1.

Pensar que todos hablamos con el acento de su anuncio de barquitas «Old El Paso». De hecho, casi nadie habla así, pues es la exageración estereotipada de un acento del norte del país. Al igual que en España, en México hay un montón de acentos dependiendo de la región. Uno que pasó a la historia gracias a la serie Don Gato y su Pandilla es el de Yucatán, que pueden escuchar aquí en voz de Cucho, que en la versión mexicana es nativo de la ciudad de Mérida (por cierto: nosotros no sabemos qué son esas «barquitas», pero sí sabemos que Danny Trejo no tiene esa voz).

2.

Quejarse del tráfico en las pequeñas ciudades españolas. En la CDMX, el promedio de velocidad es de 6 kilómetros por hora. No, no olvidamos el 0. Seis kilómetros por hora. Según semi expertos, un chilango pierde un promedio de 4 años de su vida en el tráfico, por lo que los atascos de cuatro minutos no nos impresionan. Y no sé, los mexicanos tendemos a sentirnos orgullosos por cualquier clase de récord, así que no nos quiten este…

3.

Abrir un restaurante que sirve burritos y nachos al más típico estilo gringo y decir que es un restaurante «mexicano». Y que la salsa picante sea Tabasco. Que no es mexicana. Y por cierto, las fajitas son una manera de comer el pollo o la carne, en tiritas y con pimientos, cebolla y chile cocinados y listos para meterse en tortillas, no las tortillas en sí…

4.

Corregirnos la pronunciación de palabras que provienen de México como cacaHUAtes, del náhuatl tlalcacahuatl.

5.

Decir que no hay buena cerveza mexicana. El que estemos aquí bebiendo felizmente sus deliciosas cervezas no quiere decir que no tengamos un rincón en nuestro corazoncito para una Victoria, una Pacífico o cualquier cerveza preparada en michelada cubana, que lleva picante, sal, limón, salsa inglesa y una cosa que se llama «jugo sazonador Maggi» y que es negro, dulce y salado y no tenemos ni idea de cuáles son sus ingredientes, pero se lo echamos a la pizza, a los tacos y, claro, a la cerveza.

6.

Festejar la Hispanidad como sinónimo del «Descubrimiento de América». O sea, básicamente el que hace siglos se haya comenzado a invadir el continente americano, lo cual nos trajo cosas bonitas como los caballos y cosas muy feas como la viruela y la sífilis. Ya en serio: nos choca el concepto de que estábamos ahí nomás, esperando a ser «descubiertos» y conquistados, y aguas con sugerir que nos llevaron «la civilización». Y ahí la dejamos, pa’ no ponernos políticos…

7.

Decirnos que hablamos en «mexicano» como si el español como idioma le perteneciera únicamente a España y todo lo demás fueran deformaciones de éste. Y citar a la RAE para argumentar sus puntos. Neto, mejor enriquecer chido el idioma con el friego de expresiones chingonas que tenemos los mexicanos y el resto de latinoamericanos.

8.

Confundir las nacionalidades de todos los latinoamericanos y llamarnos a todos «sudacas». Para empezar, lo mejor es preguntar a sus amigos sudamericanos si el apodo les molesta o no, pues no todos coinciden, y México realmente pertenece a Norteamérica, aunque para gringos como Donald Trump América sea su país y ya…

9.

Esperar que todos los mexicanos tengamos una fisonomía similar. Habemos mexicanos morenos, rubios, pelirrojos, de piel blanca, aceitunada, ojos verdes, etcétera. Algunos tenemos rasgos indígenas y otros no; algunos somos hijos de migrantes de hace dos o tres generaciones y no por eso somos ni nos sentimos menos mexicanos.

10.

Que nos hablen de su política dando por hecho que tenemos que estar al tanto o que mencionen una ciudad y esperen que sepamos dónde está, como si eso fuera cultura general. ¿Saben ustedes dónde está Nayarit? ¿O cuál cantante de banda fue candidato a la presidencia en las pasadas elecciones?

11.

Que asuman que en México seguimos viendo a Cantinflas y al Chavo del Ocho, y que la única producción televisiva actual siguen siendo las telenovelas. Échenle un ojo a su Netflix y vean Temporada de cuervos o alguna de las excelentes películas mexicanas que siguen acumulando premios. ¡Y no pregunten si está disponible en «versión» española!

12.

Que digan que conocen México por haber estado en Cancún. O en Acapulco. Es como decir que conocemos España por haber estado en Ibiza.

13.

Será nuestra cercanía con «América», pero en México hasta las personas que no hablan inglés pronuncian bien palabras como Wi-fi, Star Wars o Google, y la insistencia de «españolizarlas» nos irrita muchísimo: o te inventas palabras nuevas o las aprendes a decir bien. Así, sólo suenas naco.

14.

Esta no encabrona, más bien da risa: «¿Mexicano? Tengo una amiga mexicana, a ver si la conoces…». Es más probable que encontremos nuestros seis grados de separación con Kevin Bacon a que conozcamos a tu amiga mexicana en un país de más de 120 millones de habitantes. Pero qué bueno que la tienes. Seguro que te lo pasas de p*** madre con ella.

15.

Que sólo se interesen por las malas noticias y la violencia de nuestro país. Sí, México tiene muchos retos, pero también está lleno de maravillas, de ciudades encantadoras como Zacatecas, San Cristóbal de las Casas, San Miguel de Allende, Guanajuato o Morelia, playas hermosas (más allá de Acapulco y Cancún), sitios arqueológicos espectaculares, la comida más deliciosa del planeta, tradiciones increíbles y una cultura que no deja de reinventarse y sorprender a quien se anima a conocerla.