«Ninguna cosa -dice el Padre Acosta-, me ha admirado más ni parecido más digna de alabanza y memoria que el cuidado y orden que en criar a sus hijos tenían los antiguos mexicanos. En efecto, difícilmente se hallará nación que, en tiempos de su gentilidad, haya puesto mayor diligencia en este artículo de la mayor importancia para el estado”.

1.

La educación comenzaba al nacer el niño, que era recibido con serios discursos y prometido por sus padres a alguna de las dos casas de formación: el Telpochcalli o el Calmécac, siendo éste último el centro de educación superior. La elección de uno u otro dependía de la voluntad de los padres, guiados por los consejos del sacerdote que leía los horóscopos de la fecha del nacimiento del niño. Aunque el Calmécac era el destino habitual de la aristocracia, no era exclusivo, sino un colegio abierto a todos. Había colegios separados para hombres y mujeres.

2.

Cuando un niño nacía, sus padres lo prometían como un don, y lo llevaban al Calmécac para que llegara a ser sacerdote, o al Telpochcalli para que fuera un guerrero.

3.

La educación en ambos era, se sabe, severísima, al grado de no excluir la pena de muerte para los incorregibles. Se esperaba de los alumnos que fuesen «como piedras preciosas» y, por tanto, «labrados y agujerados».

4.

Así fue la advertencia de un padre a su hijo antes de entrar:

«Oye lo que has de hacer, que es barrer y coger las barreduras, y aderezar las cosas que están en la casa; hazte de levantar de mañana, velarás de noche; lo que te fuese mandado harás, y el oficio que te dieren tomarás. Y cuando fuere menester saltar o correr para hacer algo, hacerlo has. Andarás con ligereza, no seas perezoso, no serás pesado, lo que te mandaren una vez, hazlo. Cuando te llamaren una sola vez, irás con ligereza y corriendo. No esperes a que te llamen dos veces; aunque no te llamen a ti, ve a donde llaman corriendo, y harás de presto lo que te mandaren hacer y lo que sabes que quieres que se haga, hazlo tú”.

5.

La diferencia entre un colegio y otro podríamos ponerla en lo intelectual. El Telpochcalli se enfocaba más a la formación práctica, para la guerra y el trabajo. El Calmécac más a la instrucción académica.

6.

En Telpochcalli:

«… Siendo ya hábil para la pelea, llevábanle y cargábanle las rodelas, para que las llevase a cuestas. Iban todos juntos a trabajar dondequiera que tenían obra, a hacer barro, o paredes, maizal, o zanja o acequia y traer leña a cuestas de los montes…» .

7.

En el Calmécac, en cambio, sin descuidar la guerra, se atendía más al estudio:

«Tenían ayos maestros prelados que les enseñaban y ejercitaban en todo género de artes militares, eclesiásticas, mecánicas y de astrología por el conocimiento de las estrellas, de todo lo cual tenían grandes y hermosos libros de pinturas y caracteres de todas estas artes por donde las enseñaban. Tenían también libros de su ley y doctrina a su modo por donde los enseñaban, de dónde hasta que doctos y hábiles no los dejasen salir sino ya hombres…».

8.

Los profesores de ambos colegios al parecer tenían un concepto muy moderno de la pedagogía, de un respeto muy consciente al plan de sus deidades, manifestado en la personalidad individual de sus alumnos y de que su papel era ser instrumentos de la misma deidad en su formación. Cuando los padres, al llevar al chico, les hacían una formal petición y presentación, con toda la humildad y modestia de la buena etiqueta indígena, ellos contestaban:

«Tenemos en mucha merced haber oído vuestra plática o razonamiento. No somos nosotros a quienes háceis esta plática, la hacéis al señor Dios, él es a quien habláis y a él dáis y ofrecéis a vuestro hijo y nosotros en su nombre lo recibimos…Ignoramos los dones que le fueron dados, deseamos y rogamos que le sean dadas las riquezas de nuestro señor Dios; deseamos que en esta casa se manifiesten y salgan a la luz. No os podemos decir con certidumbre esto será o esto hará. Nosotros haremos lo que es nuestro (deber), que es criarlo y adoctrinarlo como padres y madres. No podemos por cierto entrar en él, dentro de él, y ponerle nuestro corazón; y tampoco vosotros podréis hacer esto, aunque sois padres. Lo que resta es que no os descuidéis en encomendarle a Dios con oraciones y lágrimas, para que nos declare su voluntad”.

Para cerrar, comparto con ustedes esta reflexión de Soustelle:

«Es admirable que en esa época y en ese continente, un pueblo indígena de América haya practicado la educación obligatoria para todos, y que no hubiera un solo niño mexicano del siglo XVI, cualquiera que fuese su origen social, que estuviera privado de escuela”.

Fuentes:

1.- CLAVIJERO S.J. Francisco Javier: Historia Antigua de México, Ed. Porrúa, Colección «Sepan Cuantos…» no. 29. Apud LEON PORTILLA: La Filosofia.

2 .- SOUSTELLE Jacques: La Vie quotidiènne des Aztèquez a la veille de la Conquête Espagnole, Ed. Hachette, Paris 1955.

3.- Florentine Codex, part. IV, translated from Aztec into English by A.J.O. Anderson and Ch. E. Dibble. Apud LEON PORTILLA: Filosofía.

4.-SAHAGUN: Historia General de las Cosas de Nueva España…, lib. VI, cap. XL.

5.- SAHAGUN: Historia.., lib. III, Apéndice, cap. V.

6.- DURAN Fr. Diego O.P., Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, Ed. Porrúa, Biblioteca Porrúa nos. 36 y 37, vol. I., cap. 21.

7.- SAHAGUN: Historia.., lib. III, Apéndice, cap. 4.

8.- Textos de los Informantes de Sahagún, vol. VI, fol. 215 AP I 64. Apud LEON PORTILLLA: Toltecáyotl, IIa. parte, cap. 9.

9.- TORQUEMADA Fr. Juan de: Los 21 Libros Rituales y Monarquía Indiana, 3 vols. Fotocopia de la 2a. Edición, Madrid 1723, vol. II, p. 187. Apud LEON PORTILLA: La Filosofía…, cap. V.

10.- SAHAGUN: Historia.., Libro III, Apéndice, cap. 5, no. 8.