Hoy te quiero hablar del Hunab Ku, el principio rector divino de los mayas, del que se dice que su nombre no debe ser pronunciado, sino suspirado.

Hunab Ku se traduce como «dador del movimiento y la medida». Se compone de hun (único, solo ), nab (medida y movimiento) y ku o kub, (dador).

Sin embargo, el concepto filosófico-espiritual de Hunab Ku, dador del movimiento y la medida, no es creación única de la cultura maya. En la lengua náhuatl, lengua franca del Cem Anáhuac por miles de años, se lo nombra como Tloque Nahuaque.

Los anahuacas determinaron que aquella suprema conciencia o energía primigenia no tenía nombre, ni forma y que era totalmente abstracta e inaprensible para las limitadas posibilidades humanas. Le llamaban “Aquel por quién se vive”. Así, no podía ser representado, lo que implica que los anahuacas no eran idólatras. El concepto en lengua náhuatl de “teotl” no significa dios, aunque así lo tradujeron los primeros misioneros.

Nuestros antepasados tenían Hunab Ku o Tloque Nahuaque, o como le llamaran en las otras lenguas anahuacas, una fuerza única, inconmensurable, invisible, impalpable e innombrable que era su referente superior en el mundo sagrado.

Las diferentes manifestaciones de esta suprema realidad fueron representadas de manera simbólica, pero estas advocaciones fueron llamadas “dioses” por los misioneros, quienes fundamentaron así la supuesta inferioridad de la milenaria religión endógena de los anahuacas.

Para los mayas y para todos los demás pueblos del Anáhuac, Hunab Ku era el centro de la galaxia, y a su vez, el corazón y la mente del Creador. Hacia allí y a través del Sol dirigían su mirada al estudiar las estrellas. Hunab Ku era el centro, pero existían esencias menores. Los tlamatinime y las personas de conocimiento entendían la integralidad del universo con la Tierra y la vida humana. Nada estaba separado y todo era complementario.