Foto: Luis Gerardo Álvarez

1. El clima extremo.

No hay poder humano que pueda darnos un verdadero pronóstico del clima en Puebla. Es verdad que compartimos este problema con la gente de Monterrey…Mi recomendación es cargar con una maleta llena de chamarras, guantes, paraguas, sombreros, gorras, toalla y traje de baño. Y aunque este suceso te llena de rabia, cuando viajas a la costa no aguantas la humedad, en el norte te mata el calor y ni hablar del DF que te deja la nariz llena de mocos negros.

¡Sí!, tendremos un clima cambiante, pero nunca lo suficientemente extremo como para odiarlo de verdad.

2. La escasez de memelas.

Si eres como yo, puede que te cueste demasiado trabajo levantarte temprano en fin de semana, pero es un sacrificio que debes hacer si no quieres llegar a tu puesto de memelas y escuchar las terroríficas frases: «Ya no tengo masa», «Se me terminó el quesillo », o peor aún, «Solo me queda salsa verde », cuando tú siempre pides roja.

¡Bienaventurados los que madrugan, porque de ellos será el reino de las memelas!

3. Las 1001 iglesias.

Si yo fuera de visita a Puebla y viera la cantidad de iglesias que hay, pensaría igual que los foráneos: «¡Pero qué mochos! ».

Aunque muchos poblanos odiamos ese estigma, tampoco queremos que las quiten o dejen de frecuentarlas, porque las mejores chalupas y los más deliciosos esquites y elotes solo los encuentras afuera de la casa de Dios.

4. La franja del Puebla.

Cambian al equipo cada temporada, lo que provoca poca pasión en los jugadores y, por ende, ya no le echan ganitas. Además, en los partidos contra Chivas, América, Cruz Azul o Pumas, los precios de los boletos se van por cielos. El equipo del Puebla siempre está buscando salvarse del descenso y muy pocas veces juega para ser campeón. El problema no es que desciendan, si no que no podremos ver a los otros equipos (que sí son buenos) jugar en nuestra ciudad…

Pero el amor-odio que les tenemos a nuestros camoteros siempre nos lleva a ponernos la del Puebla y a apoyarlos al ritmo de ¡Soy poblano… llevo a México y Puebla en el corazón!

5. Conquistar a un poblano.

El ritual de conquista es siempre uno de los momentos más preciados en el bonito juego del amor, ¿no? A menos que estés enamorado de una típica poblana mamona o de un típico mirrey.

Por mucho que lo niegues, siempre terminas cumpliendo sus caprichos, comiendo con sus amigas, llevándole a comprarse camisas nuevas o a ver coches a las concesionarias. Y aunque te tome el doble de trabajo y nos trates de engañar diciéndonos que odias a los pipopes… no puedes dejar de enamorarte porque «no te gustan las cosas fáciles ».

No hay orgullo más grande que conquistar el corazón de un poblano.

6. Los despertadores ambulantes.

Has tenido una semana muy pesada en el trabajo, el viernes saliste de fiesta y lo único que esperas es poder dormir tranquilamente, por lo menos hasta el mediodía del sabádo… ¡Pues no!

Parece que los del gas, el de los tamales oaxaqueños, el de los camotes, los que compran colchones viejos y los de las empanadas árabes, se pusieron todos de acuerdo para hacer rondas cada quince minutos afuera de tu casa. Pero no puedes odiarlos de verdad, porque en otras ocasiones te han sacado de apuros, te han alimentado, o hasta le sacaste unos pesitos a esa lavadora vieja que se oxidaba en tu jardín.

7. Las fiestas patronales.

Un viaje a tu escuela o a tu trabajo puede llevarte más del doble del tiempo, si en tu camino te encuentras con calles cerradas por las ferias patronales. ¿Ya no llegaste al trabajo? Ni modo, bájate del automóvil y disfruta de los juegos mecánicos, cómete un delicioso pan de feria o un hot-cake y puede que hasta te toque presenciar un espectáculo de lucha libre…Queridas ferias: Sigan cerrando calles, ¡pero no dejen de existir!

8. Los centros comerciales.

Si piensas en frecuentar alguna de las plazas comerciales más fresas de la ciudad, es importante saber que necesitas automóvil (a Sonata, por ejemplo, es imposible llegar en transporte público convencional). Prepárate para pagar tarifas altísimas en el estacionamiento, y es mejor que vayas vestido como si fueras a la entrega de los Oscars, si no quieres sentirte observado y juzgado. Aunque muchas de estas cosas puedan molestarnos a algunos poblanos, tampoco podemos dejar de frecuentar estos lugares…

9. Reforma los domingos.

Te molesta sobremanera buscar vías alternas los domingos que cierran la calle Reforma, pero tampoco puedes dejar de dominguear ahí tranquilamente con tu familia, porque en el fondo, ¡también lo amas!

10. Los «nuevos» antros.

Acaban de abrir un nuevo antro (es probable que esté en Cholula), sabes que estará a reventar de gente, pero igual te aventuras a visitarlo. El ambiente es bueno y la fiesta es muy amena, pero cuidado, no te encariñes demasiado porque en seis meses el lugar estará muerto…

11. La idea de Puebla como ciudad cosmopolita.

Amas que tu ciudad tenga cada vez más restaurantes, más museos, más centros comerciales y más actividades para hacer. Odias que haya más gente, más tráfico, más ruido y más contaminación. ¡Qué paradoja! ¿No?

12. La comida típica.

A ti y a tu familia les tomó más una hora decidir si comerían cemitas, mole, tacos árabes, carnitas o mixiotes… Probablemente en unas tres horas la gastritis les recordará que no eligieron la mejor opción… Aun así, ¡no puedes dejar de comer las delicias que sólo puedes encontrar en la Heroica Puebla de los Ángeles!