Los colores son algo mágico; tanto, que intentar definirlos es casi imposible sin recurrir a comparaciones con objetos de la naturaleza. Además, son habituales en frases hechas cuyo origen desconocemos. Estas son algunas curiosidades sobre los nombres de los colores en castellano.

Azul

Dicho de un color: Semejante al del cielo sin nubes y el mar en un día soleado, y que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso.

El azul es el color más especial porque es el último que fuimos capaces de ver (los griegos no veían el cielo azul). La palabra viene del árabe andalusí lazawárd, que significa ‘lapislázuli’. El mineral es uno de los pocos objetos naturales de color azul, y por eso pasó a designarlo. Pero el castellano, junto con el gallego y el portugués, es un caso curioso: en el resto de las lenguas más cercanas (catalán, francés, italiano, inglés…), se usa una raíz distinta, la germana: azul es en estas lenguas blau, bleu, blu y blue, respectivamente. ¿No llegó esa raíz al castellano? ¡Sí llegó! En el diccionario aparece todavía blao como sinónimo de azul. En desuso desde el siglo XVIII, cuando ya aparecía como voz anticuada en el Diccionario de autoridades.

¿Por qué hay príncipes azules —bueno, su existencia es dudosa— y por qué la realeza tiene la sangre azul? Según parece, se debe a que tradicionalmente eran los únicos que no hacían trabajos físicos y al aire libre, por lo que su piel era siempre blanca y fina y se veían muy bien las venas azules. O también puede ser por la endogamia propia de la realeza, que provoca problemas cardiovasculares. Vaya, un poco que tenían aspecto enfermizo.

Amarillo

Dicho de un color: Semejante al del oro o al de la yema de huevo, y que ocupa el tercer lugar en el espectro luminoso.

Aunque ahora relacionemos un poco el color amarillo con la alegría (¡el sol! ¡la luz! ¡el oro!), la etimología de la palabra apunta a que esto no fue siempre así. Una de las teorías más extendidas, a falta de una mejor, es que viene del latín amarus, ‘amargo, triste’, y se relaciona con el color de la piel de la enfermedad y la muerte. Como con el azul, el castellano, el gallego y el portugués (amarelo) son las únicas lenguas en las que se usa esta raíz. Jaune en francés (del latín galbinus, ‘amarillo verdoso’), giallo en italiano (misma raíz, galbus), groc en catalán (del latín crocus, ‘azafrán’)…

En el diccionario están también todavía palabras derivadas de estas raíces antiguas: flavo (entre amarillo y rojo, del latín flavus, ‘amarillo oro’), génuli (‘color amarillo claro que se usaba en pintura’), jalde (de galbinus, ‘de color verde claro’)…

Y después está la prensa amarilla, calificativo que añadimos a la prensa sensacionalista. ¿Por qué el amarillo? En este caso se trata de una expresión de origen anglosajón. A finales del siglo XIX dos periódicos neoyorquinos, el New York World y el New York Journal se enzarzaron en una guerra en la que recurrieron al sensacionalismo para aumentar las ventas. Ambas cabeceras llegaron a publicar tiras cómicas con el mismo personaje, The Yellow Kid, un niño vestido de amarillo, por lo que empezaron a ser conocidas también como The Yellow Kid papers, de donde se pasó a yellow papers. Según parece, además, fue otro periódico, el New York Press, el que empezó a llamarlos así. Más adelante, publicaron «we called them yellow because they are yellow”, jugando con el doble significado de yellow, amarillo y cobarde.

Rojo


Dicho de un color: Semejante al de la sangre o al del tomate maduro, y que ocupa el primer lugar en el espectro luminoso.

Después del blanco y el negro (claridad y oscuridad), el rojo es el siguiente color que aparece siempre en las lenguas. Distinguimos el color de la sangre enseguida, tan pronto que nuestra palabra, rojo, tiene raíz indoeuropea, *reudh- (‘rojizo, rubicundo’). De ahí viene el latín russus, de donde llegamos a rojo.

Pero hay más palabras y raíces. Tenemos arrebol, definido como «color rojo, especialmente el de las nubes iluminadas por los rayos del sol o el del rostro», que es un derivado de rubor y que comparte la raíz indoeuropea. O bermejo, del latín vermicŭlus (‘gusanillo, quermes’; se usaba para producir el rojo) y la forma que ha quedado para referirse al rojo en gallego (vermello) o portugués (vermelho). También tenemos punzó, del francés ponceau ‘amapola silvestre’. Las amapolas también las usamos en el verbo amapolar, ‘pintar de rojo las mejillas’.

Los colores tienen muchas veces también un significado político, y en España y en otros países el rojo se usa tradicionalmente para referirse a la gente muy de izquierdas. Se suele asociar a la revolución (empezó en la Revolución francesa) y, por supuesto, fue el color elegido para la bandera de la Unión Soviética. No obstante, en algunos países se asocia a todo lo contrario. En Estados Unidos, por ejemplo, el rojo es el color del Partido Republicano.

Verde


Dicho de un color: Semejante al de la hierba fresca o al de la esmeralda, y que ocupa el cuarto lugar en el espectro luminoso.

Verde viene del latín viridis, ‘verde, vigoroso, vivo, joven’, y existe en el castellano, según Corominas, por lo menos desde 1019. En otras lenguas europeas la raíz que se quedó fue la germana (*gronja-). De esa raíz latina viridis vienen otras muchas palabras que muchas veces no relacionamos, como verdura o, más sorprendente, verdugo.

