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¿Cómo se vivían el amor y la sexualidad en tiempos prehispánicos?

México
by Xiu 12 Jul 2018

Es sabido por todos que la historia la escriben los vencedores. Por ello, la idea que tenemos sobre el amor y el sexo en el México prehispánico se encuentra totalmente permeada por la concepción romántica europea, repleta de princesas, dragones, demonios, santos y caballeros. Pero…

¿Qué hay del amor y la sexualidad en el mundo prehispánico?

Los pocos testimonios que se conservan sobre amor y sexo que datan de la época prehispánica provienen sobre españoles y nativos conversos y la mayoría de ellos están expresados bajo la concepción de la moral religiosa de la época. Por ello no es de extrañarse que algunos temas se encuentren relatados desde una óptica cristiana en la que casi todo (el erotismo, la homosexualidad, el adulterio, la prostitución) está mal.

Pues bien, comencemos por el lado divino del sexo y del amor desde le punto de vista nativo en la época prehispánica.

Los pueblos prehispánicos y, en particular, los mexica, llegaron a concebir al universo de una forma matemática, mágica y religiosa en la que sus ritos estaban dedicados a perpetuar el equilibrio cósmico para beneficiar a la sociedad. Los favores de los dioses o sus castigos eran parte de la vida cotidiana, incluso en cuestión de las pasiones.

Tlazolteotl, deidad de la inmundicia, del sexo y de la fecundidad, era la protectora de las parteras y de las embarazadas, y también ostentaba el poder de incitar a la lujuria.

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Xochipilli es el príncipe de las flores, señor del amor, la fertilidad, a procreación y todo aquello asociado con el placer y la sensualidad y, lo que no necesariamente era bien visto por la moral de la época, también era el protector de las ahuianime, las prostitutas sagradas de Tenochtitlan.

Xochiquetzal, pluma preciosa, era la pareja de Xochipilli, protectora de las ahuianime y de las relaciones sexuales que no buscan la procreación. También era patrona de las hilanderas y las tejedoras, pues el movimiento del telar de cintura, recuerda el movimiento del acto sexual.

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Pero los dioses del placer también tenían la función de dar y de quitar, dependiendo del fervor con el que se les adorara. Así, quienes les honraban como se debe, podían seguir gozando de este placer y del amor y, quienes no, tendrían que lidiar con las enfermedades venéreas.

Ya que son deidades que procuran el placer de la humanidad, se conformaban con tributos simples como flores, pulque, hierbas aromáticas, danzas, cantos, copal y hasta plumas. Tal como ahora se hace con las estatuillas de santos, a las que los creyentes procuran mantenerlos limpios y siempre con velas encendidas esperando recibir a cambio el amor de una pareja.

Ahora bien, entre los mexica también se relacionó muy estrechamente al matrimonio con la sexualidad y, al igual que en estos tiempos, las mujeres vírgenes eran más apreciadas que las que no lo eran. Por ello, las madres siempre aconsejaban a sus hijas ser recatadas y no coquetear con los hombres, para evitar caer en tentaciones:

“…si perdieres tu virginidad y después de esto te demandare por mujer alguno y te casares con él, nunca se habrá bien contigo siempre se acordará que no te halló virgen…”.
Bernardino de Sahagún, Historia General de las Cosas de Nueva España

Y aunque tampoco a los hombres se les permitía romper sus votos de castidad, era mucho más difícil comprobar que lo habían hecho (exactamente igual que en estos tiempos…).

Sin embargo, no todo era romper las reglas, pues también existieron el matrimonio que era acompañado por una fiesta de cinco días y del que te contamos más en un artículo anterior, así como los divorcios, porque, como bien ya sabes, no todas las historias tienen finales felices.

Sobre el matrimonio podemos adelantarte que consistía prácticamente en el mismo fin que en todo el mundo, unir a una pareja de enamorados por el resto de su vida, esperando claro, su eterna felicidad y una prueba de ello es la boda. Después de una serie de formalidades por parte de los padres y de los mismos contrayentes, la novia, adornada con flotes era, conducida al templo, acompañada de 4 ancianas con antorchas encendidas hasta llegar al encuentro con el prometido para ser sahumados y mostrar así el respeto a los dioses.

