Después de la Basílica de San Pedro, en Roma, la Basílica de Guadalupe es el segundo templo más visitado del mundo. Las peregrinaciones a la Villa de Guadalupe son multitudinarias: recibe cada año unos 40 millones de visitantes entre peregrinos y turistas y, tan solo el 12 de diciembre de 2018, se contabilizaron 10 millones 603 peregrinos.

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La Basílica está ubicada al pie del Cerro del Tepeyac, cuya moderna construcción fue perfilada para acoger a 10.000 fieles en su interior y que cada uno pueda, desde cualquier punto, admirar la famosa imagen que, según cuenta la historia de la fe católica mexicana, se grabó en el ayate de un indígena (ahora santo) llamado Juan Diego, a quien se le apareció la virgen cuatro veces para pedirle que allí se le edificara una iglesia.

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Su nombre oficial es la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe y se comenzó a construir, tal como hoy día la conocemos, en 1974. Fue diseñada por los arquitectos José Luis Benlliure, Pedro Ramírez Vázquez, Alejandro Schoenhofer, Fray Gabriel Chávez de la Mora y Javier García Lascuráin, e inaugurada el 12 de diciembre de 1976.

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Se cuenta que el diseño de planta circular, destacado por su techumbre de láminas de cobre (que con el tiempo se sabía que tendrían un tono verdoso), se hizo pensando en recordar a los católicos el color del manto de la Virgen de Guadalupe.

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Cada año, antes de la gran fiesta de diciembre y entre el 10 y 12 de octubre, inician las peregrinaciones más numerosas que vienen de todas partes del país, aunque durante todo el año hay constantes peregrinaciones a la Villa de Guadalupe.

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Esto no es de extrañar, si pensamos que el Cerro del Tepeyac ha sido, desde la época prehispánica, un punto neurálgico en cuanto a peregrinajes. Los pueblos asentados alrededor acudían en grupos numerosos a adorar a la Tonantzin (vocablo náhuatl que significa “nuestra madre venerada»).

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Por ello, la zona fue una de las primeras en ser tomadas en cuenta para el proceso de evangelización cristiana, siendo los frailes franciscanos quienes comenzaron la labor misionera en el Tepeyac. Tras 10 años de ardua labor con los indígenas, seguramente reticentes a abandonar a sus antiguos dioses, sucedió en 1531 el llamado “milagro guadalupano”, que transformó la vida de la zona y, posteriormente, de todo un país.

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A partir de esto, en 1533 se fundó el pueblo de Guadalupe y se construyó la primera ermita que años después cedió su lugar a un templo más grande.

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Hacia 1676, el culto mariano comenzó a atraer gran cantidad de fieles, quienes llegaban por la antigua calzada que unía al Tepeyac con Tlatelolco, por lo cual ese mismo año se decidió construir quince grandes monumentos a lo largo de ella, que representaban los misterios del Rosario. Los monumentos estaban separados con la suficiente distancia para que los peregrinos, al ir avanzando, tuvieran oportunidad de rezar diez aves marías. Sin embargo, es en el siglo XVIII que el culto guadalupano se desarrolla enormemente.

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Guadalupe Lozada León, en su “Historia de la Villa de Guadalupe a través de los siglos” (revista Relatos e Historias en México No. 59), menciona que “esta explosión del guadalupanismo novohispano propició que los virreyes, antes de entrar a la capital que sería la sede de su mandato, pasaran ante la imagen de la Virgen de Guadalupe a implorar la protección de su patrocinio”. Las ceremonias que se llevaban a cabo resultaban monumentales, entre misas, tedeums, procesiones solemnes y rosarios que duraban varios días.

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Una vez consumada la Independencia de México, la Virgen de Guadalupe se volvió un símbolo más para exaltar la fe del nuevo país y se creó una Orden Imperial de Guadalupe, con la que se premiaba a quienes habían participado con particular arrojo y valentía en la defensa de la patria.

En julio de 1857, el presidente Ignacio Comonfort inauguró el ferrocarril a la Villa de Guadalupe, y partir de entonces, los viajeros que recorrían a bordo de este novedoso medio de transporte la Calzada de los Misterios, pudieron acceder con mayor facilidad al santuario, incrementándose el comercio y el intercambio cultural de la localidad.

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Posteriormente, al ser reconocidas las Leyes de Reforma, las mismas que afectaron significativamente las relaciones gobierno-clero y las prácticas religiosas en el país, fue el propio presidente Benito Juárez quien declaró al 12 de diciembre como día de fiesta nacional, confirmando la fuerza de esta tradición tan enraizada entre la población.

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En junio de 1864, Maximiliano y Carlota consideraron pertinente que la primera recepción oficial antes de llegar a la capital del país fuera su visita a la Basílica: caminaron por la calzada de Guadalupe y mostraron su respeto por la madre espiritual de su nueva patria.

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Ya en el siglo XX, durante el gobierno del presidente Miguel Alemán, se dio pie a la modernización de la calzada de Guadalupe, con lo que se facilitó el caminar de los peregrinos. El gobierno derribó las casas que obstruían la vista del templo y construyeron frente a éste el llamado Atrio de las Américas, inaugurado en 1952.

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Construido entre 1792 y 1797, el antiguo templo guadalupano sufría por la inestabilidad del subsuelo y un grave hundimiento apreciable a simple vista, por lo que había que salvaguardar la venerada imagen y a sus miles de visitantes. En 1950 se comenzó a realizar una colecta a nivel nacional para la construcción de la nueva Basílica. Muchos fueron los personajes políticos, sociales y culturales que se sumaron a la causa, en especial Pedro Infante, el ídolo de México, quien en 1954 hizo un maratón televisado a la Virgen de Guadalupe que duró más de 30 horas sin interrupciones.

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Desde 1976, millones de peregrinos han visitado a “la morenita del Tepeyac”, para agradecerle por su intercesión en los favores recibidos. Año tras año, en cada arquidiócesis del país se planean y se apartan las fechas en que se realizará la visita. Además, se encarga una misa para obtener la bendición expresa para cada iglesia, cofradía, capilla o grupo ahí representado.

Desde todos puntos del país llegan en camiones, en bicicletas y a pie personas de todas edades y condiciones sociales. Ya sea llevando la imagen en cuadros o “de bulto”, portando el llamado fuego guadalupano. Entran al atrio de rodillas, con y sin nopales, porque sí, todavía hay quienes creen que solo es posible obtener la intercesión divina a través de la mortificación de la carne.

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Entre las peregrinaciones más pintorescas, destacan las más de 1600 asociaciones de danzantes que año con año llegan hasta el recinto, haciéndolo vibrar al ritmo de su baile, sus sonajas, teponaxtlis (tambores) e instrumentos de viento.

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¿Impresionante, verdad? Si estás pensando en asistir y participar de las peregrinaciones a la Villa de Guadalupe, checa la página oficial de la Basílica para ver los eventos y recomendaciones del día. Si no te es posible, puedes ver a la Virgen desde internet y hacer tus peticiones en esta página web

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