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¿Por qué debería ofrecer disculpas el rey de España a los pueblos nativos de México?

México
by Xiu 26 Mar 2019

El último 25 de marzo Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, recordó —en vísperas de los 500 años de la llegada de los españoles a nuestro territorio—, que aquel choque cultural no fue un trámite que se dio en paz y sin daños, sino que, por el contrario, fue un capítulo en la historia escrito con sangre y fuego.

Recordarlo para los mexicanos es tan necesario como lo es para los estadounidenses recordar a sus padres fundadores, o para los españoles su herencia árabe, así que en una fecha tan importante —a 500 años del encuentro de dos mundos—, no está de más recapitular el cómo llegamos a este punto.

A algunos les parecerá ocioso hablar de estos temas, bajo el argumento de que “ya pasó y hay que superarlo”, como si la historia del mundo por haber ocurrido hace siglos y milenios no debiese ser contada. Otros, por el contrario, lo asumen como una deuda pendiente o un suceso que vale la pena estudiar por el simple hecho de acrecentar su acervo cultural.

Pero ¿a qué se refiere el presidente de México cuando le solicita al rey de España que ofrezca disculpas a los pueblos nativos? Muy sencillo, se refiere a los abusos cometidos por la ocupación militar de los españoles durante 300 años, en los que despojaron a los nativos de sus imperios, reinos, ciudades, pueblos, casas y tierras, así como de su religión, recursos y lugares sagrados, que pasaron a ser administrados por sus virreyes a través de sus distintos representantes.

Ojo, que estas disculpas no involucran a todo el país, sino a los descendientes de los pueblos nativos que los últimos 500 años se han visto desplazados y discriminados, como si fueran extranjeros en su propia tierra.

Pero mejor veamos algunos ejemplos de los actos cometidos por los españoles en esos 300 años, para que así puedas decidir si es justa o no una disculpa.

Batalla de Centla

El 14 de marzo de 1519 Cortés desembarcó junto a su ejército en Punta de los Palmares, a media legua del pueblo maya de Potonchan, con la firme intención de tomarlo.

Como era típico de los españoles, Cortés les ofreció la salvación de su alma, bajo la amenaza de que, de no rendirse, tomaría el pueblo por la fuerza y los mataría, petición que enardeció a los mayas, quienes advirtieron que acabarían con su ejército si llegaba a intentarlo.

Finalmente Cortés tomó el pueblo por la fuerza y solo porque a él se le dio la gana:

«…En los cues de aquel patio mandó Cortés que reparásemos y que no fuésemos más en seguimiento del alcance, pues iban huyendo, y allí tomó Cortés posesión de aquellas tierras por Su Majestad y … en su real nombre, y fue desta manera: Que desenvainada su espada, dio tres cuchilladas en señal de posesión en un árbol grande que se dice ceiba, que estaba en la plaza de aquel gran patio…».

(Bernal Díaz del Castillo “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España”)

Alianza con los totonacas en Cempoala

En su avance hacia Tenochtitlan, los españoles llegaron a Cempoala, la capital totonaca que, por cierto, era tributaria de los mexica, por lo que Cortés no dudó en buscar una alianza estratégica con ellos. Así, bajo la amenaza de unirse o de perecer, convenció a los totonacas para brindarles hombres y recursos.

Pero el costo no fue bajo: los totonacas debieron primero derribar las esculturas de sus dioses y colocar las cruces y vírgenes de los españoles en su lugar, así como jurarle lealtad a su rey, cosa que los nobles de Cempoala no aceptaron de buena gana, pero finalmente tuvieron que hacerlo, pues Cortés los había amenazado de muerte.

Matanza de Cholula

Una vez negociada la alianza con los totonacas y los tlaxcaltecas, Cortés se dirigió a Cholula, una ciudad sagrada en aquel entonces y que además era aliada de Tenochtitlan y, al comprender que una alianza ahí era imposible, optó por tratar de intimidar a Moctezuma atacando a la población .

«…pelearon cinco horas porque, como los del pueblo estaban armados y las calles con barreras, tuvieron defensa. Quemaron todas las casas y torres que hacían resistencia. Echaron fuera toda la vecindad; quedaron teñidos en sangre. No pisaban más que cuerpos muertos. Se subieron a la torre mayor, que tiene ciento veinte gradas, hasta veinte caballeros, con muchos sacerdotes del mismo templo; los cuales con flechas y cantos hicieron mucho daño. Fueron requeridos, pero no se rindieron, y así, se quemaron con el fuego que les prendieron, quejándose de sus dioses cuán mal lo hacían en no ayudarlos ni defendiendo su ciudad y santuario. Se saqueó la ciudad. Los nuestros tomaron el despojo de oro, plata y pluma, y los indios amigos mucha ropa y sal, que era lo que más deseaban, y destruyeron cuanto les fue posible, hasta que Cortés mandó que cesasen. Aquellos capitanes que estaban presos, viendo la destrucción y matanza de su ciudad, vecinos y parientes, rogaron con muchas lágrimas a Cortés que soltase a alguno de ellos, para ver qué habían hecho sus dioses de la gente menuda; y que perdonase a los que quedaban vivos, para volverse a sus casas…».

