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El esperanto es una lengua “auxiliar” creada por el polaco Lázaro Zamenhof en 1887. Hoy se estima que existen 2 millones de hablantes en el mundo.

El pasado julio, se realizó en Buenos Aires el 99° Congreso Universal de Esperanto, un evento que reúne a esperantistas de todo el mundo con el objetivo de difundir, enriquecer y compartir esta lengua. El primer congreso se había realizado en Francia en 1905 y desde entonces se ha repetido en distintas latitudes.

Este año, tres amigos, Juan Pablo, Jorge y Francisco, tuvieron una idea: organizar, por primera vez en la historia, una selección de fútbol de Esperanto. Los chicos forman parte del colectivo Bola sin manija,que consta de un blog, un programa de radio y una editorial donde tratan aspectos no convencionales del deporte. Jorge, además, es esperantista. Cuando se enteraron de que Buenos Aires iba a ser la sede del Congreso de Esperanto, les apareció una oportunidad única de cumplir uno de sus tantos sueños: dirigir una selección. Y allí fueron. Llevaron la propuesta a los organizadores del Congreso, hicieron una convocatoria para reunir a los jugadores y el 31 de julio, con 19 camisetas listas, debutaron en un partido amistoso con la selección de Armenia. El encuentro* fue bautizado “Copa Hermandad Internacional”.

El partido terminó 8 a 3 a favor de Armenia, un resultado que no pudo opacar la alegría de haber puesto el proyecto en marcha. El proyecto continúa: los chicos están tramitando la inscripción en la no-FIFA y es muy probable que el año que viene viajen al Congreso que se realizará en Lille (Francia).

A continuación, podrás leer sobre algunas curiosidades sobre el Esperanto y las peripecias que tiene la organización de eventos de cultura alternativa, en la voz de estos tres amigos que se propusieron, una vez más, redefinir lo posible/imposible.

 

La idea.

Jorge: Cuando supimos que el pueblo gitano, los hablantes de arameo o los separatistas del Camerún Meridional tenían su selección, nos decidimos a crear una. Yo soy esperantista desde el 2000, y los demás chicos de Bola sin manija habían aprendido previamente algo de Esperanto conmigo.

Francisco: Todos los inventos son meros descubrimientos de cosas que están ahí, en frente de la vista. Seguíamos a la No-FIFA y otras organizaciones y sus copas alternativas. Teníamos una pata en el mundo del esperanto. Y como nos hemos acostumbrado a que se nos atrofie la hormona de los parámetros de lo posible/imposible, lo hicimos.

 

Un equipo de muchas naciones, con una lengua en común.

F: Fue un lío de comunicaciones a distancia para comprometer a los interesados, reunirlos, conseguirles botines a algunos, conocerlos, explicarles, conseguir horarios, etc.

J: Hicimos una única práctica el día que llegaba toda la gente al congreso. Allí delineamos un equipo titular en el que se mecharían los suplentes. Decidimos que los diecinueve jugaran, sobre todo por el esfuerzo y la onda que le habían puesto a la propuesta. Hubo gente que literalmente bajó del avión y vino al entrenamiento después de estar casi dos días viajando. Jugamos con una base argentina completada con gente de Cuba, Alemania, Brasil, Congo, Rusia, Nicaragua, Colombia. Impresionante.

 

El partido: nunca antes una tribuna se había llenado con banderas de Esperanto ni se habían escuchado cantos tribuneros en Esperanto.

