1. La vida proviene de la muerte.

Cuenta el mito que, en la creación de la humanidad, Dios Viento Creador bajó al mundo de los descarnados para tomar los huesos de los que ya habían fallecido, los ancestros de los que no recordamos los nombres. De ellos solo quedaba su osamenta hecha piedra entre los escombros de la tierra. Dios Viento los elevó al cielo y se los entregó ahí a la diosa más anciana, la madre del Sol, para que ella los triturara. Los molió entonces en el metate sagrado, pero la trituración era demasiado áspera, era demasiado el polvo. Así que Dios Viento humedeció ese polvo con su sangre y con su semen y solo así se tornó masa, una masa consistente y blanda, tan blanda como la piel humana, y con ella se formó a la nueva humanidad de la que nosotros provenimos.
Por eso bien nos dicen los códices y los ancianos que nosotros los hombres somos mortales, puesto que fuimos hechos de los vestigios óseos de nuestros ancestros. Nosotros, la humanidad, estamos hechos de muerte.

Ilustración 1. La mano del metate se rompe como símbolo de la tierra que se abre para darle paso al nacimiento del Sol. Diosa Anciana, la madre del Sol, indica con su dedo el nacimiento de su hijo. Renacimiento de entre el mundo de la muerte, donde es triturado y aplastado (metate). Ilustración del libro La Fuerza del Cosmos: Sabiduría de las veinte deidades primordiales y sus antiguos símbolos de poder. Basada en Códice de la realidad sagrada –C. Borgia-.

Ilustración 2. En el Inframundo, lugar donde el Sol y la Luna también mueren, se guardan los huesos de los antepasados que, como semilla, son guardados en el sótano del templo mortuorio, en la Casa de la Muerte (esquina inferior derecha). Códice del libro dosvientodelluvia, basado en “Los cinco trayectos de sol y la luna”, –Fonds Mexicain 20, 21-.

Ilustración 3. El dios Viento-creador y el dios Cielo iluminado- reflejo negro derraman su sangre seminal sobre el árbol cósmico (el Universo) para que este siga con vida. Códice de la realidad sagrada (C. Borgia). Ilustración del dominio público.

2. Antes de nacer estamos muertos.

Antes de su nacimiento, la diosa Luna está cubierta con la piel de un muerto, oscurecida por la mortandad, el frío y la oscuridad de la sombra terrestre, tal y como una cobija de piel que la amortaja. En su tránsito por el mundo de los vivos se irá llenando de la luz del Sol y parecerá como si se fuera quitando ese envoltorio mortal. Así se dice que antes de nacer, antes de estar viva, la Luna está muerta, porque la cubre la mortandad del Inframundo hecho sombra.

Uno de los conceptos filosóficos más importantes respecto a la muerte y la vida en el México antiguo se encuentra muy bien dilucidado en los códices que explican el uso del calendario: en ellos se analiza constantemente la dualidad básica que compone la existencia: la oscuridad y la luminosidad, noche-día, vida-muerte. Este análisis dio como resultado una respuesta que pareciera ser absurda o simple. Sin embargo, impidió la idealización del ser humano y dio paso a un sentido más práctico respecto a la vida.

Según estos textos pictográficos, la vida y la muerte sólo pueden comprenderse en contraste. La una explica a la otra, en una confrontación que nos puede parecer contradictoria y que ciertamente lo es, ya que la una es la expresión completamente contraria de la otra, y viceversa.

Por ello, no solo la Luna, sino todo lo existente en el Universo, mientras no esté vivo, será porque estará muerto. Así, antes de nacer, simplemente estamos muertos o de manera más clara estamos NO VIVOS.

La muerte es un estado de la existencia. No es un castigo, es un potencial de vida.

Ilustración 4. En su fase nueva, diosa Luna es representada cubierta con la piel de una persona desollada, ya que es negra, oscurecida, muerta. Del libro “La fuerza del Cosmos: sabiduría de las veinte deidades primordiales y sus antiguos símbolos de poder”. Basada en Códice mexica de la luna, la muerte y la oscuridad (C. Laud).

Ilustración 5. En el mundo de los vivos la vida vive y la muerte está muerta. Ilustración del libro “La fuerza del Cosmos: sabiduría de las veinte deidades primordiales y sus antiguos símbolos de poder”. Basada en Códice entero del calendario adivinatorio (C. Vaticano #3773).

Ilustración 6. En el mundo de los muertos, en el Inframundo, la vida está muerta y la muerte está viva. Ilustración del libro “La fuerza del Cosmos: sabiduría de las veinte deidades primordiales y sus antiguos símbolos de poder”. Basada en el Códice entero del calendario adivinatorio (C. Vaticano #3773).

