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Siempre están metidas en rituales extraños.

La tradición es más fuerte que cualquier lógica y eso nos ha ayudado a preservar algunas costumbres interesantes. La gente afirma no creer realmente en estas cosas, pero de todas formas las practican, ¡no vaya a ser! ¿Algunos ejemplos? Las chicas embarazadas en México suelen usar un listón rojo o algún objeto metálico (un seguro de ropa o unas llaves suelen ser suficientes) cuando se acerca un eclipse de luna, para defender a sus hijos nonatos de los males de la astronomía; también tienden a poseer un exceso de calzones rojos y amarillos que reflejan sus deseos de verdadero amor o dinero para el Año Nuevo (dependiendo de la urgencia); y hay algunas otras que compran una imagen o estampita de San Antonio de Padua, le acondicionan un altar con un par de velitas, y lo colocan de cabeza hasta que les hace el milagrito de conseguirles al hombre perfecto. Estoy seguro que extorsionar santos debe estar penado en muchas culturas.

 

Todas tienen esta peculiar relación con sus madres.

Las consecuencias psicológicas de haber sido criados por una madre mexicana están presentes en todos nosotros, pero eso no significa que no podamos tener una relación funcional con ellas como buenos adultos. De hecho, tanto hombres como mujeres desarrollamos un fuerte apego hacia la madre y la familia, pero la relación que sobreviene es muy distinta. La relación entre madre e hija es una transición constante entre el amor y el odio absolutos. Mientras más cercanas son, más fuertes y evidentes son estos cambios y es común malinterpretar la complejidad de la relación si nos basamos en una observación puntual de su convivencia. Son como mejores amigas que ocasionalmente tienen algún malentendido… algún terrible y hormonalmente dramático malentendido.

 

Tienen habilidades extremas de maquillaje.

No hay un patrón general en lo que se refiere a la cantidad de maquillaje que las mexicanas utilizan. Algo entre discreto y moderado es lo usual en la mayoría de los casos, pero basta un viaje en Metro para darse cuenta que nunca falta quien apoya el estilo payaso. Lo que todas las mexicanas comparten son las técnicas avanzadas de maquillaje. Desde la maestría en el uso de la cuchara (o la tarjeta del Metrobús ¿por qué no?) para enchinarse la pestaña, hasta la asombrosa habilidad para realizar trazos perfectos con el delineador mientras viajan de pie en un microbus sin amortiguadores, todo esto evaluado a través de un espejito borroso que además está medio roto.

También quiero reconocer la paciencia y pericia de esas mujeres que transforman cada una de sus uñas en pequeñas obras maestras, aún cuando la mayoría de las veces terminan viéndose como pasteles de boda en miniatura. ¡Son lo máximo!

 

Son muy apasionadas… para bien y para mal.

Bajo circunstancias normales tienden a ser las mujeres más cariñosas, consentidoras y amorosas del mundo. Cualquiera que tenga -o haya tenido- una novia mexicana sabe que el nivel de sus demostraciones de afecto puede variar entre muy alto y casi asfixiante, lo cual es bastante bueno. ¿A quién no le gusta ser sofocado por el amor? Las mujeres mexicanas tienen todos y cada uno de los atributos que cualquiera podría desear… hasta que se enojan contigo, por supuesto.

Apasionada es también sinónimo de voluble. Tarde o temprano descubrirás que esos lindos ojos pueden contener al mismísimo infierno.

 

Son una autoridad sobre estilos de vida saludable.

Y no me refiero a ese pequeño problema que los mexicanos tenemos con la automedicación, eso es harina de otro costal. Las mujeres mexicanas son las mejores cuando se trata de remedios caseros: te de miel con limón o gordolobo para la garganta, manzanilla para el dolor de estómago y para conciliar el sueño, valeriana para los nervios, y aloe para todo lo demás. Nada resiste el embate de los tés y las infusiones de hierbas. ¡Nada!.

 

Les encanta la fiesta y saben como divertirse.

Si las chicas mexicanas pudieran ser definidas en una palabra, esa palabra sería alegres. Son desmadrosas, amigueras, escandalosas y siempre están dispuestas a pasar un buen rato y bailar hasta que el cuerpo aguante dada la oportunidad, ¡y oportunidades hay muchas!

 

¿Saben eso que siempre dicen sobre los mexicanos y llegar tarde?

No voy echarle a las chicas toda la culpa por este estereotipo (sé que todos los mexicanos nos esforzamos parejo para mantenerlo), pero tienen que reconocer que tienen algunos hábitos que juegan un papel fundamental en el tema. Empecemos por esa costumbre de decir que están listas cuando no han decidido ni que zapatos se van a poner. Cuando una mujer mexicana afirma estar lista para salir, lo único que está haciendo es darle un poco de cuerda a la paciencia de quien la espera. Si aún no trae su bolsa en el brazo, la partida no está tan cerca como ella afirma.

 

Ni delicadas, ni frágiles son buenos adjetivos para describirlas.

Las mujeres mexicanas han sido históricamente reconocidas por su temperamento fuerte y rebelde. Vivir en una sociedad en la que los problemas de género no son para nada desdeñables ha influenciado el carácter de las mexicanas; son decididas y se expresan abiertamente (no tienen pelos en la lengua, como dicen en mi rancho). Estas son algunas de las razones por las que no quieren tener a una mujer mexicana como enemiga.