La noche de Samaín, el paso de la mitad clara a la mitad oscura del año y el momento en el que los mundos de los vivos y los muertos se mezclan, pide ser pasada en un lugar que ayude a que dejemos todo nuestro cinismo de lado y nos haga dudar, al menos un momento, si todas esas leyendas no serán ciertas. Nada como un lugar abandonado para hacer esto.

En Galicia tenemos unos cuantos. Por supuesto, vete con cuidado y precaución. Lo peligroso aquí no son los fantasmas, sino los derrumbamientos, las escaleras en mal estado y los hierros oxidados.

1. Sanatorio de Cesuras (Oza-Cesuras, A Coruña)


Hay pocos sitios que inspiren tanto los lados más terroríficos de nuestra imaginación como los sanatorios abandonados. Los imaginamos llenos de los fantasmas de los enfermos que murieron ahí en una época en la que no está claro si la medicina ayudaba a la salud o a la enfermedad, con espíritus de gente ingresada con problemas de salud mental, con las almas de los médicos sádicos (en un sanatorio de terror es la única opción) riéndose por las esquinas…

Cualquier fantasma que vague por los pasillos del sanatorio de Cesuras, no obstante, se mudó allí ya en estado gaseoso (?), porque este sanatorio no llegó nunca a abrir. Su construcción empezó en 1927 y la idea era que fuese para enfermos de tuberculosis, que se beneficiarían también del entorno natural, el parque del sanatorio. Pero las obras pararon en 1931, no se sabe por qué, y desde entonces el edificio modernista permanece vacío y tomado por la vegetación.

2. Santuario de Fátima (Chantada, Lugo)


La historia de este santuario es tan fascinante y curiosa que sigue dando titulares de vez en cuando. En agosto del año pasado, de hecho, una misteriosa organización llamada Colectivo España Unida (CEU) repartió por Chantada unos panfletos en los que proponía el santuario abandonado como lugar en el que enterrar los restos de Franco tras su exhumación (sabemos ya que no tuvo éxito). La idea incluía también llevar hasta allí la gran cruz del Valle de los Caídos.

No es casual. Una de las cosas que se dicen de Emilio Eyré Lamas, el párroco que impulsó la construcción de este santuario dedicado a Fátima (único en España durante el franquismo) en 1944, es que era cercano a la familia Franco (los Eyré lo niegan). Eso a pesar de ser también monárquico y amigo de Juan de Borbón. ¡Y de haber trabajado para la CIA! La idea del santuario la tuvo tras vivir en Lisboa y conocer el culto a Fátima, y consiguió construirlo a base de subvenciones y donaciones privadas. Hubo alguna celebración religiosa allí y el propio párroco está enterrado en el templo, pero está abandonado desde hace años. Como lo está el edificio que se construyó al lado en los años 70 y que iba a ser una residencia para personas con discapacidad pero que se paró cuando murió Franco.

3. Casa da Peste (Cerdedo-Cotobade, Pontevedra)


Aquí ya tenemos leyendas con fantasmas de verdad y no solo imaginados. Una de las casas de la aldea de A Godela, abandonada casi por completo, encierra una leyenda bastante negra. Según parece, era donde se recluía a las personas contagiadas por la bacteria Yersinia Pestis, causante de la peste. Construida, según su dintel, en 1721, tiene bastante sentido, pues fue en la primera mitad del siglo XVIII cuando la peste hizo estragos en Galicia.

Hoy la casa destaca por su historia, pero pocas cosas la diferencian de las otras construcciones de piedra, posiblemente también del XVIII, que la rodean y que también han sido tomadas por la maleza. Aquí sí vivió y murió gente, así que si escuchas algún murmullo en tu visita de Samaín los escalofríos están justificados.

4. Antigua central hidroeléctrica de Salto de Ventureira (A Capela, A Coruña)

En plenas fragas do Eume, en 1903 se empezó a construir esta central hidroeléctrica, que funcionó durante unos 50 años. En 1959 empezó a funcionar la nueva central (todavía en marcha y a la que vale la pena acercarse) y la de A Ventureira, que además se había quedado sin caudal a causa de la construcción del embalse del Eume. Si consigues asomarte a su interior, quizá veas las dos turbinas Voith que aún están ahí, y que hace décadas que no se fabrican.

Si el tema construcción industrial abandonada no te da miedo, recuerda que estás en un bosque mágico, que según la leyenda el río Eume se llevó a un hombre cada año desde sus principios hasta que se construyó el embalse, que si hay un sitio en el que vas a encontrar meigas, trasgos y todo tipo de espíritus es este. ¿Es ya más digno de Samaín?

5. Casa Bailly (Cambre, A Coruña)


En la Lista Roja del Patrimonio por el mal estado en el que se encuentra, la casa Bailly fue en su momento un ejemplo de esplendor modernista. Construida entre 1920 y1924, la idea inicial era que fuese un hotel, pero al final se quedó como casa de veraneo de la familia Bailly. Eran republicanos, por lo que la vivienda fue incautada durante la guerra y quedó en manos falangistas. Fue cárcel durante la guerra, escuela de mandos del Movimiento y, desde 1951, usada por el Sindicato Vertical. Tuvo más usos hasta que fue abandonada por completo en los 80.

Desde entonces, ha sufrido varios incendios y es lugar habitual de okupas. Su nivel de protección es el más bajo. Como lugar abandonado en el que pasar un poco de miedo, eso sí, funciona a la perfección. Cómo no ver fantasmas tras esa historia tan negra.