Los yaquis son un pueblo indígena del estado de Sonora (México) que siempre se ha caracterizado por defender aguerridamente su territorio y su autogobierno.

 

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Crédito: @imagesbycarlos

Los rituales para celebrar a los muertos son fruto del sincretismo entre sus tradiciones ancestrales y las que surgieron a partir de la llegada de los primeros misioneros jesuitas, que pisaron su territorio en el siglo XVI.

 

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1.

Como todos los pueblos americanos, los yaquis veneraban a los astros y a la naturaleza. Su dios principal, el Gran Creador, es el sol, a quien el cuerpo y el espíritu del difunto le eran entregados en una ofrenda al fuego. Con él se iban sus armas y sus pertenencias, depositadas sobre un tapanco (plataforma elevada), y todo se quemaba. Con la llegada de la evangelización, esta costumbre cambió y ya no se entierran a los muertos con todas sus posesiones, sino que solo se los calza con sandalias nuevas.

 

2.

La llegada al cielo es, para los yaquis, la ocasión más feliz, ya que al entrar a la casa del Padre Viejo le esperan todos sus ancestros. Mientras, en la tierra, sus parientes vivos hacen una fiesta para compartir la felicidad de su difunto.

Si quieren que esa felicidad sea eterna, el dolor por la pérdida del ser querido no debe nunca de manifestarse con llanto, para que el espíritu no pierda su rumbo y se convierta en un nómada espiritual para siempre.. Lo que suceda después de la muerte no se debe a las valías personales, sino que todo depende de la actitud de los vivos y de lo bien que se lleven a cabo los ritos.

 

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3.

Cuando en una familia hay un deceso, los parientes del finado invitan a familiares y amigos a la velación. Se nombran a los padrinos del recién fallecido, quienes cuelgan en su cuello varios rosarios benditos. A los demás parientes se les ofrece velas para que saluden al difunto. Después de mostrarle sus respetos, deben abandonar la casa por el costado que da al este, donde apagan las velas.

 

4.

El cuerpo del difunto debe llevarse a la cruz del perdón, que suele ser sencilla, de madera y de gran tamaño. Esta se encuentra en la entrada del panteón de las comunidades yaquis.

 

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Ahí, el difunto “pide dispensas por sus pecados” para después ser enterrado. A partir de ese día, el alma inicia un viaje de año por un camino oscuro, hasta que llega al sewa ania (mundo flor), donde los animales, las plantas y el hombre viven en armonía. Desde ese icónico lugar regresará cada octubre a visitar a los vivos.

 

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5.

Después del sepelio, sólo los parientes cercanos guardan luto. Durante tres días la casa no se barre y pintan sus rostros con el tizne de las ollas. Además, durante ese tiempo, la familia se hace sahumerios con raíces de mezquite, choya, torote y chiltepín mezclado.

 

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En su tradición, los yaquis comienzan el novenario a los nueves días del deceso, con el fin de evitar que el difunto se lleve a otros -amigos o parientes-. Durante el novenario siempre hay comida y danzantes: matachines, pascolas y la danza del venado. También son utilizados instrumentos musicales como el violín, el arpa, la flauta y el tambor, que musicalizan las letanías dirigidas por el padrino.

 

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6.

El día primero de octubre inician las celebraciones del Día de Muertos, y terminan el dos de noviembre. Son cuatros semanas llenas de ceremonias y festejos para honrar a los difuntos de las familias yaquis.

 

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El responsable de la ceremonia se conoce como Kapetai Yo owe; y también hay un integrante de la tribu que es el encargado del orden y la disciplina, para que la ceremonia tenga un feliz término: el ala wasi. Afuera de las casas suele montarse un tapanco con una altura de 1.60 metros, y debe de tener los siguientes elementos:

  • Una olla con agua, para saciar la sed del difunto provocada por el largo camino.
  • Velas para iluminar el camino.
  • Cohetes que dan la bienvenida del difunto, pero que también abren las puertas del cielo.
  • Libro de las ánimas, donde se encuentra el registro de los muertos en la familia.
  • Pinole y piloncillo, los alimentos principales durante la legendaria lucha por la sobrevivencia de la tribu durante toda su historia.
  • Los alimentos favoritos del difunto.
  • Siempre debe de ponerse una tela bordada, junto con una cruz, agua, sal, flores y la imagen de la Virgen del Carmen. También se colocan las fotografías de los difuntos a quienes se debe mayor respeto: principalmente las matriarcas y los patriarcas de cada familia.

El tapanco es una reminiscencia de la estructura donde los yaquis de la época prehispánica cremaban a sus muertos. Debe hacerse con cuatro horcones (palo en forma de Y) de mezquite y una tarima tejida con ixtle y varas de batamote (típica del desierto del noroeste de México).

 

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Durante la celebración se usa una bandera negra con morado, con la que se bendice a quien asiste a la casa. Los encargados de cada tapanco llevan un pañuelo negro en su cabeza. El tapanco se retira el día 2 de noviembre.

 

7.

Todos los lunes del mes de octubre se llevan a cabo los kontis (procesiones), hasta el día 31. En este tiempo, las familias se preparan para recibir y brindarles los alimentos que amaban en vida sus familiares.

 

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8.

El temastian -o sacerdote-, visita cada tapanco y lee el libro de los familiares difuntos para pedir por ellos. Un grupo de mujeres unen sus voces para orar. Rezan un rosario y cantan en yaqui, español y latín. A modo de pago recibirán los alimentos de la ofrenda, después de que el alma de los difuntos haya saciado su hambre, alimentándose de su esencia.

 

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9.

Un par de días antes del Día de Muertos se ponen frutas, dulces, bebidas y cigarros. En el solar de cada casa se percibe el aroma del carbón caliente y en cada fogón se prepara el tradicional wakabaqui, un caldo de res muy concentrado que también lleva verduras.

 

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Las hábiles cocineras tradicionales hacen girar velozmente sobre sus antebrazos una flexible masa blanca de harina de trigo, que irá tomando la forma de un gran disco; ya que tengan el tamaño exacto, cada tascaim (tortilla) se coloca sobre un comal de barro convexo donde se cuecen. También se preparan tamales, huacas poponi (carne tipo machaca de res), quesos, atoles y dulces propios de la región.

 

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10.

El día dos de noviembre la gente llena de velas y flores el panteón y llevan alimentos para compartir con sus difuntos. Grupos de rezanderos acuden a orar a todos los muertos que no tuvieron tapanco. Afuera de cada panteón e iglesia se celebra con danzas, procesiones, cantos y rezos.

 

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La fiesta termina en medio de una gran cantidad de cohetes, los cuales acompañan el regreso de las almas al cielo yaqui.

 

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