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En busca de las ballenas

En la lejanía del Océano Pacífico, mi sueño de bucear con las maravillosas ballenas jorobadas se vuelve realidad.

 

Siempre había soñado con el día en el que pudiera bucear con las ballenas jorobadas.
Empecé a bucear desde muy pequeño y a lo largo de los años me he sumado a muchas expediciones enfocadas en este raro y privilegiado espectáculo. Aquí comparto un pequeño recuento de los últimos dos intentos que realizamos en el Océano Pacífico, y los momentos en los que este sueño finalmente se convirtió en realidad.
 

PRIMERA EXPEDICIÓN

Islas Revillagigedo y la Isla Clipperton, enero de 2014

La ciudad de Cabo San Lucas, México, fue donde me embarqué en la pequeña Lucía Celeste, un barco de pesca que se hundió y fue recuperado y reacondicionado como un bote de buceo para no más de doce personas. Navegamos por cuatro días para llegar a la Isla Clipperton, ubicada a más de mil kilómetros mar adentro, y en el camino, después de día y medio de un oleaje considerable, paramos en las Islas Revillagigedo.

Revillagigedo se conforma por cuatro islas volcánicas en medio del Pacífico. Ahí escuchamos a las ballenas y logramos verlas saltando a la distancia, pero nunca tuvimos la suerte de observarlas mientras buceábamos. Es una sensación extraña, escucharlas mientras estás bajo el agua, ya que a veces se escuchan tan fuerte y tan cerca, que esperarías verlas justo por debajo de ti; sin embargo, como todo buzo sabe, el sonido puede ser muy engañoso bajo el agua. Las cosas pueden estar sumamente lejos, y aun así escucharse como si estuvieran a un par de metros. A veces las ballenas son tímidas y se mantienen alejadas, pero siempre te harán saber que están cerca a través de sus peculiares llamados.

A pesar de que no encontramos ninguna ballena en estas inmersiones, pudimos nadar con mantarrayas gigantes y exploramos algunas cuevas en las islas de Socorro y San Benedicto. No estamos seguros de que estas cuevas siquiera estén mapeadas o tengan nombre.

 

Después de dos días y medio de navegar en un clima nada amigable, finalmente vimos algunas palmeras en el horizonte: la Isla Clipperton. Esperábamos descubrir un arrecife de coral lleno de vida, tiburones y muchas especies de peces. Lo más emocionante es que en realidad no teníamos idea de lo que encontraríamos, ya que los sitios en los que íbamos a bucear no cuentan con registros de inmersiones previas. Es un sentimiento impresionante, el de aventurarse en lo desconocido.

Encontramos un arrecife de un color morado fascinante, y descubrimos que toda la isla estaba rodeada por esta estructura. Y, efectivamente, encontramos muchísimos peces y cientos de hermosos tiburones. En cada inmersión nos encontrábamos completamente rodeados por los tiburones, y los más jóvenes y curiosos nadaban muy cerca de nosotros, algunos incluso llegaron a probar nuestras aletas.

Nos sorprendió el hecho de que la mayoría de los peces y los tiburones fueran individuos jóvenes, lo cual tiene una sola explicación, y es que hay prácticas de sobrepesca en el área. Actualmente no existe vigilancia ni patrullas del gobierno en el área, por lo que grandes barcos atuneros vienen y van sin ninguna restricción, dañando el arrecife con sus redes y llevándose todo lo que pueden. Fue muy triste ser testigos de esto, un lugar que podría estar lleno de vida siendo devastado por las prácticas humanas.

Después de cinco días increíbles en la Isla Clipperton, emprendimos el regreso a San José del Cabo. El retorno fue un viaje tranquilo de poco más de cuatro días en el que, nuevamente, escuchamos y vimos ballenas a la distancia, pero sin señales de ellas mientras buceábamos.

SEGUNDA EXPEDICIÓN

Islas Revillagigedo, enero de 2015

El siguiente año, hacia finales de enero, nos embarcamos en otra expedición a las Islas Revillagigedo en un nuevo barco, llamado Solmar V, especialmente diseñado para operaciones de buceo. Esta vez tenía un fuerte presentimiento de que encontraríamos ballenas.

Estaba en lo correcto, y desde el primer día en que atracamos en la Isla Socorro, pudimos escucharlas tan cerca, que mi caja torácica resonaba con la vibración y la intensidad de sus llamados. Sin embargo, la visibilidad no era buena y aunque sabíamos que estaban ahí, aún no podíamos verlas. Pero una vez que llegamos a Roca Partida, un volcán sumergido impresionante, vimos tantas ballenas en el área que rodea la roca que supimos de inmediato que sería nuestro día de suerte.

Ese primer día, después de nuestra primera inmersión y con muy poco aire en el tanque, vi una enorme silueta aproximándose desde la distancia. Y ahí estaba, finalmente, una enorme y hermosa ballena jorobada, a solo unos cuantos metros de mí.

Mientras me acercaba, la escena empezaba a tomar sentido.

Me di cuenta de que la silueta era una madre ballena, su ballenato recién nacido, una ballena macho, y un grupo de delfines, todos ellos interactuando. Los delfines imitaban de manera juguetona al ballenato, emergiendo al mismo tiempo que él y nadando alrededor de las ballenas adultas.

Ese día, durante la inmersión de la tarde, me quedé con la ballena y su ballenato por más de cinco minutos, a pocos centímetros de ellos. Las ballenas te miran directo a los ojos y puedes sentir la misma conexión que con otros mamíferos. Después de un rato la madre comenzó a avanzar hacia el resto de los buzos, y ese fue el momento en el que capturé la fotografía de abajo.

