Desde tiempos remotos, las enfermedades infecciosas han causado estragos en las comunidades humanas de todo el planeta.

Desde vajillas destrozadas en la antigua Siria hasta ataques contra los médicos en Gran Bretaña en la década de 1830, hay numerosos ejemplos documentados de la desesperación y el caos experimentado por quienes vivieron las pandemias. Vamos a recorrer parte de la historia y ver cómo superó la humanidad algunas otras pandemias mundiales.

La plaga de Justiniano (de 541 a mediados del siglo VIII)

Se estima que esta plaga aniquiló a decenas de millones de personas, aunque, debido a la falta de evidencias, es difícil saber la verdadera escala.

La enfermedad fue causada por una bacteria llamada Yersinia pestis, que es transmitida por pulgas y roedores. Se extendió por toda Asia central, Europa y los pueblos de todo el Mediterráneo. La gente de la época creía en gran medida que la plaga era un acto de Dios que castigaba así el pecado de los hombres.

Ante la plaga sólo cabía rezar, aislar a los enfermos y utilizar los métodos tradicionales para limpiar los aires malsanos, como quemar maderas olorosas y, por algún motivo, también romper cerámica.

El profesor JN Hays, autor de Epidemias y pandemias, se refiere a un ejemplo de ruptura colectiva de la cerámica en Siria en el siglo VII: “Hubo un aplastamiento deliberado de ollas; gente haciendo un clamor. Pareciera que la población experimentó un shock traumático. Este destrozo pudo ser producto del pánico, pero también podría haberse hecho de alguna manera para perturbar y limpiar la atmósfera”.

Por último, un dato nada desdeñable: esta fue la peste que desencadenó la caída del Imperio romano.

La peste negra (siglo XIV)

La peste negra se extendió por Europa, Oriente Medio y el norte de África a mediados del siglo XIV, eliminando en algunas zonas entre un tercio y la mitad de la población. La pandemia fue causada por la misma bacteria letal (Yersinia pestis) que causó la plaga justiniana.

Se extendió a través de rutas comerciales, llegando a Europa a través del centro comercial de Italia en 1347.
Los conocimientos médicos de la época se limitaron a anunciar que era causada por “malos aires”, lo que hizo que se extendiera el uso de flores aromáticas para evitarlos. Pero como era tradicional, popularmente se relacionó la peste con ideas de pecado y apocalipsis, castigos de Dios y alineación de los planetas.
La mayoría de la gente recurrió a la oración, pero también hay evidencia de que la gente trató de darle sentido a la devastación usando chivos expiatorios. En Inglaterra hubo violentos ataques contra comerciantes y tejedores flamencos. Adrian R. Bell, un historiador financiero, explica: “Hubo disturbios contra los flamencos mientras la gente trataba de lidiar con lo inexplicable. Esto también sucedió más tarde durante la agitación en torno a la revuelta de los campesinos, que se produjo después de décadas de trauma por la pérdida de población y el conflicto de clases: las personas atacaron a los forasteros sin otra razón que la de ser diferentes».

El cólera (siglo XIX)

Hubo seis pandemias de cólera en el siglo XIX. Originaria de la India, la enfermedad llegó por primera vez a Europa en 1831 durante la segunda pandemia, a través de rutas militares y comerciales. Sigue siendo una enfermedad generalizada y mortal en lugares donde las personas no tienen acceso a saneamiento suficiente y agua limpia.

La mortalidad por cólera fue alta y las personas morían poco después de infectarse. Fue particularmente virulenta en Inglaterra, donde se instalaron hospitales improvisados ​​en la mayoría de las ciudades importantes. Pero hubo resistencia a esta intervención estatal: estallaron disturbios y se atacó a los médicos. La gente sospechaba de los médicos, a quienes tenían que pagar por el tratamiento, y temían que sus cuerpos fueran tomados para diseccionarlos si morían.

La doctora Katrina Navickas, historiadora de las protestas del siglo XIX en la Universidad de Hertfordshire, dice: «La gente no confiaba en los médicos, no confiaba en el gobierno, y se sintieron aterrados por historias truculentas que la prensa escribía».

La falta de conocimiento sobre la enfermedad calentaba mucho más el ambiente si cabe.

En un principio se dio la información que el cólera se propagaba por el aire, pero más tarde se estableció que era por el agua, aumentando la desconfianza en médicos y científicos.

«No estaban seguros de cómo se propagaba el cólera, estaban realmente asustados y eso es en parte por qué hubo disturbios. La gente quería la certeza del conocimiento experto, pero simplemente no lo tenían en ese momento”, dice Navickas.

Gripe de 1918 (o española)

Photo: National Museum of Health and Medicine

Considerada la más mortal por su rapidísima expansión y letalidad, se llevó por delante entre 50 y 100 millones de personas.

Se la llamó gripe española porque en España la prensa informó de la enfermedad y de sus altos niveles de letalidad con toda normalidad, mientras en el resto del mundo los diarios —envueltos en la I Guerra Mundial, en la que España era neutral— escondieron el asunto para no alarmar ni deprimir a la opinión pública.

Entre los infectados hubo muchos animales domésticos (perros y gatos), así como muchos adultos jóvenes con sistemas inmunológicos debilitados a causa de la guerra. Justamente. la contienda de carácter mundial y el movimiento continuo entre los frentes ayudó activamente a su expansión.

El brote hizo que la ciencia mejorara los métodos sanitarios, tanto para prevenir contagios entre personal sanitario como a nivel de investigación. Unos años después, Alexander Fleming descubriría los efectos de la penicilina y abriría la era de los antibióticos.

Sida (1981-actualidad)

El sida es una pandemia particular, ya que, debido a los métodos de contagio, las personas infectadas han sido objeto de discriminación y prejuicios constantes, que se mantienen hasta hoy día. El grupo más vulnerable (homosexuales y heroinómanos) fue más discriminado y olvidado si cabe, ya que en muchos ambientes conservadores y religiosos arraigó la idea de que la enfermedad era un castigo bien merecido. El sida ha sido la epidemia más silenciada y menos apoyada para ser combatida de la historia, y sólo porque afectaba a un colectivo ya en el ojo de mira desde siempre. Prejuicios sobre prejuicios envolviendo un montón de prejuicios.

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida sigue siendo parte del día a día de las sociedades modernas. A lo largo de los últimos 40 años, se estima que el VIH —el virus que provoca la enfermedad— ha causado en torno a 25 millones de muertes.

Hoy día, muchos de sus pacientes ya llevan una vida totalmente normal con los tratamientos adecuados, mientras que hace solo unos días se anunciaba que un segundo paciente a nivel mundial ha conseguido eliminar el virus de su organismo. Todo un logro.

Covid-19

Ha habido 217.000 muertes registradas y más de tres millones de casos confirmados de covid-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus, desde enero. Una de las cosas que más sorprende es lo poco que han hecho los países para prepararse, a pesar de ver a tiempo real cómo se desarrollaba en China durante meses.

En el pasado no había la misma velocidad de información sobre el desarrollo de la enfermedad. No es difícil entender que en 1918 las noticias sobre la enfermedad viajaban más lentamente y que por eso las respuestas fueron más lentas. Sin embargo, hoy es más difícil perdonar la falta de preparación. Hace surgir una pregunta crítica: si no era información lo que se necesitaba para manejar y anticiparse a esta crisis, entonces ¿qué era?

Los avances y cambios que se den tras esta nuestra epidemia aún están por ver, pero estoy convencida que no dejarán a la humanidad ni indiferente ni con las manos vacías.