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Los 14 dúos más famosos de la gastronomía gallega

Galicia
by Ana Bulnes 29 Mar 2018

1. Los pimientos de Padrón y el verano


Pocas cosas hay más representativas del verano que poder pedir en una terraza unos pimientos de Padrón y tomarlos mientras bebes una Estrella. Mojar el pan en el aceitito, casi masticar la sal de lo gruesa que es y saber que cada pimiento que te llevas a la boca es un acto de valentía (¿y si pica?). ¿No te inundan ya la paz y esa felicidad estival solo con pensarlo?

2. El pulpo á feira y los palillos

Algo se pierde si tomamos el pulpo con tenedor. Para la experiencia son imprescindibles también el plato de madera (absorbe el agua, pero deja el aceitito) y el pan. Del pimentón no hablamos simplemente porque es parte de la receta: si no hay pimentón, no hay pulpo á feira.

3. El licor café y la crema de orujo


No, no, no es que si bebes uno vayas a beber el otro (que puedes, yo he presenciado hasta ceremonias de mezcla para hacer una especie de café con leche alcohólico), sino más bien que siempre están los dos como opciones para elegir, una especie de yin y yang. Es el momento pastilla roja o pastilla azul, el momento en el que eliges si quieres irte a la cama pronto (cremita) o ver amanecer (licor café).

4. El queso de tetilla y el membrillo


De postre o de merienda, siempre es una alegría (como, por otra parte, deben serlo los postres y las meriendas). La tetilla cremosa, el membrillo tan dulce, llevártelos a la boca juntos y esa explosión de sabor y contraste que inunda el paladar. Parecen hechos el uno para el otro, tanto que hasta comparten esa terminación en -illo/a.

5. El churrasco y el buen tiempo


Que sí, que también se puede comer churrasco en invierno, pero la experiencia completa incluye sol, un grupo de amigos o familia, y la preparación de la carne en una parrilla al aire libre. Los días de churrascada suelen quedarse en nuestra mente como días redondos y largos, de esos en los que a lo mejor empiezas a comer a las 4 (por eso de que se calcula mal todo el tema de las brasas) y alargas la jornada hasta las 11 sin saber bien cómo. A las 11, eso sí, el sol todavía está diciendo adiós. Ah, el verano.

6. Las filloas y el Entroido


Y las orejas, no olvidemos las orejas. Lo único malo de la semana de Carnaval es que el tiempo no suele acompañar; por lo demás, lo tiene todo para ser la mejor semana del año: ¡disfraces! ¡filloas y orejas! ¡cocido! Y, si todavía eres estudiante, ¡vacaciones!

7. El caldo y los días de frío


Hay pocas cosas más reconfortantes que un caldo gallego bien calentito uno de esos días de frío y lluvia en los que crees que la humedad nunca va a abandonar tus huesos. El caldo hace lo que no logra ni el desumidificador y al tercer trago ya te sientes mucho mejor. ¿El moquillo ese que notas que se te empieza a deslizar nariz abajo? La señal inequívoca de que te estás descongelando.

8. El pimentón y… lo que sea


No vamos ni a explicarlo. Todo, absolutamente todo, es mejor con una cucharadita de pimentón dulce.

9. La tarta de Santiago y las muestras gratis


Todo el que haya estudiado en Santiago y se moviera más por el campus norte que el sur sabe que las muestras gratis de tarta que dan en las tiendas que están cerca de Medicina son para todo el que pase… excepto los estudiantes. Aun así, todos hemos logrado burlar en alguna ocasión el radar detectaestudiantes de las dependientas y hemos tomado un trocito de tarta de aperitivo.

10. El marisco y las bodas


Uno no sabe qué es una mariscada de verdad (ni el límite real de su estómago) hasta que va a una boda gallega. Vieiras, nécoras, quizá un salpicón de aperitivo, langostinos, gambas, agujas… y todo esto antes de los platos de pescado y (y, no o) el final de carne. Si te invitan a una boda, ayuna la semana anterior.

11. Las sardinas (y unos cachelos) y San Juan


El inicio de la temporada de pimientos y churrascadas, la noche más corta, las hogueras, meigas fóra, la mejor bienvenida al verano. Todo esto lo acompañamos de sardinas asadas, si tienes suerte unos cachelos y, por supuesto, un buen pan. Si el tiempo acompaña, durante los tres siguientes meses lo harás todo al aire libre.

12. El lacón y los grelos


Podemos tomarlos por separado o con otras parejas (yo admito que soy un poco hereje y del lacón con grelos me suelo quedar solo con estos últimos y unas patatas), pero son uno de los dúos más icónicos de la gastronomía gallega. Decir lacón significa decir de forma casi automática grelos, como casi como si lacón con grelos fuese una única palabra (laconcongrelos). Y en algún momento lo será.

13. El raxo y las patatas fritas


Una de las raciones que nunca faltan en los menús de los bares de tapas gallegos. Quizá ponga solo raxo (lomo de cerdo adobado y en daditos), pero las patatas fritas vienen de la mano casi como si fuesen su consecuencia natural. Pide también unos pimientos de Padrón, que la felicidad consiste en esto.

14. La queimada y el esconxuro


Seguro que en alguna ocasión alguien ha hecho una queimada sin recitar el esconxuro, pero le quita toda la gracia. ¿Qué hacer mientras se remueve la poción? ¿Charlar? Claro que el conjuro es de 1967 y no se popularizó hasta los 70. Sin duda todo era más aburrido. Y seguro que la resaca era peor.