El Carnaval es uno de los eventos más importantes, sino el que más, para muchos canarios de todas las islas. Festividades multitudinarias de todos los tamaños y formas recorren las ciudades y pueblos del archipiélago.

Entre todos ellas, destaca la Fiesta de Los Indianos, que se celebra cada primer lunes de Carnaval en la ciudad de Santa Cruz de La Palma. Esta tradicional representación hace que cada año las principales calles de la capital de la isla bonita se vean inundadas por miles de Indianos ansiosos por vivir un año más el evento que, sin lugar a dudas representa el plato fuerte de los carnavales de la isla y uno de los más importantes del archipiélago canario.

Este año tuve por fin la oportunidad de asistir y estos son los motivos por los que creo que esta fiesta es única en comparación al resto:

1. Una fiesta con mucha historia

La fiesta de Los Indianos se distingue por poseer unas raíces históricas y, sobre todo, una vis cómica muy interesante. Se denomina “Indianos” a los emigrantes palmeros que a principios del siglo XX, después de haber probado fortuna en América, regresaban a su tierra presumiendo de éxito y riquezas. Su llegada al puerto era un acontecimiento social que paralizaba la actividad habitual de la ciudad, formando un bullicio callejero conformado por muchos vecinos que se acercaban al muelle para recibir noticias, mercancías o la simple curiosidad de ver quién llegaba y de qué maneras.

Más adelante, en la década de 1920, un conjunto de amigos, agrupados en la sociedad humorística La Poteca, inició entonces el primer desfile de indianos, ahora sí, en el marco del Carnaval. Esta popular y tradicional fiesta palmera no es otra cosa que la representación de una parodia de estos emigrantes palmeros que regresaban con sus familias de las Américas, principalmente de Cuba.

Más tarde, en 1966, los indianos de los felices años 20 se reintegran en el programa del Carnaval. Desde entonces, la fiesta se fijó en el calendario del Carnaval de Santa Cruz de La Palma como expresión de una herencia, la de la migración hispanoamericana, que ha sabido convivir con un modo de ser del palmero, asiduo a la cita cómica, amigo de la burla y el buen humor. Como elementos imprescindibles no pueden faltar la música caribeña, el ron y por supuesto, todo esto se produce bajo una cruzada de polvos de talco.

2. La vestimenta

Tengo la firme creencia de que el entorno nos afecta psicológicamente y la etiqueta de esta fiesta es una de las cosas más llamativas de la misma, haciendo que el ambiente sea muy agradable y elegante. El blanco inunda toda la ciudad, tanto por la “batalla” de polvos de talco” como en lo que refiere a la vestimenta.

Los Indianos visten de blanco, beige o colores crudos, imprescindible. Pero eso si, deben ir ataviados con sus mejores galas. No vale cualquier ropa blanca. Ellas lucen elegantes vestidos en blanco, beige o tonos pastel, que se complementan con blondas, encajes, sombreros, abanicos, sombrillas y joyas. Ellos visten con levitas o trajes blancos o beige, guayaberas, sombreros panameños y también son muy usuales las maletas de estilo antiguo repletas de puros, joyas o similares.

3. El talco y la música

En cuanto al talco, debo admitir que aluciné con las cantidades que se lanzaron al aire. Ir limpio por la calle es una auténtica provocación para acabar empolvado o “enharinado” de los pies a la cabeza. La ropa, la piel, el aire, las calles… todo se tiñó de un blanco que parecía crear un lugar mágico en el que por un día todos, sin conocernos, estábamos en sintonía. En caso de ser asmático o sensible a problemas respiratorios, se recomienda el uso de mascarilla, colirios o gafas protectoras para evitar males mayores, así como un protector para el móvil. Pero no hay nada más divertido que encontrarse con gente limpia a la que no conoces de nada, empezar a tirarles talco y acabar de risas juntos.

Por otro lado, la música es maravillosa. Nada de pop, reaggaeton ni radio fórmula. Aquí las calles, las casas y locales se bañan de un purificador reguero de música cubana y similares que invita a bailar en pareja, en grupo o en solitario lanzando polvos de talco, pero siempre con unas ganas de fiesta que nunca llegan al despropósito sino manteniendo el disfrute de un buen rato en compañía.

4. Un marco incomparable

Como cada isla del archipiélago, La Palma es una isla con su propia identidad y uno lo nota desde que pisa tierra bajando del avión. Una isla de grandes contrastes geográficos, con una vegetación frondosa que lucha incesante por inundar tu ojos de colores verdes y una carreteras que se hacen paso como pueden entre tanta montaña y naturaleza hacen de la isla bonita, a falta de visitar La Gomera y El Hierro, la isla más verde que he visitado de Canarias. Es un entorno impresionante para una fiesta con tan buen gusto, la cual es especialmente bonita de explorar como aperitivo o postre de la Fiesta de los Indianos.

5. El buen clima

Lo que más me marcó. No quiero ser negativo, pero todos sabemos que en las fiestas, donde se consume alcohol y los ánimos se vienen arriba, siempre suele ocurrir algún que otro incidente. Aislados, que no representan a la mayoría, pero ocurren. A veces entre personas. A veces entre personas y el mobiliario urbano. En la Fiesta de los Indianos, si los hay, no los vi. A pesar de la cantidad de gente que había, el ambiente era muchísimo más tranquilo que en otros carnavales a los que he ido, con la gente en un estado de ánimo muy positivo y muy abierto unos con otros que hace que aunque vayas solo no te cueste nada entablar conversación con cualquiera.

Se trata de una fiesta que parece inspirar mucho respeto entre las personas y un tipo de festejo más sano y moderado, lo cual personalmente agradezco ya que con el paso de los años el desenfreno es algo que ya no me atrae tanto como antes. Además, la fiesta parece ser muy apreciada por familias y gente mayor, por lo que es un magnífico plan familiar. Como dicen allí, si vas una vez, repites. Y ahora sé por qué.