Perder la paciencia.

Aquí vamos a otra velocidad y nos encanta. Disfrutamos de nuestras caminatas, de nuestras vistas y de ir saludando por el barrio a nuestros amigos. Gracias a esto hemos ganado una calidad de vida envidiable y, la verdad, es que nos estresamos bien poco.

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Pensar que aquí nunca hace frío…

Ten cuidado, que también tenemos una temporada de heladez que ha dejado a más de un ruso tapadito. La cantidad de humedad de Yucatán logra que a veces te duelan mucho los huesos y sientas mucho pero mucho frío, así que nunca estará mal empacar un abriguito.

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Pedir direcciones a los lugareños.

– ¿Cómo llego al centro?.
-Te vas todo recto chao, en la chopcalle viras a la izquierda. Ahí donde está el tendejón «La bendición de Dios» hay una calle perechita y te enfilas directo…
La verdad es que no somos los mejores dando direcciones y sólo entre nosotros nos entendemos. Nuestra recomendación es que saques el google maps…

 

No probar nuestros platillos típicos.

Sea cual sea el motivo de tu visita a Yucatán y, más allá del tiempo que te quedes, no puedes irte sin probar unos panuchitos, una sopita de lima, taquitos de cochinita o un pastelito de Tere Cazola. Por cierto y para que no te queden dudas: el panucho y el salbut no son lo mismo.

 

No visitar nuestros barrios con casitas de colores muy chulas.

Más allá de tu hotel, de las zonas arqueológicas o del primer cuadro de la ciudad hay hermosos barrios que sería una lástima que te perdieras. El barrio de Santiago es uno de los más bonitos y el barrio de Santa Lucía es de cajón.

 

Pensar que Mérida es una ciudad menor…

Tú vendrás de la CDMX, de Monterrey o de Guadalajara, pero aquí tenemos la ciudad más tranquila, más segura y más relajada del país.

 

Irte sin visitar una de nuestras grandiosas haciendas.

Todas se han convertido en hoteles de super lujo, donde si no te hospedas, bien puedes comer riquísimo. ¡No te las pierdas!

 

No aprender por lo menos una palabra en maya.

El maya en Yucatán no es un dialecto; es una lengua oficial y la habla mucha gente. Hasta en las ciudades nos sabemos al menos tres palabras en maya. De lo contrario, no seríamos yucatecos.

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Venir con camisas y zapatos cerrados.

Ya nos dan ganas de llorar por ti… Aquí hay que traer zapatos cómodos, crocs, sandalias, huaraches o esas que les encantan a los gringos.

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Irte del bar sin pedir la hach.

La hach es esa última copa, la que sella tu gran noche yucateca. En una de esas ni la tendrás que pagar.  

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Crédito imagen de portada: esparta