1. El caldo de Cardán

Los bolivianos dicen que el Caldo de Cardán es bueno para la anemia, las articulaciones y, el punto más interesante, para mejorar el rendimiento sexual. Con sólo ver el plato es fácil entender este último beneficio: el principal ingrediente de esta sopa es pene de toro y, para hacerlo completo, no podía tener otro acompañamiento que los testículos del mismo animal.

 

2. Las hormigas culonas

¿Maní para acompañar la cerveza? Eso lo podés encontrar en cualquier lugar del mundo. Si estás en Colombia, especialmente en el Departamento de Santander, pedí unas hormigas culonas tostadas. Verlas en el plato puede ser intimidante; el tamaño es bastante más grande de lo que generalmente estamos acostumbrados y las alas le agregan dramatismo. Pero las apariencias engañan, y el sabor es mucho mejor de lo que suena.

 

3. Los chinchulines

“Ustedes sí que no desperdician nada”, me dijo un turista canadiense cuando le pregunté cómo había estado la parrillada que había comido la noche anterior. “Comí sólo carne y chorizo, ¡pero me ofrecieron cosas como intestinos y riñones!”. Crocante por fuera y tierno por dentro, el intestino delgado de vaca a la parrilla es otra de esas comidas que mejor no pensar demasiado en los detalles mientras estás en la mesa.

Crédito: Sebastian Bassi

 

4. El Fernet con Cola

El Fernet Branca con Coca-Cola es un clásico argentino, aunque parece que somos los únicos que lo veneramos. Los pocos extranjeros que lo han probado están de acuerdo en que, de Argentina, mejor llevarse el sabor del Malbec. El Fernet es una bebida alcohólica digestiva italiana, mucho más popular en Argentina que en su país de origen. La marca más popular es Branca, y para los más puritanos, es una ofensa llegar a una fiesta con una botella de otra marca.

Crédito: Vincent Pollard

 

5. El mojojoy

Comer larvas amazónicas no es para los más impresionables, pero salteadas o fritas pueden pasar como cualquier otro insecto cocinado de la misma manera, como un bocadito crocante.
Pero comerlas crudas es otra cosa. Lo que puede ser desagradable para muchos, es uno de los principales atractivos de lugares como Leticia, en el Sur de Colombia.

 

6. El anticucho de corazón

Este plato nació en Perú durante la época del Virreinato, cuando los españoles desechaban todas las vísceras de la vaca y se la daban como comida a los esclavos africanos. Estos no podían darse el gusto de ser tan selectivos, así que juntaron varios corazones en una vara de metal, los pusieron a la parrilla, y así crearon un simple plato que con el paso de los siglos se convirtió en un clásico de la gastronomía andina.

Crédito: Jorge Gobbi

 

7. La morcilla

Es verdad que pensar en comer sangre coagulada puede no ser lo más tentador, pero para la mayoría de los sudamericanos no hay nada tabú en la morcilla. Generalmente la comemos asada a la parrilla, pero también puede ser fría, como embutido, y en algunos países, como en Venezuela, fritas.

Crédito: Krista

8. El mondongo

El estómago de vaca tampoco termina en mezcla de salchicha industrial en Sudamérica, sino que en cada país tenemos al menos un plato que asusta a la mayoría de los extranjeros. Lo más popular es comerlo en guiso o sopa, pero los ecuatorianos tienen la mejor receta con su estofado “guatita”, que no sólo es delicioso, sino que además es un gran remedio para la resaca.

 

9. Las mollejas

Ravioles de molleja fue el plato que un chef francés quiso introducir en el restaurante donde trabajé durante un tiempo en Australia. Nadie sabía específicamente de qué se trataba, pero al explicarlo todos ponían la misma cara de asco… “¡¿Glándula de ternera?!”. El plato fue un fracaso porque el restaurante estaba en Australia y no en Sudamérica, donde son consideradas un manjar. En Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay son uno de los grandes trofeos de todo asado.

Crédito: Javier Lastras

 

10. El seso de llama

Más que un sabor adquirido, el comer sesos es una textura a la que lleva años acostumbrarse. Para los que nunca tuvieron un encuentro de este tipo, digamos que son babosos al principio hasta que se te forma una pasta en la boca, que se siente como una sobredosis de relleno de chinchulín.
Difícil de conseguir en otros países, los sesos y lengua de llama son una especialidad boliviana. ¡Ahí tenés, Mc Donald’s!

 


Crédito imagen de portada: Ace Armstrong.