“A” es de acción

Los buenos fotógrafos de viajes siempre capturan alguna acción. Puede ser el vapor de una taza de café recién servida o un movimiento agresivo que salpica barro durante un partido de rugby. Fotografiar una acción suma atmósfera y cuenta una historia.

Lo mismo puede aplicarse para los paisajes. Un buen fotógrafo puede transformar la imagen sosa de una enorme pradera verde en algo más interesante, si por ejemplo agrega a la composición de un par de ovejas pastando. Además, al sumar otros objetos a tus fotografías de paisajes, estarás dando información sobre la escala.

Yo podría simplemente haber sacado una foto de esta muchacha alejándose, pero yo sabía que, tarde o temprano, ella iba a darse vuelta. Llámenlo “sexto sentido”, pero todos intuimos si estamos siendo observados. Así es como se toman las imágenes más poderosas.

“B” de balance

No hablo del “balance blanco”, que se refiere a las cantidades de rojo, verde y azul que hay en una fotografía, sino al proceso de crear una imagen balanceada. Seguramente has oído los términos de la jerga fotográfica “encuadre” y “regla de los tercios”.

Idealmente, esto significa que que tu foto debe ser simétrica y el encuadre, estéticamente atractivo. Se puede obtener balance al no colocar el objeto principal justo en el centro de la composición. Los marcos naturales, como las puertas, las ventanas o los arcos pueden también equilibrar la foto.

La foto de arriba, de dos lugareños descansando en la isla de St. Georges, Bermudas, ilustra el uso de la regla de los tercios, ya que ubica a los hombres en el lado derecho de la foto, en lugar de en el centro.

“C” de composición

Si bien en el abecedario la letra “C” viene después de “B”, en fotografía la composición siempre viene antes que el balance. Debes trazar un mapa en tu mente de la historia que quieres que cuente tu foto.

“Composición” significa buscar diseños, texturas, ángulos, colores, la manera en que los objetos se relacionan entre sí y otros elementos visuales que te ayuden a contar esa historia.

En un primer vistazo a la fotografía de arriba, vas a notar la bomba de luz alineada sobre la cabeza del muchacho. A medida que vayas apreciando más detalles, vas a ver que tiene una mochila y que está mirando hacia una placa en la pared. La historia que quise contar es la de un viajero que visita un museo y se siente de alguna manera iluminado por lo que está leyendo.

Con la fotografía de viajes, la fuerza de la imagen está en los detalles. Esas pequeñas cosas imperceptibles en el primer vistazo son las que van a completar la historia que quieres contar.

Otra técnica de composición que apliqué en esta foto es la del uso de los colores. Esperé pacientemente que apareciera una mujer Quechua, cuya ropa de color azul eléctrico contrastara con la pared terracota ¿Se acuerdan de las primeras clases de arte en la escuela, cuando aprendimos que el azul y el naranja eran colores complementarios?

“D” de campo de profundidad

La profundidad de campo se refiere al espacio que hay por delante y por detrás del plano enfocado, comprendido entre el primer y el último punto aceptablemente nítido reproducidos en el mismo plano.

La foto tomada en Riga, Latvia ilustra este concepto. Fodor’s ofrece una explicación excelente sobre cómo controlar la profundidad de campo.

“E” de evocación

Si hay una cosa que comparten los fotógrafos cuyas fotos de viaje se destacan es la evocación de un tiempo y un lugar sin caer en lugares comunes. Tomar una fotograía de un monje contra una pared es exactamente eso, un monje contra una pared, pero fotografiarlo rodeado de íconos culturales e incorporar sombras y otros ángulos no solo enriquece la foto en general, sino que además ofrece más elementos para entender la historia en su totalidad.

A primera vista, la foto es de una monja caminando. Pero al focalizar en los detalles, puedes darte una idea de donde está y de lo que está haciendo. No lleva una cartera ni otros objetos personales, lo que sugiere que se encuentra en un lugar familiar. La dirección de la sombra sugiere el momento del día y los caracteres eslávicos en las paredes dicen que esta escena ocurre en alguna parte de Europa Central o del Este. La foto te transporta a un convento europeo al caer de la tarde.

Siempre recuerda que una buena fotograía no es la que es técnicamente perfecta, sino la que te transporta al lugar y al momento en la que fue tomada.

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