Por Carlos Torres

Ubíquese al costado de la carretera

Un viajero que intente trasladarse a cuestas del dedo (o autostop) deberá necesariamente dirigirse hasta el borde de cualquier carretera, preferiblemente la más cercana. Esta primera observación parecerá obvia para muchos, pero no tanto para otros. Tal es el caso de Michael Tuning, quien pasó a la historia por permanecer 23 días, 14 minutos y 48 segundos haciendo dedo sin éxito dentro del baño de una reconocida cadena de comidas rápidas.

 

Extienda el brazo (y su correspondiente dedo pulgar)

Aunque la técnica para hacer dedo se encuentra popularizada mundialmente, aún se desconoce el origen de su gesto físico. Lo cierto es que el dedo pulgar extendido, sea el izquierdo o el derecho, sobre una carretera es señal de pedido de aventón, tanto en Budapest y Medellín, como en Calcuta y Cincinnati.

 

Incline sutilmente el pulgar siguiendo la dirección del auto

La Escuela Internacional de Neurociencias y Gestos Persuasivos (EINGP) ha confeccionado un extenso listado de movimientos corporales y muecas que favorecen el buen vivir. En el puesto número 12.493 aparece un breve artículo titulado “El pulgar de los viajeros”. En dicho apartado los autores señalan que al inclinar el dedo gordo unos 45 grados en sentido a la trayectoria del auto, aumenta en un 60% las posibilidades de tener éxito. “El pulgar que apunta en línea recta en dirección al cielo suele ser interpretado como una señal de STOP y autoritarismo, por lo que los conductores prefieren seguir antes que detener la marcha”, especifican los especialistas.

 

Falsee parentesco o vínculo

Cuando las horas al costado de la ruta empiezan a agotar el cuerpo y los víveres se fugan para tapar el hambre, cuando el sol agrieta los labios y todo el polvo de la llanura se amontona disimuladamente sobre nuestras ropas… solo en esos casos de extrema urgencia se sugiere recurrir al engaño y la persuasión psicológica. Aquí es donde entra en cuestión la técnica del falso parentesco. Por más simple que parezca, deberá ejecutarse con la precisión de un cirujano, el timing de un acróbata y la expresividad de un animador infantil.

Cuando el auto en cuestión se encuentra a unos 15 metros de distancia, estalle sorpresivamente en una felicidad desbordante, extienda los brazos en alto, salude al conductor agitando velozmente una de las manos. Deberá sonreír con una sonrisa de publicidad de dentífrico. Acto seguido, manotee la mochila dando por supuesto que el auto lo conduce –casualmente- un tío, un amigo de la infancia o su dentista de cabecera. El conductor dudará unos instantes, lo mirará con sospecha, pasará lentamente frente a sus narices y se estacionará a un costado de la ruta, preguntándose el hijo de quién es el mugriento que se acerca corriendo por el espejo retrovisor gritando “tanto tiempoooo”.

 

No se rebaje al uso cobarde de carteles

En las últimas décadas se ha ido divulgando a nivel mundial una estrategia cobarde que consiste en sostener carteles anunciando, no solo el destino del viajero, sino además una serie de guiños tristes para conquistar la solidaridad del conductor. Los mensajes son del tipo “sé contar chistes”, “traigo torta fritas”, “sirvo los mejores mates del mundo” o “te hago masajes mientras manejas”. Llega a haber algunos más extensos, como “si sigues de largo la Ley del Karma se encargará de llenar tu vida de maldiciones, pestes y tragedias, pedazo de cerdo egoísta, ¿acaso llevas a un amigo invisible en el asiento del acompañante?”. Quien se lance a la aventura de viajar a dedo tendrá que valerse de sí mismo: su cuerpo, su semblante alegre, su buena postura, su pulgar inclinado y su mirada proyectada hacia la del conductor. Pero nunca jamás de un triste cacho de cartón escrito con marcador.

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Súbase al automóvil de manera cortés y poco invasiva

Después de seguir al pie de la letra los puntos anteriores, el viajero deberá estar listo para ser levantado en cualquier momento. Ni bien un auto detiene su marcha para llevarnos, será fundamental tener en cuenta las siguientes instrucciones:

1. Recoja su mochila y demás equipajes y trote hacia el auto.
El acto de trotar (y no caminar) hasta el auto es muy bien percibido por los conductores, quienes entienden que el viajero se preocupa por su tiempo y quiere que la detención de su marcha sea lo más breve posible.

2. Acérquese por el lado del acompañante y sonría a quienes estén dentro.
Es fundamental ofrecer una primera imagen de alegría y confianza y acercarse la distancia justa al auto para evitar que se sientan invadidos de pronto por un extraño que aprieta sus labios y cachetes contra la ventanilla del auto deformando su cara. En tal caso, es muy probable que el conductor prefiera trabar las puertas y escapar arando.

3. Espere a que bajen la ventanilla y pregunte si lo pueden acercar en dirección a su destino final.

4. Pregunte dónde prefieren que usted ubique el equipaje.

5. Una vez cargado el equipaje, súbase enseguida al auto. No sea cosa que el conductor se de a la fuga con todas las pertenencias, y usted quede varado al costado de la ruta sin agua, alimentos, dinero, carpa ni pasaporte.

 

No fuerce la conversación

No hay nada que irrite más a un conductor que acaba de subir a un extraño a su auto que tener que sostener una conversación vacía, superficial y forzada. Se sugiere a todos los viajantes-a-dedo que abran la boca si realmente sienten el impulso, si consideran que sus palabras van a ser más valiosas que el silencio. De lo contrario, cállese. Acepte el silencio que se forja entre dos desconocidos que aceptaron la falta de conversación. La Agrupación de Conductores Cansados de las Falsas Conversaciones Cuando Levantamos Viajeros a Dedo que no se Animan a Estar en Silencio (ACCFCCLVDAES) se lo agradecerá profundamente.

Si el deseo de conversación es incontenible asegúrese de cautivar el interés del conductor. En caso de que el relato de sus vivencias no interese, invéntese entonces un pasado que valga la pena ser escuchado, acepte que su vida ha sido una seguidilla de eventos insulsos y tómese un rivotril.

 

Bájese

Por último, para completar el objetivo de viajar a dedo con éxito, conviene bajarse del auto ni bien el trayecto haya sido suficiente para el viajero. No haga en cambio como Michael Tuning (citado en el primer punto de este artículo), quien después de permanecer más de 23 días haciendo dedo sin éxito, fue levantado por un granjero de Ohio y nunca más quiso bajarse del auto por miedo a enfrentar de nuevo la peor pesadilla de quien viaja a dedo: quedar varado al costado de la ruta.