Año con año, cuatro días antes del miércoles de ceniza, los habitantes del pueblito de Tepoztlán («lugar de las piedras quebradas»), se visten de gala para celebrar el carnaval más famoso del estado de Morelos y de la zona central de México. Este breve ensayo fotográfico te trasladará hasta la esencia misma de esta vistosa y alegre tradición que debes vivir al menos una vez en la vida.

Todas las fotos son propiedad del autor.

Desde muy temprano, las calles se visten de colores para recibir a miles de visitantes provenientes de la Ciudad de México, Cuernavaca y otras poblaciones vecinas. ¡Hay que llegar temprano para ubicarse en un buen lugar!

Tepoztlán está de fiesta y todos los comercios se decoran con elementos representativos del carnaval.

Los personajes principales del carnaval son los chinelos: tepoztecos disfrazados con un traje de túnica negra, adornado con historias indígenas bordadas con lentejuela y chaquira.


 

El tradicional y cónico sombrero del chinelo es una artesanía impresionante. Un sombrero sencillo cuesta unos 15,000 pesos y los de mayor elaboración pueden llegar a costar hasta 40,000 pesos.

Los chinelos recorren las calles en pequeños grupos llamados comparsas, organizadas de acuerdo al barrio al que pertenecen, y se dirigen a la plaza del pueblo.

Con el majestuoso cerro del Tepozteco como fondo, una a una las comparsas ingresan a la plaza con su banderín de barrio y su propia banda.

Algunas comparsas son lideradas por el animal representativo de cada barrio, como el sapo del barrio de Santo Domingo.

Con la plaza abarrotada de chinelos, las comparsas dan vueltas para que los visitante puedan apreciarlos y fotografiarlos, en una especie de presentación ante el público.

Una vez terminada la presentación empieza la fiesta. La gente puede ingresar a la plaza a danzar “el brinco”, la especialidad de los chienlos. No por nada su nombre en náhuatl significa «el que mueve bien los pies y la cadera”.

La música de las bandas, la alegría de la gente, los personajes de ensueño y la energía que se genera hacen que hasta el más ecuánime brinque sin parar.

“El brinco” se danza incansablemente hasta entrada la noche, cuando las comparsas regresan a sus barrios entre fuegos artificiales. Y así el día siguiente y por cuatro días seguidos: carnaval hasta desfallecer, al más puro estilo tepozteco.