Lo que sigue es un resumen del libro “Los europeos ante una estética olfativa indoamericana”, de Josué Sánchez (The Westminster Schools, Atlanta), que describe muy bien las prácticas higiénicas de las poblaciones nativas, en contraste con las traídas por los europeos.

1.

“La invasión de América se vio cubierta de unos raros seres pálidos y barbudos a caballo, asombrando grandemente a los indoamericanos (…) Entre las novedades de los invasores caras pálidas, notaron sus cuerpos cabelludos, sus armas de fuego, su armadura, sus caballos y sus perros (..) Al acercarse aún más a ellos percibieron ciertos olores desconocidos que solo contribuyeron al misterio de los recién llegados”.

2.

El choque de olores fue un problema para los americanos, porque tuvieron que soportar en silencio una fealdad olfativa nada agradable para ellos. Por ejemplo, cuando uno de los clérigos de la Compañía de Jesús llegó a México, “no trajo otro vestido de remuda más del que traía vestido y, para conservar su pobre sotana, la vistió al revés…y sirvió así más de un año…”.

3.

El americano amaba la naturaleza y el baño diario. Para el europeo, la situación parecía ser un tanto diferente, ya que notaron con sorpresa extrema que los indoamericanos “se limpiaban demasiado”. En el sur de México, por ejemplo, los cronistas relatan que los pobladores nativos “se bañaban mucho” y que “eran amigos de buenos olores, por lo que usaban ramilletes de flores y yerbas olorosas… y usaban cierto ladrillo como de jabón con el que se untaban los pechos, los brazos y la espalda”.

4.

Los indoamericanos se lavaban las manos y la boca después de comer, costumbre que asombró enormemente a los recién llegados. No era sólo el baño en sí lo que resaltaba, sino el buscar activamente oler bien, lavándose la boca después de comer y limpiándose las manos del roce de la comida que tocaban, ya que no usaban utensilios para comer.

5.

La marcada observación de estos europeos sobre el baño de los americanos parece indicar un contraste de costumbres. Las premisas estéticas parecían contraponerse: La ética europea parecía ser de cubrirse, aunque olieran mal y, para los indoamericanos, era estar limpios y oler bien, aunque desnudos. Resaltando su desnudez y limpieza, Vespucio registró que “no tienen nada defectuoso en sus cuerpos, hermosos y limpios…”.

6.

Por otro lado, la versión de los extranjeros sobre la higiene personal era un poco más difícil de defender. No puede ignorarse el hecho de que los extranjeros después de tanto viajar, matar gente y quemar pueblos no desarrollaron costumbre de estar limpios y bien olorosos como lo hacían los indoamericanos estando en casa, ni de lavarse las manos y la boca. Después de todo, la mayoría no venía a impresionar a nadie ni eran cortesanos tampoco, sino gente ordinaria. El olor no parecía ser un factor importante para los europeos, cuando consideramos que en su papel de invasores eran ellos los que imponían las reglas.

7.

El problema con este cambio cultural era que muchos indoamericanos tuvieron que abandonar el baño diario donde había lagos y ríos en un intento de mímesis a sus nuevos amos, o “por disposición real” de la misma Reina Isabel, quien ordenó que los indoamericanos “no deberán bañarse con tanta frecuencia como hasta aquí lo han hecho porque, según nuestros informes, les causa mucho daño”.