1. La marihuana era desconocida en el México prehispánico

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A pesar de que internet y algunos consumidores relacionan el uso de la marihuana con las culturas prehispánicas, no existe evidencia al respecto. Juan Pablo García Vallejo, sociólogo y autor de El primer manifiesto pacheco, asegura que la llegada del cannabis ocurre en 1492. Pese a que la hierba no fue usada por las culturas mesoamericanas, estas ya tenían amplia experiencia en el uso de plantas maestras como peyote, hongos y ololiuhqui, que se consumían cotidianamente tanto para «liberar el alma» como para convivir con la divinidad.

Además de la carne de dios o teonanácatl (hongos) y el peyote, también se ingería la toloatzin (semilla de la virgen) y el picietl o yetl conocido como nicotina rústica (tabaco). Todas estas sustancias se empleaban para entrar en trance y tener visiones o sueños. A pesar de que su consumo fue perseguido ferozmente por los conquistadores, jamás cayó en desuso.

2. Uso terapéutico desde la colonia

El cultivo de cáñamo fue ampliamente incentivado para hacer despegar la economía de la Nueva España. La historia le atribuye a Pedro Cuadrado de Alcalá del Río la introducción de la planta en 1530 a petición de Hernán Cortés. Asimismo, su cultivo fue autorizado en una audiencia conducida por el obispo Juan de Zumárraga, quien aseguraba que la yerba era lo que le hacía falta a los indígenas «para ser felices». Estos descubrieron rápidamente los beneficios de consumirla y la empleaban para reducir diversas molestias, adaptándola también a la vida diaria y al uso ritual.

De acuerdo con el Florilegio medicinal de todas las enfermedades, el cáñamo se mezclaba con horchata y se usaba como remedio contra la gonorrea. La publicación también recomienda darse friegas y baños para regularizar el ciclo menstrual, así como para «reducir la abundancia de leche después del parto». Es muy probable que en ese periodo también comenzara a fumarse ya que el virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón sugirió en 1550 limitar el cultivo porque «los indígenas empezaron a emplearla para algo que más que la creación de cuerdas». En esta época empieza a llamársele Juanita o María, como las curanderas indígenas que sanaban con la planta.

3. Mota y libertad

La grifa ha estado presente en los grandes cambios históricos del país, desde su llegada en forma de cuerdas y velas en las carabelas de los conquistadores, hasta su uso durante las luchas por la independencia y la revolución.

Al estallar la revolución, la mota se abrió paso en ella, pues las adelitas y valentinas no sólo alimentaban al cuartel, también vendían de contrabando mezcal y marihuana para que los soldados no se quedaran erizos como la cucaracha de la canción. Según el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, el papel de estas mujeres fue fundamental en la lucha armada. Las adelitas usaron toda clase de yerbas y se las arreglaban para realizar curaciones a los combatientes, además de administrarles marihuana cuando su estado era muy grave.

4. La primera legalización

En 1940, el presidente Lázaro Cárdenas aprobó la distribución de heroína y morfina para aquellos que la necesitaran, además de ofrecer tratamiento para que los adictos pudieran rehabilitarse en dispensarios supervisados por el estado.

Este decreto se basó en los trabajos del doctor Leopoldo Salazar Viniegra, director del Departamento de Salubridad Pública durante el gobierno cardenista. Sus propuestas eran revolucionarias para su tiempo: abogó por el uso medicinal de la marihuana y porque las adicciones fueran tratadas como una problema de salud pública. Así, el 17 de febrero de 1940, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto que hacía a la marihuana legal. Este decreto duró apenas unos meses y fue revocado debido a la presión ejercida por el mismo país que en la actualidad ha impulsado su legalización: Estados Unidos. Lo cierto es que antes de su aprobación oficial, podía encontrarse en distintas boticas de la ciudad, al lado de la cocaína, la heroína, el toloache y el láudano.

