A veces parece que en Galicia no hay más islas que las Cíes (yo soy un poco culpable de centrarme demasiado en ellas), pero nada más lejos de la verdad. Están las que acompañan a las Cíes en el Parque Nacional Illas Atlánticas, sí, pero sigue habiendo más trozos de tierra rodeados de agua en la costa gallega. Unas más grandes, otras más pequeñas, y todas ellas visitables en esta recta final del verano.

1. Ons (Bueu, Pontevedra)

El archipiélago de Ons, formado por las islas de Ons, Onza y unos cuantos islotes, forma parte del Parque Nacional Illas Atlánticas y, según el censo de 2010, en Ons viven todo el año 78 personas. El barco funciona solo en temporada alta (¡aún puedes ir en septiembre!); después, solo puedes ir si tienes barco privado y los permisos correspondientes. ¿Qué ver y hacer allí? Ir a la playa, claro, pero casi vale más la pena hacer una de las cuatro rutas de senderismo, abrir bien los ojos para ver animalitos y, cómo no, (pero esto siempre) respirar y relajarte.

2. Sálvora (Ribeira, A Coruña)

El Estado y las manos privadas se fueron pasando la titularidad de la isla hasta que en 2007 el Ministerio de Medio Ambiente se la compró a Caixa Galicia (sí) y en 2008, con la Xunta, empezó a rehabilitarla. La historia de Sálvora tiene un poco de todo: unos invasores, los sarracenos, que esperaron aquí por refuerzos y se encontraron con las naves enviadas por el arzobispo de Santiago para defender la costa gallega; vecinos que cultivaron su tierra; la primera fábrica de salazón de Galicia en 1770; vecinas condecoradas como heroínas en 1921 por socorrer a los náufragos del vapor-correo Santa Isabel, accidente en el que murieron más de 200 personas…

Ahora, mientras recorres la isla, puedes ver la antigua fábrica de salazón, la antigua aldea (solo con guía, pero muy recomendable), la capilla de Santa Catalina (que antes era una taberna), el faro, la escultura de la Sirena… También, cómo no, puedes tumbarte en la arena de sus playas, ver un montón de fauna salvaje (en tierra y en el agua) y hasta imaginar formas en sus rocas. Solo pueden ir 25 personas por día y no hay servicio regular de barcos; lo mejor es preguntar en las navieras. Pertenece también al Parque Nacional Illas Atlánticas.

3. Cortegada (Carril, Pontevedra)

En la isla de Cortegada está el bosque de laureles más grande de Europa, lo que constituye una rareza botánica y un atractivo turístico importante. Estuvo habitada hasta principios del siglo XX y se pueden ver todavía restos de esa vida anterior: una antigua casona, el embarcadero, cuadras, el pozo, la iglesia y el cruceiro. Iba a ser residencia de verano del Alfonso XIII (pero eligió una en Santander) y también se planeó durante un tiempo construir allí una urbanización de lujo, plan que finalmente y afortunadamente quedó en nada.

Es una isla pequeña y plana que se recorre en nada, pero con bastante para ver. No hay transporte público regular, así que lo mejor es contactar con alguna naviera que ofrece servicio privado. ¡También puedes ir en una excursión en kayak desde Carril, en Vilagarcía! (También en el Parque Nacional Illas Atlánticas)

4. A Toxa (O Grove, Pontevedra)

La que durante años había sido simplemente un lugar de pastoreo y cultivos agrícolas para los vecinos de O Grove, se convirtió en un destino de interés turístico cuando en el siglo XIX —a raíz, dice la leyenda, de la supervivencia inesperada de un burro— se descubrieron sus aguas termales. Enseguida llegaron las manos privadas: en 1841 un notario de Sanxenxo y el cura de Dodro compraron la isla para empezar a explotarla. Tras más cambios de manos, en 1899 el marqués de Riestra consiguió licencia para, unos años después, abrir el Gran Hotel balneario.

La isla está unida a O Grove por un puente construido en el siglo XIX, así que el acceso es fácil. No tienes por qué convertir tu visita en una estancia en el balneario (aunque, vamos a ver, si hay que sentirse como una señora decadente pero rica de principios de siglo podemos hacer el esfuerzo). Puedes recorrer su bosque de pinos centenarios, hacer todo el paseo marítimo (incluye el puente), visitar la capilla de San Caralampio, cubierta de conchas… y comprar jabones, por supuesto.

5. San Simón (Redondela, Pontevedra)

La paz que sientes ahora si vas a San Simón y te sientas en una esquina para contemplar la ría de Vigo es engañosa. Podrías pensar que la isla (en realidad son dos, San Simón y San Antón, unidas por un puentecito) siempre fue un remanso de paz y nada más lejos de la verdad. Aunque sus primeros habitantes registrados fueron monjes, la tranquilidad se borró en 1589, cuando fue saqueada por los piratas ingleses. Le pilló la batalla de Rande en 1702, fue reconvertida en leprosería en el siglo XIX, hasta 1927 y vivió su época más oscura durante la Guerra Civil y la posguerra al ser un campo de concentración y exterminio de presos políticos. Después, durante el franquismo, se usó como lugar de vacaciones para la Guardia de Franco.