¿Más tonos de verde? El cardenillo, que es un verde claro y que viene de cárdeno (‘amoratado’), que a su vez viene de cardo (ahí se ve mejor el origen verde). O glauco, verde claro, que viene del griego glaukos (‘blanco luminoso, verde azulado del mar con superficie brillante’) y que es la raíz de glaucoma (aparece una mancha blanquecina en el fondo del ojo). Está también el jade, una piedra cuyo color sirve también para describir un tipo de verde.

Tenemos a los viejos verdes, algo que en origen no era malo: se decía verde para referirse a que mantenían su lozanía, salud y espíritu juvenil. Allá por el siglo XVIII el significado fue virando hacia los viejos que canalizaban ese espíritu mirando de forma lujuriosa y haciendo comentarios y/o tocamientos a mujeres jóvenes (y no, ya no es algo bueno). Verdes son también los chistes que hacen estos viejos y te pueden poner verde, es decir, criticarte o hablar mal de ti. No está claro de dónde viene esta última expresión, pero hay un par de teorías: que es por ser el verde el color del moho y que está relacionado con los golpes que dejan moratones que se van poniendo algo verdes.

Blanco


Dicho de un color: Semejante al de la nieve o la leche, y que corresponde al de la luz solar, no descompuesta en los varios colores del espectro.

En su origen protogermánico, *blangkaz significa ‘brillar, deslumbrar’. Pasó por el germánico blank (‘brillo’) y de ahí llegó al latín blancus, que ya significaba ‘blanco’. Otras formas de referirnos a este color son albahío, ‘blanco amarillento’, derivado del árabe hispánico albahí, y este del árabe clásico bahī ‘resplandeciente’; crudo, también blanco amarillento, en este caso parecido al de la seda cruda o la lana sin blanquear; hueso, marfil

Podemos pasar la noche en blanco si no somos capaces de dormir y no tiene nada que ver con que el blanco sea el contrario del negro (lo que vemos con los ojos cerrados). El origen de la expresión se remonta a la era medieval. Era costumbre que los futuros caballeros pasaran la noche anterior a ser armados las armas, algo que hacían vestidos de blanco.

Negro


Dicho de un color: Semejante al del carbón o al de la oscuridad total.
Nuestra palabra viene del latín niger, usado para describir el negro brillante (en contraste con el negro mate, que era ater). Está documentado en castellano como negro a partir del siglo XII.

Tenemos otras palabras para hablar de distintos tipos de negro, normalmente por comparación con algo en la naturaleza, como azabache o apizarrado. Está también la locución ala de mosca, que es un negro parduzco o que tira a verde, y el adjetivo atramento, sinónimo en desuso de negro y en el que se adivina que la raíz era la otra, ater.

En cuanto a las expresiones y frases hechas, muchas están siendo abandonadas por su sesgo racista (merienda de negros) e incluso otras, como trabajo en negro o dinero negro se cuestionan por un posible origen similar.

Marrón


Dicho de un color: Semejante al de la cáscara de la castaña o el pelaje de la ardilla.

Mencionar a la castaña en la definición del marrón es muy acertado, ya que nuesta palabra marrón viene del francés marron, que significa… sí, ‘castaña’. Por alguna razón, tomamos prestada la palabra francesa y convive con nuestro equivalente (decir castaño para referirnos al color).

Hay, por supuesto, tipos de marrón: está el achocolatado, el atabacado, el barroso, el pardo, el teja… Y, sí, todos se refieren a su parecido con algo del mundo real.

A veces nos toca comernos un marrón, es decir, ocuparnos de algo de lo que nadie se quiere ocupar. ¿El origen? Aunque todos pensando un poco lleguemos a la conclusión escatológica, parece que no tiene mucho que ver. Hay varias teorías: que si tiene que ver con el verbo marrar (‘errar’), que si es porque en Salamanca se llamaba marrones a las vigas de madera de las que se colgaba la matanza (el marrón era por lo tanto lo que soportaba la carga, no la carga en sí), que si a los detenidos que no eran puestos en libertad durante el franquismo se les daba una tarjeta marrón… Elige la que más te guste.

Morado

Dicho de un color: Que está entre el rojo y el azul.

El origen de la palabra morado es transparente: es el color de las moras. Tenemos también el lila (del color de la flor), el malva (otra flor) y el violeta (también). La naturaleza nos da todo tipo de tonos en ese espectro que va del rojo al azul.

Cuando comemos mucho, decimos que nos ponemos morados. Afortunadamente, no nos ponemos morados de forma literal: si pasara, tendríamos cianosis, como se llama en medicina a ala coloración azulada de la piel por falta de oxígeno en la sangre. Solía relacionarse con comer mucho, de ahí la expresión. ¿Tendrá que ver con la sangre azul de la realeza? Si alguien se ponía morado hace unos siglos, eran sin duda ellos.

Rosa

Dicho de un color: Rojo muy pálido, como el de la rosa común.
Rosa ya era rosa en latín, como todos los que hemos estudiado las declinaciones sabemos. Se refería a la flor, claro. Y ¿de dónde venía esta palabra? Del griego ρόδον (rhódon), que además de ‘flor del rosal’ significaba ‘efluvio oloroso’.

El rosa, por su asociación con los asuntos románticos y del corazón, da nombre a un género literario (la novela rosa o, más habitual, romántica) y otro periodístico, la prensa rosa o del corazón.