(Francisco López de Gomara, “Historia de la conquista de México”)

Matanza de Tóxcatl

Entre el 20 y 22 de mayo de 1520, después de haber apresado a Moctezuma en su propia ciudad, Cortés se sintió más seguro de haber consumado la invasión. Por ello, y en una ocasión en que la tuvo que regresar al actual puerto de Veracruz, dejó al mando a Pedro de Alvarado, quien vio la oportunidad perfecta para intimidar a los mexica, quienes durante la celebración de una fiesta y estando desarmados, fueron atacados por los españoles a sangre fría y sin remordimiento:

«Al momento todos [los españoles] acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos, con las espadas los hieren. A algunos les acometieron por detrás; inmediatamente cayeron por tierra dispersas sus entrañas. A otros les desgarraron la cabeza: les rebanaron la cabeza, enteramente hecha trizas quedó su cabeza.

Pero a otros les dieron tajos en los hombros: hechos grietas, desgarrados quedaron sus cuerpos. A aquéllos hieren en los muslos, a éstos en las pantorrillas, a los de más allá en pleno abdomen. Todas las entrañas cayeron por tierra Y había algunos que aún en vano corrían: iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos. Anhelosos de ponerse en salvo, no hallaban a donde dirigirse…».

(Miguel León-Portilla “La visión de los vencidos”)

¿Suena espeluznante? Son las cosas que Cortés no cuenta en sus cartas de relación y que llegaron a nuestros tiempos como testimonio de nativos que tuvieron la confianza de contarle a algunos detractores del capitán español, como los textos de Fray Bartolomé de las Casas, que nos cuentan que hubo numerosas fiestas en las que los españoles actuaron de igual forma como a continuación se relata:

«…e comienzan con las espadas desnudas a abrir aquellos cuerpos desnudos y delicados, e a derramar aquella generosa sangre, que uno no dejaron a vida…

…fue una cosa ésta que a todos aquellos reinos y gentes puso en pasmo y angustia y luto e hinchó de amargura y dolor; y de aquí a que se acabe el mundo o ellos del todo se acaben, no dejarán de lamentar y cantar…»

Pero las matanzas y aberraciones de los españoles son peores de lo que imaginas y por ello nos relata sin temor los horrores cometidos:

«Otra vez, este mesmo tirano fue a cierto pueblo que se llamaba Cota, y tomó muchos indios e hizo despedazar a los perros (darles de comida) quince o veinte señores y principales, y cortó mucha cantidad de manos de mujeres y hombres, y las ató en unas cuerdas, y las puso colgadas de un palo a la luenga, porque viesen los otros indios lo que habían hecho a aquellos, en que habría setenta pares de manos; y cortó muchas narices a mujeres y a niños…».

(Fray Bartolomé de las Casas “Brevísima Relación de las Indias”)

Posterior a la caída de Tenochtitlan y el sometimiento de otras ciudades, la historia no dejó de escribirse y aún algunos escribanos nativos lograron plasmar lo que sucedió cuando los españoles tomaron el poder, como es el caso del códice Kingsborough, que es un compendio de manuscritos nahuas y mayas que ordenó copiar Lord Kingsborough en el siglo XIX para integrarlos en una obra titulada Antiquities of Mexico (Antigüedades de México).

En este códice podemos apreciar una escena bastante cruda, aun para ser solo una ilustración: un encomendero que sostiene un palo con una mano, mientras que con la otra tiene por el cabello a un nativo que también tiene la boca llena de sangre que ha dejado caer por su cuerpo.

El Manuscrito del aperreamiento se trata de una sola hoja documentada en el año de 1560 y que relata hechos acontecidos en 1523. Actualmente se encuentra resguardado en la Biblioteca Nacional de Francia y muestra uno de los castigos más abominables de los que se tenga registro.

En la parte central de la hoja se puede apreciar a un sacerdote atado mientras lo ataca y devora un perro de guerra mientras, a su derecha, seis nobles esperan su turno para recibir la misma tortura.

Las víctimas de este inhumano castigo son parte de la nobleza de Cholula y, entre aquellas, la principal es el sacerdote más importante de Cholula Tlal Chiach Teotzin, a quien Cortés regresó a castigar después de haber destruido Tenochtitlan.

¿Qué tan heroica y pacífica te parece ahora la hazaña de Cortés?

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