Bien de Interés Cultural desde 1999, ha sido rehabilitada y remodelada y redirigida hacia una función cultural. Ahora se realizan allí congresos, entregas de premios y el festival de música Sinsal. Es posible verla con una visita guiada, muy recomendable para aprender sobre la historia de la isla y las labores de recuperación.

6. Illas Lobeiras (Corcubión, A Coruña)

Contra todo pronóstico, hace unas semanas estos archipiélagos (Lobeira Grande y Lobeira Chica, grupos de islotes en la ría de Corcubión) ganaron en la encuesta que hizo La Voz de Galicia para determinar la mejor isla de Galicia, dejando a las ominpresentes Cíes en segunda posición. ¿Cómo lo lograron? Según el propio alcalde de Corcubión, posiblemente por ser menos conocidas, menos visitadas y más vírgenes.

Su historia está llena de naufragios y fareros (en la isla principal de Lobeira Grande está el faro). No está claro por qué se llaman así. Una teoría dice que hubo una época en la que tenían lobos marinos y otra que eran como un lobo escondido esperando a los barcos que chocaban contra ellas. Para visitarlas, apúntate a alguna de las rutas que realizan navieras privadas (o, si lo tienes, ve en tu propio barco).

7. Illa de Arousa (Illa de Arousa, Pontevedra)

En los últimos años la popularidad de A Illa como destino turístico ha ido aumentando. No es una isla virgen ni un islote como los ejemplos comentados hasta ahora: en esta isla, que es un municipio, viven unas 5.000 personas, pero eso no significa que no haya terreno para explorar sin casas. La población se concentra en un extremo de la isla, y el resto, más de la mitad, está cubierto más libre de casas.

Visita el Parque Natural de Carreirón, vete al faro de Punta Cabalo (ahora un restaurante), explora y túmbate y báñate en todas las playas, busca miradores y otea desde ellos, acércate a conocer el islote de Areoso (en ruta marítima), descubre cómo funciona un molino de mareas… A Illa está unida al continente por un puente, así que puedes ir en coche o autobús.

7. Tambo (Poio, Pontevedra)

Las visitas a la isla de Tambo, en la ría de Pontevedra, son complejas. De uso militar hasta 2002, la Escuela Naval Militar todavía vigila sus aguas y solo es posible ir como parte de una visita organizada por la Irmandade Illa de Tambo. No son muchas en todo el año y solo pueden ir 50 personas en cada uno, así que las plazas se llenan pronto. ¡Hay que estar atentos!

En esta isla, que fue de uso monacal, lazareto y escenario de batallas con piratas entre otras cosas, puedes ir a la playa, buscar el faro, pasear entre eucaliptos (ay), ver los restos del lazareto o visitar la capilla de San Miguel.

8. Sisargas (Malpica, A Coruña)

No vayas si tu relación con las gaviotas es poco fluida, ya que el archipiélago es Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y entre esas aves hay varias colonias de gaviotas. Pero te perderías un lugar maravilloso. En la isla Sisarga Grande (las otras son Sisarga Chica y Malante) está uno de los faros más antiguos de la Costa da Morte, construido en 1893. Puedes llegar a él siguiendo un sendero de unos dos kilómetros directamente desde el embarcadero.

Están deshabitadas (por humanos, hay mucha fauna y mucha flora), pero no siempre fue así. Hubo incluso una ermita que se dice que fue destruida por los piratas, pero ahora solo escucharás el mar y las gaviotas. Puedes bañarte en su playa, admirar sus acantilados y bucear. Solo se puede llegar con embarcación privada, normalmente desde Malpica.

9. Santa Cruz (Oleiros, A Coruña)


Un puente de madera —y, con marea baja, la arena— une este islote al paseo de la playa de Santa Cruz, en Oleiros. El islote, de 1,9 hectáreas, está cubierto de árboles y jardines, aunque lo que de verdad llama la atención es que hay un castillo. Esta edificación, construida en el siglo XVI como parte de la defensa de la costa coruñesa y que se convirtió deespués en un pazo (la hija de Emilia Pardo Bazán vivió allí en el siglo XIX), es Bien de Interés Cultural y desde 2001 alberga el Centro de Extensión Universitaria e Divulgación Ambiental de Galicia (CEIDA).

Para llegar no tienes más que cruzar la pasarela. Hay un paseo marítimo alrededor de la isla y ofrecen también visitas guiadas para grupos al castillo (hay que concertarlas previamente).

10. Illa Pancha (Ribadeo, Lugo)


Si alguna vez has soñado con dormir en un faro, puedes hacerlo aquí. Esta pequeña isla de Ribadeo, unida a tierra por un puente, tiene dos faros. El más antiguo, construido en 1857, es el que ahora es un alojamiento turístico; el otro, el que está ahora en funcionamiento, es de finales del XX.

Lo del alojamiento en el faro es importante: solo las personas que van a dormir allí pueden acceder a la isla. Es decir, estarás solo con el oleaje, los acantilados y la naturaleza. Si no entra en tus planes dormir allí, no te preocupes. Aunque no puedas acceder al islote, sí podrás admirarlo con sus faros desde tierra, ya que hay un mirador con vistas fantásticas.