J: Se superó toda expectativa. Por ejemplo, cuando nos íbamos para la cancha, se armó una especie de despedida en el lobby del Hotel Panamericano, donde tuvo lugar el congreso. Unas treinta personas de todo el mundo cantando, aplaudiendo y ocupando todo el hall para sacarse fotos con el plantel que los iba a representar. Esa salida del hotel ya fue surrealista, y es algo que no voy a olvidar nunca. (…) Como esperantista con muchos años en el movimiento, yo sentí que se estaba dando un hecho realmente histórico. El Esperanto ha tenido picos de popularidad en el siglo XX, recibió declaraciones favorables de UNESCO, apareció en películas, lo han hablado varios famosos, y se han realizado congresos más que numerosos, pero nunca una tribuna se había llenado con banderas de Esperanto ni se habían escuchado cantos tribuneros en Esperanto. Yo soy un ferviente convencido de que el Esperanto no debe ser elitista ni limitarse al ámbito académico-intelectual-artístico, sino que debe permear en toda la cultura.

Juan Pablo: Yo soy una persona muy miedosa e insegura y cuando todo se puso en marcha me asusté un poco porque estábamos involucrando a mucha gente (jugadores, público, amigos, árbitros, activistas del esperanto, la comunidad armenia) en algo que podía entenderse como un chiste nuestro llevado muy lejos. Después me fui dando cuenta de que todo el mundo estaba en la misma sintonía relajada y buena onda y me tranquilizó. Ya en el partido, ver la tribuna ocupada por banderas verdes y por gente de todo el mundo apoyándonos me emocionó. Me di cuenta de que habíamos hecho algo muy lindo. Más allá de cómo saliera el partido, habíamos creado un punto de encuentro para los esperantistas, donde celebrar su ideal, su comunidad, y me sentí parte de todo eso.

F: A mí me gustó llegar al estadio cuando no había nadie y ver cómo la historia se iba construyendo al pasar los minutos. Me sorprendió verme a mí mismo como un técnico real, conversando con el juez de línea, dando indicaciones, pensando tácticas, eso fue increíble… Fue la confirmación de que todo era real.

 

La inconsciencia, ese motor infalible.

J: Siempre somos muy optimistas en lo que hacemos y esa visión algo infantil y simplista del éxito tan alcanzable nos da la fuerza para empezar a movernos hacia los objetivos. Luego, cuando algunas cosas se complicaban (en cierto momento se venía la fecha y no conseguíamos cancha, luego teníamos cancha pero se anotaban pocos jugadores, y ya sobre la fecha del partido había una amenaza de lluvia que, de concretarse, tiraba todo al piso haciendo añicos el sueño), la gloria más fantástica y la frustración más demoledora convivían como Jekyll y Hyde en mi cabeza. Eso duró hasta una hora antes del partido.

JP: Mi relación con el esperanto antes de esta experiencia era de simpatía pero no mucho más. Conocía algunas palabras y frases, nada más. Ahora estoy muy comprometido con el proyecto. Cuando aparecieron las camisetas y las camperas de DT me di cuenta que era real y que no había vuelta atrás. Durante el reconocimiento que nos hicieron en la ceremonia de clausura del congreso universal me di cuenta de que esto tiene que seguir, que puede ser bueno para el esperanto, que  tener una selección de fútbol ayuda a difundir este bello idealismo, y para mí es un honor ser uno de los responsables del equipo.

F: Si miro para atrás y veo todo lo que costó, quizás no pensaría en hacerlo. Pero por suerte somos varios en este grupo y nos empujamos, y tenemos ese nivel de inconsciencia que nos permite avanzar con cualquier proyecto, y no darlo por imposible antes de intentarlo. La experiencia nos dice que no es tan imposible generar cosas desde el empuje. Si uno tiene ganas de algo, tiene la gente indicada alrededor, con constancia y seriedad es muy posible que sean más las veces que logre cosas que las que se frustre. Así que chicos y chicas, ¡inténtenlo en sus casas!

 

*La “Copa Hermandad Internacional” estuvo organizada por el CSANF (Consejo Sudamericano de Nuevas Federaciones), el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el Comité de Buenos Aires de los Juegos Panarmenios, la Unión General Armenia de Cultura Física y el programa de radio “Bola sin manija”; y contó con el apoyo del INADI (Instituto Nacional contra de Discriminación, la Xenofobia y el Racismo).