1. A mordidas

Esta es bastante simple: vas al refri, seleccionas un habanero, le das una lavadita, te sientas en la mesa previamente servida, le das una mordida a tu comida, miras al habanero a los ojos, sin miedo, luego le das un llegue y así te la vas llevando combinando sabores.

Esta forma sólo es recomendable para los que ya tienen un tiempo comiendo habanero, pues al tomar el habanero con las manos para morderlo tu piel se impregna con un poco de su magia y si hace contacto con alguna parte sensible como los ojos, por ejemplo… ¡ay, terminarás llorando amargamente!

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2. Picado con limón y un toque de sal

Perfecta para cuando tienes prisa. Sólo debes picar el habanero en cuadritos, ponerlo en un recipiente, echarle un limón, un toque de sal y ¡listo! Este lo puedes encontrar en casi todas las cocinas económicas y algunos restaurantes.

 

3. Con xnipec

Xnipec significa “nariz de perro” en maya yucateco. ¡Y la razón es muy sencilla! Después de probarla tu nariz va a estar sudando e igual de húmeda que la de un perrito. Mezcla tomate, cebolla, cilantro, limón o naranja agría, un toque de sal y por supuesto habanero. El resultado es delicioso y va muy bien con carne asada o tikin-xic.

 

4. Tamulado

La preparación de esta salsa es ligeramente más compleja que las anteriores. Primero toreas algunos habaneros junto con unos dientes de ajo y, cuando ya estén listos, los pones en un molcajete, le echas un poco de naranja agria y sal, tomas el temolote y te pones a darle contra el prehispánico mortero como si tu vida dependiera de ello. Cuando quede como una pasta puedes detenerte y disfrutar de su sabor…

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5. Chiltomate

Se dice que esta salsa es una de las primeras en el mundo elaborada con jitomate cocido. En un comal pones cuatro tomates, dos habaneros y media cebolla. Cuando estén ligeramente asados los pasas a la licuadora, le echas un poco de cilantro, sal, los licuas y listo. Al momento de servir le pones un poco de cilantro para coronarlo. Perfecta para un poc-chuc o el tradicional frijol con puerco.

 

6. Chile kut

Es muy similar al tamulado: Asas los chiles con ajo y los pones en una licuadora, le echas sal y, si vas a preparar para uno o dos días, le puedes poner limón o naranja agria. Si tu meta es conservarlo durante varios días, reemplaza el limón por vinagre, enfráscalos y mételos al refri una vez que se enfríen. Te puede durar meses sin echarse a perder, son deliciosos y pueden acompañar a cualquier platillo.

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7. Curtido

De todas las recetas que estamos compartiendo, esta quizá sea la más compleja. Cortas cebolla morada en gajos grandes y pelas unos dientes de ajo. En una olla echas aceite de oliva y, una vez que ya esté caliente, agregas el ajo, la cebolla y los chiles (si gustas puedes ponerle también zanahoria cortada en rodajas). Fríes por cinco minutos, le agregas tres tazas de agua, clavo, comino, orégano, sal, pimienta y vinagre. Lo dejas hervir por media hora, moviéndolo ocasionalmente y, una vez frío, puedes disfrutarlo con unas tortas de pavo o con tus sándwiches favoritos.

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8. En polvo

Con este puedes ir al mercado más cercano y comprarlo, es económico y muy rico. Revisa que te lo den puro y no rebajado con sal, ya que eso lo puedes hacer tú después si pica mucho para tu gusto. Este sabe muy bien con la cochinita o con las chinas (naranja dulce) o guayas, también es típico que las mestizas que venden elotes en el centro te den una bolsita con chile cuando le compras.

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9. Toreado

Antes de comer, pones en el comal uno o varios chiles habaneros hasta que estén asados, también puedes ponerlo directo al fuego de la estufa, así es incluso más rápido. Después lo vas cortando conforme vas comiendo. Un sabor diferente y especial…

 

10. Salsa negra

Fuera de lo tradicional, esta salsa oscura tiene un sabor ahumado, casi como a leña, fruto de la cocción a altas temperaturas. Es perfecto para acompañar con carne o con verduras a la parrilla. Algo bueno de esta salsa es que su sabor es más grande que su picor, con ella puedes irte acostumbrando a comer este picante distintivo de Yucatán.