Foto: Jenny Huey

«Lo único que nos separa de la muerte es el tiempo»

Ernest Hemingway

 

La muerte en nuestra vida.

Hay muchas festividades, tradiciones, costumbres e ideología en torno a la muerte. Reconocer a la muerte como parte de la vida es causa de admiración e impacto, aunque también puede fomentar el desarrollo de conductas fuera de lo común en ciertas personas: por un lado tenemos la tanatofobia, que es el miedo a la muerte, y por otro está la necrofilia, que es la atracción por la muerte y todo lo relacionado con esta. La influencia de la muerte en nuestra percepción de la realidad es impresionante.

¿Has sentido alguna vez la angustia de la muerte? La probabilidad de que lo experimentes es casi inevitable.

Entonces, ¿qué hay de atractivo en del día de los muertos? ¿Por qué se ha vuelto tan importante para muchos de nosotros? ¿En qué radica la fortaleza de su vigencia? Analicemos algunas ideas (que aunque someras) pueden ayudarnos a comprender esta actitud ante la muerte.  

 

La muerte en la sociedad humana.

Si hurgamos un poco en la historia encontraremos gran cantidad de datos acerca de cómo las sociedades humanas se han familiarizado con la muerte a lo largo de su historia.

Los ritos más antiguos que se conocen sobre costumbres funerarias se hallan en el Paleolítico (285 millones de años hasta los 127) Se cree que este es el instante histórico en el cual tomamos consciencia de la importancia de la muerte. Reflejo de ello es el trato especial del cuerpo.

En el periodo del Neolítico se encuentra evidencia de sepulturas grupales e individuales, muchas de ellas con ofrendas. Es en este momento donde se empieza a manifestar un ritual. En éstas comunidades, todos los rituales relacionados con el advenimiento de la muerte son de índole religiosa, ideológica o cultural.

La creencia del regreso de los muertos, durante un día o unas semanas entre nosotros no es expresión única de México. Otras culturas que celebran eventos similares son: India, Japón, China, Irlanda, Haití, Indonesia, Estados Unidos y Corea del Sur.

Foto: Kevin

Algunas expresiones son constantes entre las distintas celebraciones. Las ofrendas, por ejemplo, siempre forman parte del ritual, al igual que las oraciones, los cantos, las visitas a los panteones y la ornamentación de los sepulcros.

Varios pueblos le dan una importancia relevante al alimento hecho para los difuntos, y algunas otras acostumbran compartirlo como parte de las tradiciones. En otras culturas se confeccionan disfraces y máscaras, se organizan bailes y desfiles con música y puestas en escena de óperas.

No todas estas festividades se rigen por los mismos patrones. Algunas dependen de los ciclos lunares, otras del tiempo de la cosecha y algunas más están asociadas al año nuevo. Sin embargo, sin importar el nombre del festejo o la variedad de significados asociados a éste, el objetivo es el mismo: dar la bienvenida a los muertos entre nosotros los vivos.

De este bosquejo podemos extraer una idea sencilla: La festividad de los muertos es una de las prácticas más antiguas de la humanidad, una práctica en la que somos capaces de mostrar afinidad con el semejante, con el que pensamos extraño. Este es el corazón de la fiesta.

 

No todos entendemos la muerte de la misma forma.

Ahora es necesario hablar de algunas expresiones catalogadas como extrañas dentro del festejo a nuestros muertos. Imagínate formar parte de alguna de ellas.

En el Tíbet, ofrecen el cuerpo de los recién fallecidos como comida para los buitres. Este ritual se denomina entierro en las nubes o entierro aéreo.

En Ghana, es tradición que la familia haga un ataúd que refleje el oficio del difunto.

En Madagascar se celebra el Famadihana cada siete años. En este ritual se exhuman los restos de algún familiar, se renueva la tela en la que vienen envueltos y se baila con ellos antes de ser depositados nuevamente en la tumba.

En Papua Nueva Guinea es posible que tu destino sea ser momificado y vivir entre los tuyos si fuiste una persona ilustre.

El pueblo Yanomami del Amazonas se come las cenizas de sus muertos en una especie de sopa con plátano.

Las mujeres del pueblo Dani en Indonesia tienen que cortarse un dedo por cada caído de la familia.

Los ejemplos que se pueden encontrar sobre el tema son muchísimos. Pero, ¿en qué nos beneficia esta información, de qué nos sirve conocer -aunque sea de manera superficial- los rituales o tradiciones que tenemos con nuestros muertos? La respuesta quizá ya la hemos atisbado.

 

La muerte como algo natural.

Aunque se crea que somos los únicos seres conscientes de la muerte y hayamos creado una diversidad de rituales en torno a ello, tenemos que considerar otra idea. Hay investigadores que sugieren que algunas otras especies son igualmente conscientes del suceso y son capaces de expresar duelo por la pérdida de alguno de sus congéneres. Ejemplos de estas especies son los delfines, algunos primates como los gorilas y los chimpancés, los camellos, los perros, los elefantes, algunas especies de aves y algunos otros.

Los seres humanos somos únicos dentro de la familia de los primates, ya que hemos logrado construir una cultura llena de colores, bailes, rituales y tecnología. Sin embargo, nuestro anhelo de realización y permanencia en la memoria de los otros  nos impulsa a identificarnos con este ejercicio, que está más allá de lo que un credo o idea pueda significar.

También sabemos que estas expresiones buscan satisfacer nuestro anhelo natural de la presencia de los que han partido. Y aunque hemos construido un festejo y un imaginario al respecto, debemos tener la firme y alegre convicción de que ésta es nuestra naturaleza corpórea. La muerte sólo es parte del proceso prodigioso que hemos llamado la vida. Y es probable que la asimilación de nuestra condición sea un triunfo sobre el temor que nos inspira este suceso.

Ahora consideremos: podría ser que la mejor forma de honrar a nuestros ancestros sea practicando una vida vigorosa de generosidad y autorrealización, con rebeldía ante cualquier idea que pretenda menoscabar nuestra dignidad humana. Cuidando de las especies, los recursos y el entorno que heredaremos a nuestros hijos e hijas. Ellos, quienes nos celebrarán en su momento, en la extraordinaria festividad de día de muertos.