En la gloria en la batalla contra los mexica, Hernán Cortés es quien suele llevar los laureles, ¿verdad? Mucho se habla de su gran valentía al enfrentarse con tan pocos recursos a un imperio. Sin embargo, las guerras no se ganan únicamente con valor y en la historia hay siempre más de lo que se cuenta…

Cortés tuvo algunos aliados que le hicieron más fácil la empresa en la que se aventuró, tales como Malintzin o Xicotencatl. Pero, ¿te suena el nombre de Ixtlixochitl? Es el príncipe cuyo nombre significa “flor de obsidiana” y quien bien pudo haber sido el artífice de la caída de Tenochtitlan, debido a su gran conocimiento de la ciudad y la forma de guerra que hacían los mexica. A continuación te cuento un poco más sobre él.

Ixtlixochitl (1500-1559) fue príncipe de Texcoco, hijo del soberano Nezahualpilli. A la muerte de su padre (1516) se levantó, con el apoyo de los totonacas y tlaxcaltecas, contra su hermanastro Cacamatzin, elegido soberano de Texcoco, quien accedió a entregarle una parte de su reino.

Fue un aliado clave para los españoles, con quiénes colaboró activamente en la caída de Tenochtitlan a la muerte de Cacamatzin y de su sucesor a manos de los hombres de Hernán Cortés.

Las alianzas e intrigas que siempre se habían dado entre los gobernantes prehispánicos para apoyar herederos concretos en detrimento de otros desempeñaron un papel esencial en 1519, cuando los españoles hicieron su aparición en Mesoamérica. La llegada de Hernán Cortés articuló un movimiento que sincronizó el descontento de los reinos vasallos de Tenochtitlán, que habían sido derrotados y sometidos por los mexica.

Un caso paradigmático es el del soberano Ixtlilxóchitl de Texcoco, ciudad que se encontraba a escasa distancia de Tenochtitlán, ciudades aliadas durante la guerra de su independencia contra los tepanecas. Los investigadores aún no han podido dilucidar si la capitalidad del imperio había pasado por completo a Tenochtitlán o si ésta sólo estaba comenzando a predominar. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las fuentes históricas disponibles son mexica y siempre tendientes a darles mayor gloria (después de todo, en todo imperio, la historia la escriben los vencedores).

El caso es que en 1515 había muerto el soberano de Texcoco y uno de los candidatos, Cacamatzin, hijo de madre tenochca, había alcanzado el poder con el apoyo de Motecuhzoma Xocoyotzin (Moctezuma II), quien gobernó entre 1502 y 1520. Ixtlilxóchitl, también hijo de madre tenochca (hermana de la de Cacamatzin) se opuso, pero finalmente llegó a un acuerdo para no rebelarse.

Muerto Cacamatzin en 1520, Ixtlilxóchitl volvió a ser desposeído en favor esta vez de Coanacochtzin. En esta ocasión no hubo acuerdo, e Ixtlilxóchitl viendo frustradas sus intenciones decidió apoyar a Cortés, facilitando provisiones, tropas, trabajadores, informaciones y relaciones. Cortés lo apadrinó en el bautismo, en el que recibió el nombre de don Fernando Ixtlilxóchitl. Años más tarde, el nuevo cristiano se convirtió en el señor de Texcoco, título que transmitió a sus descendientes, uno de los cuales, del mismo nombre (Fernando de Alva Ixtlilxóchitl), lo hizo protagonista de varias de sus relaciones a comienzos del siglo XVII.

El de Ixtlilxóchitl no fue un caso aislado. Otros utilizaron de modo análogo la llegada de los españoles como espoleta para la revuelta. En este sentido, a medida que la invasión avanzaba, el grueso del bando formado por los españoles y sus aliados creció, al tiempo que menguaba el de sus rivales. Tanto fue así que, en el momento del asedio final, la ciudad de Tenochtitlán había quedado prácticamente sola.