1. ¡Qué pechá de trabajar! ¡Estoy guarnío!

Una pechá es una de esas medidas malagueñas que no tienen correspondencia literal. Tampoco una mijita, una mijitilla o ná y menos. Es como lo del chorreón de aceite, sabes que hay que echar aceite, pero no exactamente cuánto. Así que en este contexto significa que has trabajado un montón y que, por eso, estás reventado, hecho polvo, cansadísimo. ¡Vivan los sinónimos!

2. Alárgame hasta la playa.

Probablemente la física lo impida estés donde estés… Pero no, no se trata de estirar al cuerpo humano cual Plastic Man, se trata de aprovechar que alguien va a pasar cerca de la playa con su coche para que te lleve hasta allí. En Málaga es fácil que te alarguen a la playa, al centro o al mercado, pero fuera de su geografía la expresión hace dudar a más de uno.

3. Esa tienda es tó perita.

Es decir, que te ha gustado mucho. Se puede aplicar a cualquier objeto, persona, situación… Basta decir «¡qué perita!» para demostrar que te ha gustado algo. De hecho, el mayor piropo que te puede decir una persona malagueña es que eres «muy perita».

4. ¿Me pone una nube, un mitad doble y un pitufo catalana? Que hoy estoy alobao…

Fuera de Málaga, pedir eso en un bar o restaurante supone encontrarte con una cara de sorpresa del camarero, que también puede pensar que le estás vacilando. Pero no, si estás alobao es porque estás cansado, no terminas de estar despierto y, por eso, necesitas un par de cafés y un bocadillo de tomate, aceite y jamón. O un buen pitufo mixto, con queso y jamón de york. ¡Buen provecho!

5. ¡Estate aliquindoi!

Decir eso fuera de Málaga sin antes haber pronunciado palabra hace pensar a cualquier interlocutor que no eres ni andaluz ni español, sino más bien de cualquier otro país del mundo. Son las cosas del verbo estar, pero también de cómo aquella expresión inglesa, look and do it, se malagueñizó hasta ser irreconocible.

6. ¡Este graffiti te ha quedado nike!

A saber cómo ha llegado la marca norteamericana de zapatillas al castellano-malagueño. Pero si algo te ha quedado nike, es que está muy bien, perfecto. Hay quien lo escribe con la letra Q para decir cosas como «este espeto está nique». Sea como sea, las sardinas asadas siempre están ricas.

7. Oye, ¿me prestas el guarrito?

Más allá de Málaga, si le haces esa pregunta a alguien le pueden pasar mil cosas por la cabeza antes de acertar lo que realmente le has pedido. Por supuesto, podría ser un cerdo pequeñito, pero no, no lo es. No es ni más ni menos que el taladro, que aquí llamamos guarrito por la marca Warrington. Ojo, en algunos pueblos de la provincia lo llaman trompo. Al fin y al cabo, la cosa va de dar vueltas.

8. ¡Estoy canino!

O lo que es lo mismo, tengo muchísima hambre. Quizás haya que preguntar a la Patrulla canina, porque no sabemos muy bien qué tienen que ver los perros en todo esto… Lo que sí sabemos es que, al menos, en Málaga es fácil de solucionar gracias a su enorme gastronomía.

9. ¡Fite!

En este caso el malagueño cumple bien la norma andaluza de comerse algunas letras. Y, aunque lo habitual es zamparse las del final, en este caso son las del medio. Fite procede de fíjate, pero, quizás por vagancia, ha desaparecido la sílaba -ja-, justo en medio de la palabra.

10. ¿Te hace un chiquilindongui?

Si no vives en la Málaga profunda, la respuesta a esta pregunta puede conllevarte multitud de dudas. ¿Me estará pidiendo lo que creo que me está pidiendo? ¿Querrá que bailemos el cruzaíto o el brikindans? Pues no, simplemente te está pidiendo jugar al parchís. Así que elige entre el azul, el amarillo, el rojo o el verde. ¡Fite! ¡Que te comen esa ficha!

11. ¡Tírate por la chorraera!

Seguimos entre juegos. En esta ocasión tiene que ver más con los infantiles, porque la palabra chorraera es un sinónimo malagueñizado de tobogán. ¡A divertirse!

12. ¡Dame una caja de mixtos!

No, no te estoy pidiendo una caja de pitufos de jamón y queso. Tampoco una caja de perros de razas cruzadas. Lo que busco es una caja de cerillas, que se ha ido la luz.

13. ¡Te ha hecho un changuai!

Changuai, vaya palabro. Probablemente también venga del verbo inglés to change (‘cambiar’) porque cuando alguien te hace un changuai es que te ha cambiado algo, probablemente, beneficiándose mucho más que tú. Por eso se puede traducir también como ‘trampa’. Como cuando alguien tiene su cerveza casi acabada y, de repente, dice que la que está llena es suya (y no tuya). ¡Vaya changuai!

14. Ese merdellón está un poco majarón.

La frase, que bien podría servir para explicar que las palabras acabadas en sílaba tónica -on llevan tilde, puede ser incomprensible para buena parte de la geografía nacional e internacional más allá de las fronteras de Málaga. Aunque tiene traducción sencilla: esa persona (de aspecto cani, choni) está un poco loco. Así que aliquindoi.

15. ¡Niña, fite, una volantona!

Aquí el contexto da bastante igual, porque las volantonas siempre dan bastante yuyu. Son esas cucarachas de cierto tamaño que entran por tu casa por la ventana, volando, como si alguien las hubiera invitado. Afortunadamente, mientras las buscas con la escoba no suelen volver a volar, si no nos habríamos ido todos de la ciudad por temor a este insecto.

16. Esta tarde hay carrera de jábegas.

¿Y qué es una jábega? Así, a la gallega, suelen responder en cualquier punto del universo que no sea la Costa del Sol. Las jábegas son tradicionales barcas marineras que usaban ya los fenicios. Pesan cerca de una tonelada y, a pesar de ello, hoy se usan para competiciones deportivas donde un grupo de valientes decide mover tal peso con unos cuantos remos. ¡Y después se quedan guarníos!