¿Nunca se han quedado viendo un ícono del Metro sin tener la menor idea de qué significa? Las distintas líneas de la ciudad están llenas de iconografía críptica que en algunos casos hace referencia a las raíces prehispánicas del nombre del barrio o la calle correspondiente, pero en otras ocasiones pueden dar pie a historias de lo más interesantes sobre la Ciudad de México. Espero que alguna de estas historias les haga ver ese ícono extrañísimo que acompaña su trayecto diario con nuevos ojos.

 

1. Indios Verdes

Todos ubican que Indios Verdes está en la salida hacia Pachuca y que es una de las zonas donde el tráfico de la ciudad puede hacer más mella, pero si no eres oriundo de la zona puede que te preguntes ¿quiénes son estos dos personajes misteriosos que marcan el final de la línea 3? Empecemos por mencionar que Indios Verdes no es una referencia a una colonia ni a una calle. El nombre se lo debe a dos esculturas monumentales de más de 100 años de antigüedad.

Las esculturas de Itzcóatl y Ahuizotl, ambos reyes mexica, fueron realizadas por el escultor mexicano Alejandro Casarín Salinas a finales del siglo XIX. Estas esculturas iban a ser mostradas en el pabellón mexicano de la Exposición Universal de París en 1889 —la misma que le dio al mundo la Torre Eiffel—, pero nunca brincaron el charco y en su lugar se exhibieron los relieves de varios emperadores mexica que hoy se encuentran en Filomeno Mata esquina con Tacuba en el Centro Histórico. Los tlatoani adornaron el cruce de Paseo de la Reforma y Avenida Juárez junto con el Caballito de Tolsá hasta principios del siglo XX.

De Reforma, ambos emperadores fueron a dar a La Viga y luego a Insurgentes Norte donde marcaban la entrada a la ciudad. Con la llegada del Metro —y luego del Metrobús— las esculturas fueron reubicadas en otras dos ocasiones. Actualmente están en parque El Mestizaje.
¿Que por qué Indios Verdes? Pues porque las estatuas son muy viejas y el bronce original está cubierto por patina, lo que les da una coloración verdosa. Así de sencillo.

 

2. Talismán

La línea 4 del Metro es una de las menos transitadas de la ciudad y la estación de Talismán podría pasar desapercibida de no ser por su ícono tan peculiar. El hecho de que por aquí pase una avenida del mismo nombre es motivo suficiente para explicar ese elefante con la trompa en alto, muy al estilo de los amuletos orientales —talismanes— enfocados en la atracción de las buenas vibras.

El único detalle es que no se trata de un elefante. El símbolo de la estación hace referencia a un mamut… y tampoco se trata de cualquier mamut. Resulta que en 1978, durante las excavaciones de la línea 4, se encontró la osamenta de este animalito en lo que más tarde se convertiría en la estación de Talismán. Curiosamente, la osamenta sigue exhibida en el interior de la estación y cualquiera puede pasar a ver este ejemplar de la megafauna mexicana de entre diez y doce mil años de antigüedad.

El mamut de Talismán es sólo uno de tantos tesoros del pasado que han resurgido con la construcción de las distintas líneas del Metro. De los miles de objetos prehispánicos que han sido descubiertos, destacan el centro ceremonial dedicado a Ehécatl en la estación Pino Suárez —que también figura en el ícono de la estación— y la escultura de Tlaltecuhtli (la “Coatlicue del Metro”) a los alrededores de la estación Isabel la Católica.

 

3. Eugenia

La Colonia del Valle está llena de calles con nombres que a muchos no les dicen nada. En realidad Miguel Laurent, Luz Saviñón, Matías Romero y muchos otros nombres comunes a los oriundos de la zona, fueron filántropos reconocidos internacionalmente en el siglo XIX. Eugenia Ojeda no tenía fama internacional ni mucho menos, pero la señora de la Quinta Eugenia —que se ubicaba en la esquina de Avenida Coyoacán y Eje 5 Sur— era bastante conocida por sus labores altruistas en beneficio de los vecinos de la zona.

La labor de Doña Eugenia y la presencia que tenía gracias a la quinta, fueron suficientes para concederle un lugar dentro de las muchas avenidas bautizadas con nombres propios en la del Valle y es la razón por la que uno de los ejes más importantes del sur de la ciudad mantiene su nombre en la memoria colectiva hasta el día de hoy.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el pajarito que adorna la estación? Eugenia significa bien nacida —¿les suena eugenesia? ¿Y saben cuál es el ave que simboliza los nacimientos? ¿El ave que viene de París? Así es, el pajarito que adorna la estación de Eugenia es una cigüeña, la cual rinde tributo a la señora Ojeda.

 

4. Eduardo Molina

Eduardo Molina fue un excelente ingeniero mexicano que se desempeñó como director de aguas en la Ciudad de México. Su más grande obra fue la introducción de la corriente del Río Lerma como una fuente de abasto de la ciudad a mediados del siglo XX.

A principios del siglo pasado, la ciudad sufría de escasez de agua de forma bastante regular. El problema era de suma importancia, tanto así que en 1922 una avería en el sistema de bombeo ubicado en la colonia Condesa desató un periodo de sequía sin precedentes que culminó en una turba que incendió el Palacio del Ayuntamiento y provocó la intervención de las fuerzas militares, dejando un saldo de 21 muertos y 64 heridos.

Para 1951 se culminaron las obras del Sistema Lerma con la construcción del Cárcamo de Dolores, asegurando que nunca más se repitieran incidentes como los de 1922. El Cárcamo, ubicado en la segunda sección del Bosque de Chapultepec, está adornado por un mural de Diego Rivera (El agua, origen de la vida) en cuyo centro se observan un par de manos formando un cuenco que retienen el flujo del agua. Esta misma figura es la que aparece representada en el ícono de la estación del Metro de la línea 5, que adquiere su nombre del Eje 3 Oriente, Ingeniero Eduardo Molina.

 

5. Etiopía

¿Qué es ese león que simboliza la estación y por qué el nombre si en la Narvarte no hay calle ni plaza que se llame Etiopía? La historia del león y de la nación africana se remonta a la primera mitad del siglo XX, cuando México intercedió ante la Sociedad de Naciones para solicitar la salida del ejército italiano, liderado por Mussolini, de territorio etíope. La presión de México tuvo repercusiones internacionales y Etiopía se liberó del asedio.

Poco después, Haile Selassie I, último emperador etíope, visitó México para agradecer su intervención en el destino de la nación africana. Como un regalo especial para México, el emperador donó a la ciudad una buena cantidad de palmeras que se dispusieron sobre Xola y se inauguró la hoy desaparecida Glorieta de Etiopía en el cruce con Cuauhtémoc.

Selassie tenía el sobrenombre de El León de Judá y el movimiento rastafari lo consideraba una divinidad involucrada en las profecías que llevarían al pueblo africano de regreso a Zion. Y de ahí el símbolo de la estación.