Y encontramos doce cosas que, vaya donde vaya, no le pueden faltar.

1. Pantalones vaqueros


¡No podría vivir sin ellos y menos cuando estoy de viaje! La cantidad que llevo depende de los días que voy a estar fuera, ya que para mí son la prenda más versátil que hay. Los puedo combinar de mil maneras, obteniendo siempre más o menos lo que busco según con los complementos con el que los combine.

No será la primera vez que me surge una cena un poco más formal en un viaje y me salvan la noche si los combino con una camiseta básica y merceditas, para lograr ese look que llaman “arreglada pero informal”.

 

2. Pantalones Aladino

Otra de las prendas que nunca faltan en mi maleta, a no ser que el viaje sea a Islandia o en invierno.

Son ligeros, cómodos y fresquitos y tienen todo lo que busco en una prenda para viajar (¡y lo mejor es que no hay que plancharlos!). ¿Qué más se puede pedir cuando estás fuera un mes y lavas a mano en la bañera de la guesthouse sin posibilidad alguna de planchar?

Y encima son súper cómodos cuando viajas a lugares en los que no se pueden enseñar las piernas. Sólo hace falta bajar un poco la cintura, estirar la goma de las piernas y tachán, ya tienes unos pantalones largos.

 

3. Camisetas básicas de colores neutros

Para combinar con los vaqueros y los pantalones Aladino. Normalmente siempre viajamos a lugares en los que el tiempo es templado, por lo que son de manga corta y siempre intento que sean negras, blancas o marrones, colores bastante básicos y que utilizo habitualmente y así las puedo combinar perfectamente con cualquier pantalón, ya sea estampado o liso.

 

4. Cortavientos/Chubasquero

Otro imprescindible y es que nunca se sabe cuando te puede hacer falta, ya sea por lluvia o frío. Además ocupa y pesa muy poco, por lo que no supone ningún espacio extra en la mochila. No puedo contar las veces en las que agradecí haberlo metido a última hora en la mochila, a pesar de que nos íbamos a un destino caluroso.

Suelo utilizar la marca North Face, aunque últimamente he encontrado muy buenas ofertas y de calidad en Decathlon.

 

5. Túnica


No sin mi túnica”. Esa soy yo cuando hago la maleta o la mochila. Y es que es una de mis prendas fetiche. Son comodísimas y versátiles.

Me gustan un poco largas, a mitad de la pierna y así les doy un doble uso, con leggins para el día a día de visitas y sobre el bikini para la playa o piscina.

Siempre intento llevarme las que tienen un tejido más fácil de lavar y no necesitan plancha para ahorrar tiempo y quebraderos de cabeza.

 

6. Leggins


Ocupan poquísimo y no pesan nada, así que se han convertido en otra de las prendas imprescindibles en mi mochila.

Combinadas con una túnica me arreglan el día y, si en el viaje cambiamos a una zona en la que haga mucho más frío, siempre las puedo utilizar debajo de los vaqueros como si fuesen unos leotardos. Hay que agudizar el ingenio cuando se trata de cargar más o menos peso en la mochila.

No olvidemos que no es lo mismo un viaje tipo vacaciones, en el que no te mueves del destino y da igual que lleves una maleta que dos, que un viaje de un mes en el que cada día cambias de destino, moviéndote en transporte local.

En este caso cada gramo cuenta y os aseguro que te acuerdas hasta de la madre del vaquero que metiste en la mochila a última hora “por si acaso”.

 

7. Botas de trekking


Sabiendo como sé que en todos nuestros viajes lo que menos hacemos es descansar, esta es otra de las prendas básicas que entra de las primeras en la mochila.

No quiero ni acordarme del día que llegamos a Las Vegas y después de un par de semanas rollo montañera por los Parques Nacionales de la Costa Oeste de Estados Unidos quise ponerme un poco más mona y me puse unas merceditas.

Aún recuerdo las ganas de llorar que tenía después de todo el día recorriendo The Strip…

Desde aquel momento, no viajo jamás sin mis botas.

 

8. Pendientes

Lo sé, no es algo imprescindible, pero para mi son más importantes que cualquier otra cosa y es que sin ellos parece que me falta algo.

Será porque tengo el pelo corto, pero enseguida noto si no los llevo, así que en los viajes no falta dentro de la mochila una cajita con dos o tres modelos. A veces llevo más pendientes que ropa. Mmm, ahora que lo pienso, ¿Tendré alguna obsesión con esto?

 

9. Sandalias

Igual que las botas de trekking, las sandalias son un imprescindible en mi mochila (sólo si viajo a un destino que hace calor). Nunca llevo sandalias “bonitas”, ya que para mi no son la mejor opción para pasarme horas y horas andando.

Siempre llevo algunas de la marca Birkenstock, que aunque son algo más caras que el resto, son con las que siento mejor. Con ellas parece que voy como en zapatillas de estar por casa.

10. Neceser

Pese a que podría comprar todo en el destino, siempre llevo conmigo un pequeño neceser con un bote pequeño de gel de baño, otro de champú, desodorante, crema hidratante, cepillo de dientes y pasta dentífrica.

Tenga la duración que tenga el viaje siempre llevo botes pequeños y cuando se acaban compro o voy utilizando los que hay en los hoteles.

El peine, el cepillo y el secador es algo que nunca llevo encima, aunque claro que tampoco lo necesito (a propósito, ¡pelo corto es de lo más cómodo para viajar!).

 

11. Botiquín

Otra de las cosas que entran primero en la mochila, aunque el viaje sea de pocos días. Aunque viajo siempre con seguro, uno anual contratado con RACC, y sé por experiencia que estoy cubierta ante cualquier problema médico, en India ya tuve una mala experiencia, así que voy más tranquila llevando mis propios medicamentos.

Llevo ibuprofeno, paracetamol, un antibiótico genérico, gasas, tiritas, buscapina y salbutamol (soy asmática, así que esto último nunca falta en mi botiquín).

 

12. Portátil, disco duro, cargadores y demás cachivaches para mantener el blog.

Si mi mochila pesa lo mismo para un viaje de 7 días que para uno de 30, lo que tampoco cambia es la serie de cachivaches que llevo para mantener actualizado el blog y es que desde que tenemos Viajeros Callejeros, nuestros viajes han cambiado un poco, ya que ahora, durante el día, vamos tomando notas de todo lo que vamos haciendo, incluidos muchos detalles, que si no los apuntásemos después en casa seríamos incapaces de plasmarlos en las guías de viaje que publicamos.

Ahora recuerdo con nostalgia las noches de antes, cuando aún no teníamos el blog, cuando llegaba al hotel, reventada de estar todo el día caminando y caía como muerta en la cama hasta el día siguiente.

Ahora hay que revisar las notas, descargar las fotos, editarlas, subirlas a las redes sociales, revisar el email…

Es mucho trabajo, pero me gusta y mucho. Sin duda, no hay nada más reconfortante que poder decir que trabajo en lo que realmente quiero y me hace feliz.