Popocatépetl e Iztaccihuatl

La montaña que humea y la mujer blanca, quienes hoy podemos apreciar como paisaje de fondo en la Ciudad de México, donde hace cientos de años estos dos enamorados vieron frustrado su amor, en primer lugar porque Popocatépetl tuvo que ir a la guerra de la que tardó mucho en volver, solo para encontrar a su amor Iztaccihuatl muerta de tristeza.

Popocatépetl no pudo soportar la idea de vivir sin ella y le pidió a los dioses que inmortalizaran aquel amor, deseo que fue concedido y del que hoy somos testigos.

Quetzalcóatl y Mayahuel

Una faceta que poco conocemos de Quetzalcóatl es aquella de enamorado, cuando tomó la iniciativa de cortejar a Mayahuel, quien vivía con su abuela en el cielo. Quetzalcóatl estaba empeñado en estar al lado de su amor y un día la invitó a bajar a la tierra para disfrutarse uno al otro. Sin embargo, la abuela se enteró y asesinó a Mayahuel, quedando el dios totalmente destrozado y con la planta de maguey que hoy nos da el delicioso pulque, como el único recuerdo de aquel amor prohibido.

A post shared by Eduardo Ledezma (@crangelmkt) on

Basaseachi

Al norte de México, en Chihuahua, una cascada recibe el nombre de esta princesa, quien se arrojó desde un peñasco ante los celos de su padre, quien nunca le permitió vivir un amor de verdad. Hoy se dice que aquel celoso padre vaga con los vientos nocturnos buscando a su hija, sin saber que ella es aquella hermosa cascada que nos recuerda el amor enfermo que terminó con la vida de Basaseachi.

Eréndira y Nanuma<çh2>

Estos dos valientes purépecha, quienes tuvieron que posponer su amor debido a la guerra contra los españoles, son también una muestra de cariño que nunca pudo llegar a ser. Erendira, interesada en defender a su patria de los hombres blancos llegados del otro lado del mar, no pudo corresponder al amor que Nanuma le prometió y este, al desear tanto compartir su vida con ella, ofrendó su vida en la guerra, esperando poder quitar preocupaciones a su amada.

Donají y Nucano

Donají era una princesa que tuvo la suerte de conocer el amor en una casualidad inesperada, pues el príncipe guerrero mixteco Nucano estuvo bajo su cuidado cuando fue hecho prisionero por los zapotecas.

Donají descubrió las virtudes de aquel guerrero y terminó enamorada, lo mismo que él. Sin embargo, el destino de las guerras pocas veces termina de manera pacífica y los guerreros mixteca terminaron con la vida de la princesa para dar un escarmiento al señor de los zapotecas.

Acabada la guerra, Nucano fue nombrado gobernador del pueblo de su amada, al que le dedicó la vida entera como ella habría querido.

Ilustrador: Gusana

Crédito imagen de portada: Macrovector | Shutterstock.com