Los que toman acciones “legales” cada vez que Facebook actualiza sus términos de uso.

“Por medio de la presente quiero manifestar que desconozco los acuerdos legales que adquirí con Facebook en el momento en el que acepté sus términos y condiciones, pero estoy seguro de que estoy siendo vigilado por entes de maldad absoluta cuyo único fin es robarse mis fotos de la peda y mis posts mañaneros que son poesía pura. Claro que nadie anticipó que sería tan astuto como para pegar esto en mi muro y anular toda esta maldad. ¿Dónde está tu dios ahora, Zuckerberg?” .

 

Esa g3nt3 k ezkrib azziiiiiii xxxDDDD Lololololol.

Aquí hay que ponerse utilitarista: si la frustración por no poder leer el mensaje es más grande que el placer que te da entenderlo… no vale la pena intentarlo.

 

Los que hacen de su muro un recuento de su relación.

¡Subir fotos atascándote con tu pareja no está padre! Todos hemos estado en el ajo del enamoramiento, ese momento en el que creemos ser el máximo ejemplo de la belleza del universo y entendemos el propósito de la vida. Pero donde ustedes ven conejitos, campos de tulipanes y algodones de azúcar, los demás sólo vemos un exceso de fluidos en intercambio y ángulos de cámara poco agradables. De verdad, NADIE lo disfruta, pero es aún más perturbador pensar que alguien lo pudiera llegar a disfrutar. Mejor ya no lo hagan ¿va?

 

Esa persona cuyo perfil mutó hasta volverse el perfil de su hijo, gato o perro.

Si puedes hacer una película en stop motion con la cantidad de fotos que subes de tu perro… el mundo ya no necesita más fotos de tu perro.

 

Los que se la pasan sufriendo sin dar razón.

“Es el peor día de mi vida, no sé si vale la pena seguir… :(”. Y ahí van todos de metiches a ver los cuarenta comentarios para enterarse del chisme completo. Pero después de ver publicaciones del estilo unos cuantos cientos de veces -e ir de metiche a los comentarios-, les puedo asegurar que la respuesta casi nunca se hace presente. Si van a contar sus penas, cuéntenlas bien, que para eso es Facebook, ¡para chismear!

 

Los que abren una cuenta nueva cada vez que terminan una relación.

¿No sería más fácil bloquear a su ex?… ¿o ir a terapia?

 

Los seguidores de culto de las cadenas.

Un grupo de individuos que decidió migrar del correo electrónico a las redes sociales y que sigue atormentando al Internet con la promesa de bienestar económico, salud y amor a cambio de compartir un post. Un post que de alguna manera recibió la bendición de no sé qué espíritus de la buena onda digital y cuyo poder se manifiesta únicamente mediante la acción de darle clic a “compartir”.

 

Esa persona que te inunda con imágenes cursis de amor y animalitos felices.

Para decirte lo especial que eres y cuán importante te considera en su vida… pero te etiqueta junto con otras setenta y ocho personas.

 

El fanático de Candy Crush o el juego que esté de moda en Facebook.

Son como los Testigos de Jehová de las redes sociales: fanáticos hasta la muerte, empeñados en que entres en su mundo y bien pinches necios. Si quisiera jugar contigo, seguramente ya estarías enterado y seríamos mejores amigos de Candy Crush y participaríamos en torneos juntos y haríamos planes sobre cómo atraer más gente a nuestro mundo de diversión… pero no me interesa, gracias.

 

Los desconocidos que te exilian de tu propio muro.

Típico, etiquetas a un par de personas en alguna foto o en alguna publicación y en un rato ya tienes de invitado, en tu propio muro, al amigo del amigo del amigo y todos platican de la fiesta del sábado y de como Juanita estaba hasta las chanclas y de cómo tendríamos (tendrían… a ti nadie te está invitando) que verse más seguido.

 

Esa gente que comparte pura estupidez.

Por favor, revisen las fuentes de las que toman información antes de compartirlas como verdades absolutas. La luna no está hueca, las vacunas no dan autismo y Bill Gates no decide regalar su fortuna de la noche a la mañana cada seis meses. Sé que puede ser difícil de entender, pero a veces Internet también se equivoca.

 

Y ya para ponernos un poquito más intolerantes…

Pueden revisar a quienes, entre sus conocidos, gustan de cosas extrañas como Paulo Coelho o la Saga de Crepúsculo. Hay cosas que se entienden como placeres culpables… pero a los placeres culpables no les pones “me gusta” en Facebook, ¿o sí? Por lo menos amerita que cuestionen a sus amigos sobre el origen de dichos gustos.

Por cierto, denle clic a los dos enlaces de este punto. No se van a arrepentir…