El sucesor de una leyenda

En este grabado anónimo del siglo XIX se aprecia el Gran Teatro Nacional. La calle por la que está dando vuelta el carruaje es 5 de Mayo.

La idea de un majestuoso lugar que fuera casa de las bellas artes en la Ciudad de México no surgió de la nada. Bellas Artes es digno sucesor del Gran Teatro Nacional.

Aunque no muchos tienen presente su existencia, el Gran Teatro Nacional fue considerado como una de la obra arquitectónicas más importantes de la ciudad desde la culminación de la Catedral Metropolitana. Fue construido en 1844 y era uno de los teatros más importantes de América (le cabía más gente que a Bellas Artes). El teatro estaba en lo que ahora es Bolívar, por ahí por donde está esa tienda de productos de piel que se llama La Palestina. Fue demolido en 1901 para que pudiera extenderse 5 de Mayo, calle que surgió de la nada y se fue abriendo camino hasta volverse una de las más importantes del centro.

Bellas Artes estaba proyectado como el edificio que llenaría el vacío del Teatro Nacional. Nada más que se atravesaron un par de asuntitos…

La obra que duró treinta años

Photo: Rulo Luna

Hay proyectos que se terminan rápido, otros que nunca se concluyen y otros más que toman forma después de tres décadas. Las excavaciones para poner los cimientos de Bellas Artes comenzaron a finales de 1904 y para abril de 1905, Porfirio Díaz puso la primera piedra en su lugar y encargó el proyecto al arquitecto italiano Adamo Boari. El edificio iba a terminarse en 1910 para formar parte de los festejos del centenario de la independencia.

La obra presentó una serie de contratiempos y no pudo ser terminada para 1910. Este retraso hizo que el proyecto se empalmara con la lucha revolucionaria. La construcción aguantó los primeros embates revolucionarios, pero se tuvo que poner en pausa en 1913. Unos años después, Boari salió del país para nunca más volver. Bellas Artes se quedó a medias y se empezó a hacer uso de sus instalaciones inconclusas, así como pasó con el Palacio Legislativo / Monumento a la Revolución. Afortunadamente en 1930, Pascual Ortíz Rubio decidió retomar el proyecto. El arquitecto mexicano, Federico Mariscal sustituyó a Boari y el art decó sustituyó al nouveau —como marcaba la tendencia.

Bellas Artes abrió sus puertas en septiembre de 1934, 30 años después de que iniciara formalmente su construcción.

El gran hundimiento

La razón por la que Bellas Artes no estuvo listo para 1910 fue una razón de peso… literalmente. La estructura de hierro que sostiene la parte central del palacio y el peso del mármol fueron algunos de los detonantes para que el recinto acabara varios metros por debajo del nivel de la calle y sufriera de inundaciones en sus primeros años de existencia. Para 1921 el edificio estaba casi dos metros por debajo de su nivel original. Actualmente aún se puede observar el desnivel al caminar por la banqueta de Eje Central.

 

Aída

Photo: Rulo Luna

La próxima vez que vayan a Bellas Artes, pasen a saludar a Aída.

Mientras Adamo Boari estuvo a cargo de Bellas Artes, siempre se presentó a la obra en compañía de Aída, una perrita setter que llamaba la atención de todos por la obediencia incondicional que demostraba.

Aída fue tan importante en la vida de Boari en aquel entonces, que decidió inmortalizarla en su proyecto. La imagen de la perrita está en uno de los arcos de la fachada de Bellas Artes, el que está del lado de Eje Central y que está rematado por un caballero jaguar.

 

Hay más Boari que Bellas Artes

Esto más que historia es consejo. Si les gusta el estilo arquitectónico de Boari, échenle ojo a sus demás proyectos en México. El Palacio de Correos —que está ahí enfrente—, la Catedral de Matehuala —que sigue en construcción más de cien años después de que se colocó su primera piedra— y el expiatorio de Guadalajara. También se diseñó una casa muy bonita en la Roma, pero esa la pueden ver sólo en fotos. Estaba en ese cruce de la Roma donde siempre te lavan el parabrisas, en la esquina de Monterrey y Álvaro Obregón.

 

Los pegasos vagabundos

Photo: Rulo Luna

Los cuatro pegasos que se encuentran en la explanada frente a Bellas Artes son obra del escultor catalán, Agustín Querol. Llegaron a México en 1911 y fueron la última aportación que Porfirio Díaz le hiciera al proyecto. La idea original era que los pegasos remataran las cuatro esquinas superiores del Palacio de Bellas Artes y ahí fueron montados en 1912.

Los problemas de hundimiento del edificio llamaron a medidas emergentes y en 1921 bajaron las esculturas del techo. De ahí se los llevaron a decorar las esquinas del Zócalo, donde no fueron muy bien vistos gracias al sentimiento anti porfirista que dominaba en México. A pesar de las críticas, se quedaron por aquellos rumbos por casi una década.

Cuando se retomaron las labores de construcción de Bellas Artes, los cuatro caballos fueron instalados en el lugar que ocupan actualmente. Nadie consideró volverlos a poner en arriba del edificio… no fuera a ser que se volviera a hundir.

Agustín Querol hizo más que cuatro pegasos. Dos esculturas muy similares a las que consideramos tan icónicas de la ciudad se encuentran rematando el Palacio de Fomento en Madrid.

 

Un telón a prueba de fuego en el que se veía el amanecer

El telón del teatro principal de Bellas Artes es un espectáculo en sí mismo. Este telón está hecho con más de un millón de piezas de cristal de distintos colores y fue diseñado por Harry Stoner para la casa Tiffany de Nueva York en 1912. En el telón están representados el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl —muy al estilo del Dr. Atl— y está inspirado en la vista de los volcanes que se tenía desde Palacio Nacional en aquellas épocas.

Además de ser una obra de arte, esta estructura es única en su tipo por ser resistente al fuego. Fue concebido como una medida de seguridad para proteger al recinto en caso de que ocurriera algún accidente.

Rafael Galicia, uno de los trabajadores que más años le dedicó a Bellas Artes, contaba que en los años posteriores a su inauguración se hacía un espectáculo de luces en el que se representaba el amanecer en los volcanes de este maravilloso telón.

 

El violinista del palco 33

Un edificio tan lleno de historias tiene que tener su propio fantasma. Muchas son las personas que han sido testigos de la música de violín que se origina en las sombras del palco 33 una vez que el reloj marca las doce de la noche. Esta leyenda se ha mantenido en el imaginario colectivo con ayuda de las historias de veladores, artistas y directores del recinto que aseguran haber escuchado las notas de un violín provenientes de la oscuridad del teatro. Se dice que si le caes bien al violinista, sólo lo ecucharás una vez, pero si le caes mal, tendrás un concierto personalizado para rato.