En 2013, los ojos del mundo se conmovieron con la historia de un equipo de básquetbol conformado por niños de la etnia triqui, de la sierra de Oaxaca. Imagínense un grupo de niños que, asombrosamente, sólo podía competir en el terreno de juego sin tenis, pues aseguraban que los tenis les restaban velocidad.

La historia de los niños triquis comienza en una de las zonas más pobres de Oaxaca, donde la situación económica de las familias no es la más favorable y, sin embargo, la voluntad de los niños y la motivación de su entrenador Sergio Zuñiga hicieron que este equipo ganara el Torneo Nacional de Básquetbol Infantil.

 

 

En 2013 lograron viajar a Orlando, donde no obtuvieron grandes preseas, pero sí supieron ganarse el respeto y admiración del público nacional e internacional. Ese mismo año ganaron invictos seis juegos en el Festival Internacional de Minibásquetbol en Argentina, para al fin proclamarse campeones. ¡Volvieron a México como héroes!

Algunos de los niños triquis serán becados para asistir a escuelas de Los Ángeles (EU), las Islas Canarias (España) y Alemania.

 

 

Tal ha sido la impresión que han causado, que el otrora jugador de la NBA Horacio Llamas también se acercó al equipo de sobresalientes y afirmó: “Ellos, de zonas tan marginadas y jugando descalzos, nos dieron como un gancho para que la gente voltee a verlos, y aprender de lo que ha hecho el profe Sergio Zúñiga allá con ellos. Son un ejemplo para todos.”

El entrenador Zúñiga fue condecorado con el Premio Nacional del Deporte en el 2014 y para él, el premio es de todos. Siempre se ha mantenido con los pies en la tierra pese a críticas, envidias o halagos recibidos sobre su trabajo.

Todo este trabajo y satisfacciones tienen su origen en el proyecto deportivo Academia de Baloncesto Indígena México, que lleva por objetivo el desarrollo de la niñez y el fomento de este deporte. Además, fomenta la educación y la cultura para solidificar la base de la niñez indígena. Al respecto, Zúñiga manifiesta: “Uno de los objetivos era que un niño indígena tuviera las mismas oportunidades que uno de la ciudad, que tuviera sus tres comidas al día, una educación digna y pudiera desenvolverse fuera de sus regiones, de sus montañas”.

 

 

Un detalle fundamental del entrenamiento, según Zúñiga, es que los niños tienen que leer un libro por semana y entregar un reporte los domingos para tener derecho a entrenar.

 

 

El básquetbol logró transformar la vida de estos niños. El deporte ayudó a la transformación social de un grupo desatendido de las montañas de Oaxaca. De niños, se convirtieron en gigantes, dignos de ser llamados el Dream Team de la montaña oaxaqueña.

“…hoy no es ver a los niños descalzos, no es ver sus cuerpos flacos con las marcas de desnutrición, no es ver como maleta una bolsa de nailon, no es ver sus carencias o pobreza. Es ver la mentalidad, la fortaleza, la disciplina, la entrega, el amor a lo que eres o quieres ser, el juego que se practica aquí es de otro nivel, no es ganar o perder, es entregarse con el alma, es romper todo lo que se creía que sólo unos cuantos pueden hacer, hoy demostrando que si nos preparamos y nos unimos podemos crear lo que pocos logran, éxito. No eres derrotado cuando pierdes, sino cuando desistes”. Sergio Zuñiga.

 

 

Todas las imágenes pertenecen a Sergio Zuñiga.