Foto: Leon Rafael/Shutterstock

Los 9 dulces típicos más extraños de México

México
by Rulo Luna Ramos 5 Oct 2018

1. Queso de Tuna

 

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Foto: @elocatev
 

No es queso, pero si es de tuna. Este dulce de origen prehispánico es típico de las dulcerías del Bajío. Se prepara a partir del jugo de tuna cardona —de color rojo—, tiene una consistencia firme y su sabor es… digamos que es peculiar. Es ese típico dulce que los papás siempre quieren hacer probar a los niños y al que estos se resisten con toda su alma. Esto es una verdadera lástima ya que el queso de tuna tiene un montón de propiedades que promueven la buena digestión y lo hacen un gran complemento alimenticio. En algunas ciudades de Guanajuato y Zacatecas lo puedes encontrar con vendedores ambulantes. En la la Ciudad de México lo puedes probar en la Dulcería de Celaya.

 

2. Charamuscas

 

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Foto: @detourporguanajuato
 

Este dulce hecho con caramelo —piloncillo para los mexicanos— es típico de toda la zona del Bajío, pero su fama se la debe a la ciudad de Guanajuato. Fue aquí donde lo maleable del caramelo derretido se juntó con el ingenio local, dando como resultado el souvenir perfecto para el Museo de las Momias de Guanajuato. Un dulce de piloncillo lo tiene cualquiera, pero un dulce de piloncillo que basa su atractivo en tener la forma de un cuerpo momificado… sólo en México.

 

3. Las obleas chiquititas

 

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Foto: @krishna_nube
 

Un dulce verdaderamente intrigante. El sólo hecho de llamarle dulce ya nos pone en problemas, ya que estos paquetitos multicolores no saben mucho a dulce que digamos, de hecho no saben mucho a nada. Nadie sabe exactamente qué se hace con estas hojitas de harina de trigo que se rompen nada más de verlas, pero aún así se venden por todos lados. ¿Tal vez pueden ser parte de un bonito centro de mesa?

El perfeccionamiento de este “dulce” se logra uniendo un par de obleas con un poco de cajeta. Aunque esta delicia podría parecer una justificación aceptable para la existencia de las obleas, los invito a intentar hacerlo en casa sólo para convencerse que es mejor comprar la combinación ya preparada. Claro, a menos que quieras terminar con un montón de obleas rotas y todo embarrado de cajeta.

 

4. Camotes poblanos

 

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Foto: @eatmexico
 

El camote es un dulce complejo. No recuerdo mi primer encuentro con este postre poblano, pero sí recuerdo que cuando era niño, la emoción de pasar por la zona de vendedores de dulces que se ponían alrededor de la caseta de cobro de la autopista México – Puebla era siempre seguida por la reafirmación de que el camote no era mi dulce favorito. Los camotes tienen esa consistencia característica de la papa y un sabor muy definido que domina sobre las esencias y frutas que se usan para darles sabor. No dudo que muchos puedan ser fanáticos del camote desde la primera vez, pero siempre que comparto uno de estos dulces típicos con amigos que visitan México, veo en sus caras esa expresión de desconcierto, como la que pusiste de chavito la primera vez que le diste un trago a una cerveza.

 

5. El polvito con chile

 

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Foto: @laconfimx
 

Para los que se preguntan de dónde sale esa extraña afición de los mexicanos por ponerle limón y chile hasta a la sopa. El Sal-lim, uno de los dulces más típicos de la década de los noventa, es literalmente sal con limón en un paquetito de plástico. Uno pensaría que se necesita un poco más de producción para garantizar el éxito de un producto. Pues te cuento que los Brinquitos, los Dragoncitos, el Tico, el Chi-lim y el Miguelito opinan lo contrario.

 

6. Fruta cristalizada

 

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Foto: @beanervegan
 

Azucarar la fruta como método de conserva es una práctica casi universal y aunque en muchas dulcerías mexicanas encontrarás las típicas mermeladas y otros dulces basados en fruta azucarada como los ates, el elemento más extraño —pero que siempre está presente— es la fruta cristalizada. El proceso de preparación incluye la adición de cal viva —sí, como en la nixtamalización de las tortillas— y hervir la fruta en agua con azúcar en repetidas ocasiones, lo que termina por darle esa apariencia cristalina.

Las frutas cristalizadas van de los típicos higos, piñas y calabazas, hasta experimentos más aventurados con nopales, chiles, zanahorias y chilacayotes. Para probar las frutas cristalizadas más extrañas, vayan a Santa Cruz Acalpixca en Xochimilco. Cada julio organizan una feria en la que se dan a la tarea de cristalizar todo lo que pueden.

 

7. Ese sabor de helado

 

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Foto: @raffikgv
 

Muchas heladerías del mundo presumen de tener sabores e ingredientes inusuales en sus helados, pero en México nos volamos la barda. Aquí los sabores extraños están más democratizados y no es necesario ir a un restaurante de autor para encontrarlos. Claro que la nieve de limón y el helado de vainilla son omnipresentes, pero no es difícil encontrar opciones que suenan más a reto que a disfrute, como el helado de chicharrón, el de mole, el de chile o el de VapoRub. Atlixco en Puebla y Dolores Hidalgo en Guanajuato son dos ciudades famosas por tener algunos de los sabores de helado más ingeniosos de México.

 

8. El limón con coco

 

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Foto: @webelongvegan
 

¿Qué sucede cuando juntas uno de los dulces más tradicionales de Latinoamérica con la obsesión de los mexicanos por el limón? El limón con coco es una de las formas más comunes en las que podemos encontrar a las cocadas —uno de mis dulces favoritos— en el centro de México. Tal vez el hecho de que el coco se encuentre envuelto en lo que parecería ser un limón entero saque de onda a quien nunca ha probado este dulce, pero la cáscara de limón está totalmente cristalizada, con lo que pierde todo el sabor amargo. A veces el limón pareciera estar fresco, pero esto es resultado de hervir las cáscaras en agua con bicarbonato de sodio, con lo que mantienen su verdor original.

 

9. Todo lo que lleva chile

 

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Foto: @mexicrate
 

Desde los tarugos hasta el Pulparindo se extiende el dominio de uno de los géneros de dulces más socorridos por los mexicanos: el tamarindo con chile y azúcar. En esta categoría se reparten los dulces favoritos de muchos, tan variados en sabor como en presentación, pero no todo lo que pica en México tiene tamarindo. Aquí la variedad de dulces enchilados tiende al infinito: están esas paletas de sandía que nos dejaron a todos a un paso de la gastritis, las chamoyadas que en alguna ocasión nos han llevado mucho más allá de la misma, la famosa Rockaleta, las frutas deshidratadas cubiertas de chilito y las frutas frescas con chamoy, el propio chamoy, los Tamborines, la paradójicamente refrescante jicaleta… la imaginación y el aguante de tu estómago son los únicos límites.