Soberbia

No se puede negar. Nos encanta presumir de nuestra posición privilegiada para el comercio mundial. Presumimos de playas de arena blanca que bañan nuestras costas con el agua de dos océanos, presumimos del lujo, el arte y la vistosidad de nuestro traje típico, la pollera, y por supuesto presumimos del canal de Panamá, obra de ingeniería singular que acortó distancias para el mundo. Y es que con tanto de lo que estar orgullosos, normal que presumamos, ¿no?

Avaricia

Nuestro nombre lo dice: Panamá significa abundancia de peces, abundancia de mariposas. Panamá es exuberancia y diversidad. En el cuadrante izquierdo de la parte inferior de nuestro escudo aparece una cornucopia de la que manan monedas y que simboliza, adivinen qué: abundancia.
La biodiversidad de este pequeño istmo es impresionante, tenemos montañas y playas, tenemos múltiples tipos de bosques, tenemos flora y fauna para repartir. Tenemos una herencia cultural que viene de nuestros indígenas, que nos llegó de África, de España, de las Antillas, de China… Tenemos mucho y queremos que siga así.

Envidia

¿Envidia? ¿Tal vez de los cambios de estaciones de otras latitudes? Pero entonces no podríamos ir a la playa, la piscina o al río, a bucear, practicar surf, nadar o pescar, prácticamente los 365 días del año. No podríamos disfrutar de esas tormentas tropicales que llegan de la nada, empapan la tierra y se van dando paso al sol radiante. No tendríamos tanta variedad de frutas ‘exóticas’ que inspiran postres y comidas deliciosas. No tendríamos…
¿Envidia? Creo que mejor nos dedicamos a inspirarla nosotros llenando las redes de fotos y artículos de nuestras increíbles islas caribeñas en Bocas del Toro y Guna Yala, de nuestras tupidas selvas tropicales en las laderas de la Cordillera Central, de nuestra comida típica, de nuestros carnavales y de todo lo lindo que tenemos.

Ira

Los panameños somos en general gente tranquila, pero hay ciertos temas que nos hacen hervir la sangre y dejan salir lo peor de nuestro repertorio, ¿quieres algunos ejemplos?

  • Pon en duda la soberanía de nuestro país. Di que somos un protectorado de EE.UU. o que aún formamos parte de Colombia, ufff, allí se nos empieza a contraer el cuerpo.
  • Di que no somos más que el canal. ¿En serio? ¿con todos los recursos naturales y culturales que tenemos? Por favor.
  • Llévanos a pasear en hora pico. El tráfico es un problema que aqueja principalmente a los capitalinos: filas interminables que no se mueven, obras por todos lados, la descortesía en el manejo. Esto sí que saca lo peor del panameño… y de cualquiera.
  • Habla mal de Panamá. Definitivamente distamos mucho de ser un país perfecto, pero tenemos muchas cosas buenas. Conócenos, no seas demasiado crítico con nuestros defectos.

Lujuria

¡Panamá es una tierra con una herencia tan variada! Desde la época precolombina hemos sido un sitio de paso, un sitio de reunión. Aquí se han dado cita y se han mezclado un sinnúmero de razas y culturas que se adaptan y se fusionan con las autóctonas y que hacen que prácticamente cualquier fenotipo pueda pertenecer a un panameño.

Gula

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«Si vas al Casco, para en el Mercado del Marisco y cómete un buen ceviche o un pescado frito con patacones», «si pasas por Capira no olvides parar a comprar una la empanada de queso y bájala con un vaso de chicheme», «ahh y no te olvides de ir a tal restaurante, el rabo encendido y el icing glass están espectaculares», «el sancocho de este sitio revive muertos». La gastronomía en Panamá ha evolucionado a pasos agigantados en los últimos años, haciendo que la oferta culinaria se extienda para abarcar a todos los gustos y presupuestos. Si vienes de visita, sigue las recomendaciones de los locales y prueba todo lo que puedas, ¡está buenísimo!

Pereza

Y por último, yo no llamaría pereza a disfrutar del ritmo isleño tumbada en una hamaca a orillas del mar o en una terraza, con una cerveza bien fría en la mano, bien relajada. ¡Qué va!, eso no es pereza, eso es mezclarse, es dejarse llevar, es disfrutar.