A cuarenta kilómetros de Comitán y a unas dos horas de San Cristóbal de las Casas se encuentra El Chiflón, un conjunto de cascadas que conforman uno de los espectáculos naturales más impresionantes de Chiapas —y me atrevería a decir que de todo México. El Suspiro, Ala de Ángel, Velo de Novia, Arcoíris y Quinceañera son los nombres con los que se les conoce a cada uno de los impresionantes saltos que el río San Vicente forma en su trayecto a través de este centro ecoturístico. Si estás planeando una visita a Chiapas, haz espacio en tu agenda y dedícale un día a recorrer los senderos de El Chiflón. No te vas a arrepentir.

 

El Suspiro y Ala de Ángel

Photo: Rulo Luna

La entrada al centro ecoturístico cuesta $30 pesitos. Prácticamente nada si se toman en cuenta las excelentes condiciones en que se mantienen los caminos —todo está increíblemente limpio— y la infraestructura de los distintos miradores. Apenas pones pie en el sendero y ya estás caminando junto a esas aguas de un azul medio glacial, que contrasta con el verde del bosque tropical chiapaneco. Esta es el área más concurrida, ya que muchas personas de los alrededores vienen a hacer días de campo y a echarse el chapuzón obligatorio para quitarse el calor. Obviamente, está prohibido usar jabón. En esta área también hay cabañas donde te puedes hospedar y un restaurante con comida típica.

A unos minutitos de la entrada están El Suspiro y Ala de Ángel. Estas son las cascadas más discretas del complejo, pero eso no les quita espectacularidad. Ala de Ángel —la de la foto de arriba— tiene una cortina bastante extendida y podría ser el espectáculo principal de cualquier otro sistema de cascadas en México, pero no aquí.

 

Velo de novia

Photo: Rulo Luna

Esta es la cascada que vas a recordar cuando pienses en El Chiflón. Velo de Novia tiene una caída vertical de más de 70 metros. Algunas fuentes hablan de 120 metros, pero pienso que eso es contando los escalones que tiene del lado izquierdo de la base (en la foto de arriba no se ve, pero detrás de ese mirador hay una poza bastante grande). Esta cascada se alcanza a ver desde la carretera desde un ratito antes de llegar al parque ecoturístico.

Hay varios miradores alrededor. En todos te vas a mojar, pero vale la pena acercarse lo más posible para tener una buena noción del tamaño de la cascada y para sacar la foto del recuerdo. Creo que el mirador de la foto de arriba es el bueno porque no te mojas tanto y puedes abarcar toda la cascada en una misma foto.

El color azul turquesa de las pozas se debe a los minerales de las rocas sedimentarias que conforman el lecho del río. La coloración es más intensa durante la época de secas, pero la fuerza de las cascadas se vuelve más imponente una vez que empiezan las lluvias.

 

Arcoíris

Photo: Rulo Luna

Después de Velo de Novia el camino se vuelve un poco más empinado y es posible que quieras estirar las piernas un poquito antes de seguirle. De esta zona del sendero salen los paseos en tirolesa que son la vía rápida para regresar a la entrada. Después de la tirolesa y de ganar unos buenos metros de altitud, llegarás a una bifurcación donde está señalizado el mirador de la cascada Arcoíris.

Este es otro mirador espectacular que te acerca más de lo que esperarías a la segunda caída más grande de El Chiflón. La brisa en el mirador no es para nada desdeñable y sacar una foto va a requerir de una buena estrategia de tu parte (llévate una bolsa hermética para tu teléfono o cámara y un trapo para secar el lente). Desde aquí tienes una buena panorámica del bosque tropical que enmarca el río San Vicente y también puedes ver muchas de las pozas que se forman en la base de las distintas caídas.

Cuando visité El Chiflón —mediados de mayo—, cientos de golondrinas estaban anidando en las rocas que sobresalen de la cascada Arcoíris. Como si el paisaje no fuera lo suficientemente espectacular por sí mismo.

 

Quinceañera

Photo: Rulo Luna

El último tramo del sendero es el más inclinado, pero el último mirador hará que te olvides del sufrimiento de forma casi inmediata. La cascada quinceañera no tiene mucha altura, pero su cortina tiene una forma muy particular que la hace sumamente vistosa. No sé si de ahí le venga el nombre, pero a mí sí me remite a un vestido bombacho de fiesta.

Este es el punto en el que hay que comenzar el camino de regreso. Si el tiempo lo permite, vale la pena detenerse de nuevo en cada uno de los miradores —la hora del día y las condiciones ambientales hacen que el espectáculo cambie a cada rato. Antes de salir del parque, puedes hacer una parada técnica en el puesto de cocos que está junto a la caseta de cobro. Merecido te lo tienes.

 

Otras cosas a tener en cuenta:

  • Hay dos rutas distintas para acceder a las cascadas, una de cada lado del río. Yo subí por la ruta de la derecha.
  • La caminata hasta la última cascada puede ser bastante extenuante si no haces ejercicio. Llévatela con calma.
  • No es una experiencia adecuada para personas de movilidad reducida.
  • Considera horpedarte en las cabañas del lugar o en Comitán. El camino a San Critóbal no es tan largo, pero para disfrutar de las cascadas sin tanta prisa es mejor estar cerca.
  • No hay tanta gente como esperarías, pero trata de que tu visita sea entre semana para evitar multitudes.