5. Presente en la cultura popular

Por mucho que se diga lo contrario, la marihuana siempre ha sido tolerada y ha estado presente en sucesos históricos, en el arte y la cultura popular. La cultura de la mota podía encontrarse en las carpas del pasado, pero estaba lejos de limitarse a esos lugares. Germán Valdés Tin-Tán no sólo era el pachuco, sino el pacheco de oro, Diego Rivera siempre abogó por ella, Siqueiros la consumía al igual que autores como José Juan Tablada, Porfirio Barba Jacob y Ramón del Valle Inclán —los dos últimos eran consumidores declarados—, Salvador Elizondo también admitió su consumo e incluso Octavio Paz la consumió en una fiesta de fin año en la casa de Carlos Fuentes, en la que Guillermo Cabrera Infante llevó un pastel con hash que el autor comió sin vacilar. Tampoco hay que olvidar a José Agustín, a Parménides García Saldaña y hasta al mismísimo Chico-Ché, a quien se le atribuye la composición de la canción La mata de mota. ¿Quizá la yerba sea la clave para entender su peculiar look?

6. Zacatito pa’l conejo. La subcultura pacheca actual

La censura y la prohibición no hacen más que estimular la creatividad y la jerga pacheca es ingeniosa, amplia y muy divertida. Funciona como código de comunicación, para evitar delatarse y para no espantar a las buenas conciencias, que también la usan: «huele a petate quemado», «ya dieron el petatazo», «le andan quemando las patas al diablo», son expresiones que sirven para quejarse o avisar que hay fumadores cerca. Para dar aviso de que se irá a fumar, existen expresiones como “vamos a Cuernabacha”, o “a que-Martha nos diga algo” (la actividad puede variar y Martha puede convertirse en Martín). Algunas más simples y directas son grifear, quemar, dárselas, mientras que zacatito pa’l conejo, rola, conecta, o simplemente, saca son formas de pedir que se comparta o se encienda un toque, churro, bacha o gallo que no es otra cosa que un cigarro de marihuana.

7. Marihuana es una palabra 100% mexicana

Los nombres con los que se le conoce al cannabis son innumerables. En Antología del vicio. Aventuras y desventuras de la mariguana en México, Jorge García-Robles recoge algunos como café, epazote, lechuga, que puede ser —o no— del diablo, mostaza, orégano, tronadora, greña, grifa, chora, clorofila, cola de borrego, colitas, coffee, entre muchas otras. Etimológicamente, ni los más expertos pachecos logran ponerse de acuerdo. Algunos señalan que la palabra es una mezcla del náhuatl y del español o que es una combinación de María y Juana —como se llamaba a las curanderas, soldaderas, pero también a las prostitutas y a los burdeles (posibles puntos de venta). Igualmente se afirma que es una adaptación de la palabra portuguesa, mariguango, que se traduce como tóxico.

El Diccionario de americanismos de Marcos A Morínigo señala que marihuana es el “nombre mexicano del cáñamo, difundido por toda América” y el lexicógrafo César Corzo Espinosa menciona en su Diccionario de palabras de origen indígena en el español de Chiapas que la palabra evoca el nombre de la Virgen de Guadalupe y que se forma a partir de “mari” —diminutivo de María— y de los vocablos náhuatl “coatl” —culebra— y “nantli” —madre—, por lo que traduce la expresión como María-culebra-madre, seudónimo que habrían dado los indígenas a la virgen.

8. Beneficios y vuelta a la legalización

Los beneficios del cannabis son innegables y en países como Chile, Uruguay, Canadá y Brasil ya es constituyen un tratamiento efectivo que mejora las vidas de pacientes con autismo, epilepsia, mal de Parkinson, cáncer, tumores, dolor crónico, esclerosis, diabetes y glaucoma. La marihuana ayuda a paliar los efectos de la quimioterapia, reduce la ansiedad, puede ser útil para retrasar la progresión de la enfermedad de Alzheimer y es eficaz para aliviar el dolor artrítico. Su uso recreativo es menos dañino que el alcohol, que según el doctor Juan Ramón de la Fuente es la verdadera droga de entrada para consumir otras sustancias.
Los humos que respiramos son varios y parece que en un futuro no muy lejano podríamos llegar a una despenalización completa. Los expertos y devotos de la yerba señalan que esto generaría una industria tres veces más grande que la del mercado negro y que, según el fondo Privateer Holdings, estaría valuada en mil millones de dólares, con posibilidades de duplicarse al aprobar su uso terapéutico.

Si eres consumidor de marihuana u otras sustancias, puedes conocer la cartilla de derechos de los usuarios de drogas y descargarla aquí.