas, palos, garrotes, blancos, cornetas, lanchas, monos, teclas, pistolas, pájaros, chiquistriquis y un larguísimo etcétera.

 

8. Resígnense.

El que los quiera meter en aprietos con un albur, lo va a hacer y ustedes ni se van a dar cuenta. Parte de la gracia de este asunto es no usar fórmulas o frases pre hechas (que las hay y son muchas), sino improvisar y ser sumamente sutil. Ya es ganancia que no se albureen solos y espero que esta guía los ayude en eso. Ya saben, no le anden contando las venas al chile, recuerden que uno de los lugares más peligrosos de México es Tepito por la mañana y que no es lo mismo un metro de encaje negro, que no saber ni por dónde les metieron gol.