Acto seguido, los novios se sentaban uno al lado del otro con sus ropas atadas en señal de la unión que estaba teniendo lugar y así daba paso a la fiesta de celebración. Pero si por alguna razón aquella feliz unión se convertía en una tormentosa, entonces se podía solicitar el divorcio tal como nos cuenta el Códice Ramírez.

“Si acaso se vinieren a descansar (como era costumbre entre ellos en no llevándose bien), hacían partición de los bienes conforme a lo que cada uno había traído, dándoles libertad para que cada uno se casase con quien quisiese y a ella le daban las hijas y a él los hijos; mandándoles estrechamente que no se tornasen a juntar so pena de muerte y así se guardaba con mucho rigor”.

El adulterio se castigaba severamente, llegando las penas más altas a contemplar la muerte. Por ello, la insistencia en la infancia para que los pequeños mexica se mantuvieran puros y castos.

¿Eran los hombres los más beneficiados en todo esto?

Se podría decir que legalmente sí, pero biológicamente no. ¿Cómo es esto? Los hombres podían hacerse los dignos exigiendo a una mujer virgen para el matrimonio, pero serían los mismos hombres quienes -tarde o temprano- dejarían atrás los impulsos sexuales. Esto dice Noemí Quezada en su libro “Amor y Magia amorosa entre los Aztecas”, cuando relata que una mujer mayor fue llevada ante Nezahualcóyotl y habló así:

“…los hombres cesáis de viejos de querer la deleitación carnal (…) pero nosotras las mujeres nunca nos hartamos (…..) porque es nuestro cuerpo una cima y una barranca honda, que nunca se hincha y que recibe todo cuanto le echan y desea más…”.

Pero este no era un mal definitivo, sino constante y progresivo, que podía ser evitado ingiriendo pulque pues, por su fama de afrodisíaco, era la cura perfecta para los hombres mayores con problemas de impotencia sexual o, como dice Noemí Quezada: “para aquellos que se habían enfriado”.

Ahora bien, entre los mexica y las poblaciones nativas también existía la figura de la prostitución y quienes la practicaban eran las ahuianime (alegradoras, las prostitutas, algunas de ellas sagradas), quienes satisfacían los deseos sexuales de los hombres, algunas por dinero al mejor postor, y otras de forma ritual a los representantes de las deidades (más info aquí).

Por otra parte, y en un ámbito más romántico, donde el sexo pasa a segundo plano como una expresión del amor, también existían los ritos que buscaban trasladar la naturaleza humana a lo mítico.

Como ejemplo podemos citar la fiesta de Atamalcualiztli, dedicada a Xochiquetzal, en la que los templos eran adornados con flores de todos colores y donde jóvenes danzantes, vestidos de aves y mariposas, se posaban en las mismas, solo para ser interrumpidos por otros jóvenes, representando a los dioses que buscaban cazarlos con cerbatanas.

Esta era una danza casi poética en la que las aves y mariposas representaban el acto sexual al libar el néctar de las flores.

De esta manera, los mexica sentían la obligación divina de mantener la vida en la tierra a través de la fecundidad, vista como un regalo de los dioses.

En lo que concierne a la homosexualidad, todos los testimonios que dan cuenta de esta manera de vivir la sexualidad entre los mexica fueron escritos desde la óptica cristiana, que la consideraba un pecado inefable. Esto es lo que relata Hernán Cortés:

“…hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado”.
(Homosexualidad y Prostitución entre los nahuas y otros pueblos del posclásico, Guilhem Olivier).

Tristemente, como incluso sucede en ésta época, la homosexualidad era también una práctica mal vista y condenada. Aquí puedes leer más sobre lo que se conoce hasta hoy de la homosexualidad en tiempos prehispánicos.

Bien, pues ahora que conoces un poco más sobre el amor y sexualidad en la época prehispánica tal vez te des una idea diferente a la que tenías, lejos de princesas, santos de cabeza y caballeros.

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