Fueron llamados “los monstruos de Acámbaro” o “las figuras de Acámbaro” y, en su momento, desataron una gran debate: ¿convivió el hombre prehispánico con los dinosaurios?

Corría el año de 1945 cuando el arqueólogo Waldemar Julsrud, que se encontraba estudiando la cultura de Chupícuaro, sorprendió al mundo con el descubrimiento de miles de piezas arqueológicas en la región, muchas de ellas con aspecto de dinosaurios. El hallazgo se produjo en Acámbaro, Guanajuato, e imagínate el revuelo que causó, pues se tenía por cierto que los dinosaurios habían desaparecido hacía 66 millones de años.

Los análisis e investigaciones no se hicieron esperar y muy pronto fueron objeto de procesos químicos para revelar su posible origen. En 1969, el Museum’s Applied Science Center for Archaeology (MASCA) de Pennsylvania (Estados Unidos), realizó un estudio llamado termoluminiscencia, técnica que por cierto en aquel entonces se encontraba en fase de desarrollo. Los resultados fueron impresionantes: los análisis arrojaron que las piezas databan del año 2500 a.C., lo que indicaba que aquellas figuras que mostraban grandes monstruos devorando personas, o siendo montados por ellas -lo que indicaba su domesticación-, eran reales.

En 1979, sin embargo, se volvió a realizar el fechado y arrojó que la fabricación de las piezas era reciente.

El primero en levantar la voz fue Charles Di Peso, arqueólogo estadounidense, quién visitó las excavaciones en 1952 y afirmó que las piezas eran de fabricación reciente, pues las señales que mostraban no eran las propias de un objeto que ha permanecido por siglos bajo tierra.

Con el paso del tiempo estas singulares piezas no soportaron el rigor del análisis científico y quedaron expuestas como uno más de los fraudes arqueológicos, desenmascarando por completo a Julsrud.

Tal fue el impacto de este supuesto hallazgo que, por un tiempo, lograron que se repensara la historia de la humanidad. Después de tantos años, con la tecnología existente y la información a la que tenemos acceso, aquello queda como una anécdota más de la que podemos reírnos, aunque también es una prueba de que la humanidad es muy fácilmente manipulable y no todo lo que tenemos por cierto lo es.

La colección de Waldemar Julsrud alcanza las 33.000 piezas que hoy se encuentran hoy expuestas en el Museo Waldemar Julsrud, en Guanajuato. En este vídeo a continuación puedes apreciarlas.