Yo no conocía la palabra canariedad hasta hace relativamente poco. Los canarios, al igual que otras regiones, poseemos un orgullo asociado a nuestra peculiar cultura, cuyos reflejos lingüísticos, institucionales y folklóricos nos identifican como comunidad y en mayor o menor medida como personas. La identidad canaria, como me gusta decir a menudo, no sólo se compone de un lugar de residencia, sino también un estilo de vida.

Creo firmemente que el tribalismo que nace de la exploración de este concepto siempre debe estar sujeta a la intención de potenciar los aspectos más positivos de las personas y las comunidades que conforman. En mis años yendo y viniendo de las islas y trabajando en redes sociales he descubierto una corriente de pensamiento que promueven algunas personas, intermitente pero siempre presente, que usa la exaltación de la identidad canaria mal. A veces de forma intencionada, otras no tanto. Creando un baremo, innecesario, subjetivo, con el que denigrar, comparar y criticar la canariedad. Una actitud que no promueve conversación alguna, pero no puedo evitar deprimirme cuando veo cómo algunos usan la identidad canaria para elevarse a uno mismo por encima de los demás en lugar de inspirar al resto. Tengo claro que esto en lugar de crear canarios, los destruye.

Es especialmente cansino lidiar con estas actitudes cuando surgen en situaciones en las que uno sólo intenta abrir su visión a nuevos conceptos, venidos de fuera o no, para aportar más a las propias islas. A esa actitud limitadora y conflictiva la he definido como la CANARIEDAD BARATA y estas son las 3 cosas que más me cansan de ella:

1. La canariedad como objeto inamovible

La canariedad barata promueve un estereotipo del canario estancado en el tiempo, fiel a las tradiciones ancestrales, que critica la evolución o avance de la misma sin tener en cuenta que el pueblo canario es una cultura nacida de la adaptabilidad de su gente, bañada por la herencia colonial y su propia realidad geográfica a camino entre Europa, África y América. Empeñado en identificar al auténtico canario únicamente como un campesino ataviado de su indumentaria tradicional, confunde el respeto a nuestros mayores y nuestra historia con la censura de nuevos modelos, imágenes y tradiciones que puedan llegar a actualizar la canariedad a los tiempos que corren.

2. La canariedad como arma de discriminación

La canariedad barata no descansa. Pone a prueba tu identidad a cualquier hora, generalmente sin venir a cuento. No te atrevas a volver de un viaje de varios años por el mundo con el acento debilitado, imperdonable “síntoma” de tus experiencias de las que posiblemente tanto has aprendido. Lanzarte a aprender a tocar la guitarra, el ukelele y que constantemente se te recuerde la existencia del timple, un gran instrumento, sí, pero no es el único y no pasa nada. Decir que el gofio no te gusta y que se convierta en una discusión. Que un actor o cantante de la islas sea criticado cuando, por motivos laborales, tiene interpretar sin acento (o con otro) y eso sea un problema para algunos cuando para eso son intérpretes y la obra es la que manda.

Todo ejemplos de este ruido social innecesario que nada tienen que ver con la canariedad de uno, sino con la falta de miras de otros. Un canario no es una persona anclada y limitada por su cultura, no. Es una persona que no la olvida y, si así lo desea, la combina con lo que se encuentra.

3. La canariedad como complejo

La canariedad barata, contra todo pronóstico, tiene dos caras. También aparece para criticarla de la forma más innecesaria, considerando la canariedad como un tara, un hándicap que uno debe superar para estar a la altura del resto del mundo. Cuántas veces habré oído aquello de “es aquí no se puede”, “es que aquí todo es muy cutre”, “es que aquí nadie sabe de eso”. Una actitud derrotista que asume que Canarias no puede ser el caldo de cultivo del que puedan salir los mejores artistas, profesionales u obras de talla mundial. Algo ridículo cuando uno ve todo lo que se ha hecho en las islas y desde ellas. Ni siquiera me apetece ponerme a enumerar ejemplos, búscalos si tienes curiosidad que en Canarias también tenemos internet. Porque aunque la sociedad canaria tiene defectos como cualquier otra, las grandes virtudes que tiene no las tiene nadie.