3. El Inframundo es el útero universal.

Relacionado con la tierra y con las semillas de maíz, chile, calabaza y demás alimentos agrícolas, el Inframundo no solo es el lugar de los muertos, sino que sus cualidades húmedas, oscuras y ciertamente apretadas, que arropan y protegen, hicieron que se le vinculase también con el vientre materno.

Las semillas son depositadas en la tierra y después brotarán en nacimiento, tal y como ocurre con la concepción humana. Por ello los seres humanos también somos hombres semilla: al morir, nuestros restos, lo que ya no sirve, lo que se descompone y apesta es entregado a la tierra y con ello, a la muerte. Renaceremos, pero no en la idea del renacer de nosotros mismos, de lo que fuimos y somos, sino que viviremos solo como hombres mazorca.

Al morir damos fruto en nuestros descendientes. Somos semilla y ellos son la mazorca, la sucesión de lo que fuimos y ya nunca más volveremos a ser. Pero ellos quedan. Ellos son la prolongación de nuestra propia vida.

Por ello la tierra no es solo el lugar de la muerte, es sitio de la germinación de las semillas, estancia pre-vital donde se gesta la vida, el útero materno de la humanidad, el lugar de vida.

Ilustración 7. Los restos mortales, inservibles, susceptibles a la descomposición, serán envueltos en un ritual respetuoso y sagrado, y así seremos depositados en la tierra, como semillas. El monstruo terrestre, cocodrilo anciano (el planeta Tierra) nos devorará, tal y como devora al Sol cada día al atardecer. Ilustración del libro “La fuerza del Cosmos: sabiduría de las veinte deidades primordiales y sus antiguos símbolos de poder”. Basada en Códice de la realidad sagrada –C. Borgia-.

Ilustración 8. La muerte es entregar al universo todo aquello que no sirve, los despojos, lo descompuesto que será devorado por la muerte en un acto de reciclaje. Basado en Códice de la realidad sagrada (C. Borgia).

4. Los antepasados habitan en el Inframundo y ellos pueden influir en el brote de la vida.

En el ideario colectivo, los gobernantes del México antiguo eran encarnaciones de los dioses cósmicos y así conseguían la excelencia en la guerra y la bienaventurada vida de su mandato político. Al morir no dejaban de ser dioses, solo se volvían dioses nocturnos, solares, o terrestres. Así que al realizar un culto a aquellos mandamases fallecidos se pedía la venia localizada en el Inframundo, en el lugar de donde brota la vida.

Por ello el linaje era tan importante, ya que los descendientes de los mandamases obtenían puestos de importancia, no solo porque habían sido educados para ello, sino porque, al formar parte de la familia, eran escuchados por sus ancestros, con lo que el culto elitista favorecía al pueblo.

Al encontrarse ya en el mundo de la muerte, todos aquellos que ya habían muerto mantenían una relación estrecha con todas las deidades terrestres, nocturnas y húmedas, porque que se les podía solicitar grandes cosechas y las dádivas agrícolas.

Ilustración 9. La señora Flor consulta a la sacerdotisa Cráneo para realizar un contacto con sus antepasados y pedirles consejo. Basado en Códice añute.

5. El culto a la muerte es, en realidad, un culto a la vida.

No solo lo es porque la muerte sea parte inherente e inevitable de la existencia, pero también es en la muerte donde se conserva la esencia vital. El culto a la muerte es motivar a la vida para que renazca, hecha luz solar, mazorcas, frutos o seres humanos. Clamar a la muerte es solicitarle que no permanezca como “no vida”, sino que se manifieste ya como existencia viva.

En el culto a la muerte se hace un clamor a los antepasados, a las semillas, a la fuerza materna, a la esencia de la vida y a todo que está por nacer. Clamar a la mortandad es exaltar a la existencia. No se solicita que uno u otro muera: se pide que aquello que todavía no está presente nazca y sea un canto solar de flor y de nacimiento. El canto a la muerte, es un canto a la vida.

Ilustración 10. En el Inframundo se guardan los corazones humanos. El corazón es el gran símbolo solar que con su movimiento hace circular la sangre; la sangre es la esencia de la vida. Por ello el corazón es el emblema representativo de esa vida. Y los corazones nadan en el interior del universo, resguardados en el mundo de la muerte. Códice del libro dosvientodelluvia, basado en “Los cinco trayectos de sol y luna” –Fonds Mexicain 20, 21-.

Ilustración 11. El rostro del Sol emerge y se asoma de entre el camino que se ha abierto en el mundo de los muertos. Surge el astro triunfante en su renacimiento. Ilustración del libro “La fuerza del Cosmos: sabiduría de las veinte deidades primordiales y sus antiguos símbolos de poder”. Basada en códice mexica de la luna, la muerte y la oscuridad (C. Laud).