En toda sociedad, entre mayor es el refinamiento de la élite, más exóticos son sus gustos, desde sus residencias y su vestimenta hasta su comida y los lujos de los que gozan. Cuando Hernán Cortés entró a Tenochtitlan, los recién llegados españoles enloquecieron con el sabor de la piña, del cacao, del tabaco y de la vainilla, y de los diversos platillos que las cocineras de Moctecuhzoma sabían preparar con todo tipo de aves, peces, venados, liebres, raíces, semillas, flores, insectos y un sinfín de ingredientes.

De entre tantos manjares hay uno que destacaba: los escamoles, que no son otra cosa sino la hueva de la hormiga, y que por su delicioso sabor ha recibido el nombre de “caviar mexicano”.

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La recolección es muy compleja, y solo se realiza de abril a mayo, en los estados de Tlaxcala e Hidalgo, algunas zonas del Estado de México y Querétaro. Quien desea conseguirlas, debe seguir el rastro de las hormigas que se ubican entre los magueyes, nopaleras, árboles de pirul o mezquite.

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Una vez que se ha detectado el hormiguero, se tiene que cavar en uno de los extremos un hoyo con una profundidad de unos tres metros. Acto seguido y con mucha rapidez, el recolector debe retirar los huevos, pero sabiendo que corre el riesgo de sufrir dolorosas picaduras, pues las hormigas no van a permitir que alguien simplemente destruya su hogar…. El resultado, sin embargo, vale la pena.

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El sabor de este producto es muy exotico y delicado, por lo cual no necesita de muchos ingredientes para poder disfrutarse: basta con un poco de mantequilla, epazote y cebolla para tener un plato con gran sabor. Tienes que saber que además de delicioso es nutritivo pues contiene cuatro veces más proteínas que la carne.

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Su precio va desde los $200 pesos por cien gramos, hasta dos mil pesos por un kilo. El precio aumenta año con año, pero es un lujo que todo mexicano debe darse al menos una vez en su vida.

Crédito: isidro2007