Inmersión tras inmersión, seguí encontrándome con estas ballenas, algunas veces sólo a la madre y su cría, otras a las tres ballenas, y ocasionalmente, también al grupo de delfines. Mantuvimos nuestra distancia y las ballenas no parecían estar incómodas con nuestra presencia. Por el contrario, algunas veces la madre y su cría se acercaban a nosotros y, durante la segunda noche, pasaron mucho tiempo junto a la popa de nuestro barco, como si se sintieran protegidas ahí, en nuestra compañía

En el tercer día en Roca Partida, durante el final de nuestra segunda inmersión, estábamos buceando junto a las ballenas cuando un grupo de delfines pasó junto a nosotros a una gran velocidad, tan rápido que fue difícil fotografiarlos y mantenerlos en foco, aún cuando la luz era buena y tenía la cámara configurada para disparar lo más rápido posible en esas condiciones de iluminación.

Después de esta extraña escena con los delfines, sentimos que algo inusual estaba ocurriendo, pero seguimos buceando hasta que nuestros tanques estuvieran casi vacíos. Tan pronto estuvimos en la superficie, vimos dos grandes aletas dorsales aproximándose. Iban en dirección contraria a la de los delfines y justo hacia el punto en el que se encontraban las ballenas. Estábamos seguros de que eran orcas, dos orcas macho, y que iban dirigidas al ballenato, una de las comidas preferidas de estos cetáceos.


La madre y la otra ballena macho adulta pelearon con las orcas con una fuerza y determinación impresionantes, balanceando sus enormes aletas laterales y colas intentando golpearlas. Fuimos testigos de la batalla desde la relativa seguridad de nuestro bote inflable, pero a medida que la intensidad aumentaba, nos dimos cuenta de que estábamos demasiado cerca de la acción y tuvimos que alejarnos a una distancia más prudente.

Había tanta adrenalina en la atmósfera, que todos nos encontrábamos en estado de shock. El capitán nos ordenó que nadie entrara al agua, por lo que sólo pudimos observar desde la superficie, filmando y tomando fotos a ciegas, simplemente sumergiendo las cámaras y tratando de capturar alguna imagen de lo que estaba ocurriendo.

La estrategia final de las orcas resultó ser extremadamente inteligente. Una de ellas se aproximó a las ballenas por el frente, mientras la otra mantuvo su distancia, escondida. Cuando las dos ballenas vieron a la primer orca aproximarse, bloquearon su avance interponiéndose entre ésta y la cría, pero esta acción dejó al ballenato desprotegido desde la dirección en que la segunda orca estaba esperando; ésta tomó al ballenato y lo alejó de las ballenas adultas, que seguían distraídas con el avance de la primer orca.

Si esto fue un plan o mera improvisación por parte de las orcas, es un tema que les dejo a los biólogos marinos, pero para mí se vió como una estrategia meticulosa y no dudo que así haya sido planeada.

Cuando la madre ballena se dio cuenta de que había perdido a su ballenato, salió a la superficie a tomar aire y emitió uno de los sonidos más tristes que he escuchado en toda mi vida. Después de unos minutos volvió a la superficie y repitió el mismo largo sonido, lleno de melancolía.

Seguimos a las orcas hasta el sitio al que se habían llevado a la cría, a unos pocos kilómetros de donde se encontraban las ballenas adultas. Estoy seguro de que no era el único que guardaba la esperanza de que las ballenas vinieran al rescate de su cría, que aún estaba viva, aunque muy lastimada. Desafortunadamente esto no sucedió, las orcas fueron muy listas y muy fuertes. Devoraron al ballenato inmediatamente, dejando los restos para festín de tiburones y peces.

Después de estos eventos, algunos de los buzos decidieron que la expedición había llegado a su fin, algunos lloraron, mientras otros estaban aturdidos o asombrados por lo que acabábamos de presenciar. Esa tarde decidí bucear una última vez en el mismo lugar antes de dejar Roca Partida.

Debajo de la superficie se sentía como un campo de batalla, había un olor persistente y el agua estaba llena de partículas resultado de la pelea. La madre seguía en el sitio, totalmente afligida y nadando alrededor de Roca Partida con una mirada muy diferente a la que sus grandes ojos habían mostrado hasta entonces.

Algunos miembros de la tripulación, quienes habían estado navegando en esas aguas por más de diecisiete años, nos dijeron que jamás habían visto orcas. Nuestra teoría es que las orcas estuvieron siguiendo a la madre desde antes de que su cría naciera. También creemos que el próximo año, la madre regresará a estas aguas, con una nueva cría, y con una nueva oportunidad.

Después del shock y una vez que tuve la mente más clara, sentí que esto fue una gran lección, un recordatorio. Hasta ese momento, sólo me había enfocado en ver el lado hermoso y pacífico del océano, pero ese día, mi visión se expandió.

Aprendí que el océano ofrece todos esos momentos hermosos, llenos de vida y gozo, pero que también te puede quitar todo en pocos segundos, reemplazando la vida y belleza con violencia y muerte.

Una de las cosas más importantes que debemos recordar es que ese día en Roca Partida no hubo maldad. Aunque la escena fue devastadora, y sentimos una fuerte empatía y tristeza por la pérdida de la madre ballena, esta es la forma en la que el océano funciona, la forma en la que el universo funciona, esto es la vida. Quizás, poder experimentar la belleza en su más pura expresión, consiste en aceptar este conocimiento y en dejar ir.

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